Por: Darian Monroy
Mentoría: Thelma Gómez Durán

Al comenzar la carrera de derecho, se repite una misma promesa: la justicia es el horizonte y la profesión, un camino de dignidad. Pero lo que muchos jóvenes encuentran cuando pisan un despacho, una notaría o un tribunal está muy alejado de eso.

Los testimonios son numerosos. Estudiantes y recién egresados narran cómo su primer empleo, el lugar donde buscan adquirir experiencia laboral, se convierte en una historia de terror: humillaciones recurrentes, exigencias de realizar tareas que corresponden a un abogado titulado, la amenaza constante de que son reemplazables, jornadas extenuantes sin contar con un contrato ni sueldo digno.

Hay una frase que se repite: “Aquí se paga con experiencia”.

En México, la explotación laboral en el ámbito jurídico —y en muchas otras profesiones— se ha normalizado bajo esa lógica: la idea de que “hay que empezar desde abajo” y que soportar abusos es la única forma de aprender.

Esa explotación no sólo ignora derechos laborales básicos, también deja consecuencias en la salud física, mental y en el rendimiento de quienes, paradójicamente, estudian para defender la ley.

En este reportaje sonoro, estudiantes y abogados cuentan cómo el entusiasmo con el que llegaron a su primer trabajo se fue transformando en miedo, cansancio y desgaste.

Con un libro de derecho y una lata de una bebida energizante, esta pasante se prepara para otra jornada. Foto: Darian Monroy

Varias de las personas entrevistadas revelan que la explotación laboral los llevó a tener crisis de ansiedad, insomnio o ataques de pánico. Otras más resaltan que hicieron a un lado sus obligaciones escolares para cumplir con las exigencias laborales.

¿Por qué en el mundo jurídico se ha normalizado la explotación laboral de los estudiantes o recién egresados de la carrera de derecho? ¿Por qué se piensa que ese es el camino para abrirse paso en el mundo profesional? 

Te invitamos a escuchar este trabajo sonoro en donde, a través de testimonios de estudiantes y abogados, se explora cómo el maltrato no forja mejores profesionales. Todo lo contrario, la explotación laboral produce abogadas y abogados con heridas, inseguridades y desgaste aún antes de iniciar su vida profesional.