Por: Maritza Hernández
Mentoría: Zorayda Gallegos

Entre el fino aserrín y las herramientas de metal se construye un taller de carpintería como proyecto de resistencia. En un entorno históricamente masculinizado, mujeres de distintas edades e identidades disidentes aprenden carpintería y afianzan la confianza en sí mismas.

Carpintería para Morrix es un proyecto que busca formar desde la colectividad y brindar herramientas que fortalezcan la autonomía y la seguridad mediante el aprendizaje de la carpintería.

“El objetivo es dar talleres a mujeres y disidencias para (…) el uso de las herramientas de construcción que generen confianza en sí mismas, independencia económica, seguridad. Y que puedan haber más mujeres, chicas, chiques referentes en el uso de herramientas y no solo haya, en el imaginario, hombres a un lado de una herramienta”, explica Renard Rivera, de 32 años, fundadora del proyecto.

Este tercer sábado de agosto Renard ha reunido a seis chicas para impartir un taller de carpintería. En una mesa se observan taladros, lentes, guantes, tornillos y reglas de metal. La joven va tomando cada uno de ellos para explicar al grupo cómo usarlos y así evitar accidentes.

Una de las asistentes, Brenda, observa atenta. La joven de 26 años recuerda que en su secundaria había talleres de carpintería, pero solo eran para los niños. A las niñas las mandaban a clases de cocina.

“No quería quedarme con la duda y aquí es un espacio en donde todas venimos a aprender y tal vez con las mismas incertidumbres o miedos”, dice mientras sostiene un taladro para construir una repisa de madera.

Mesa con distintas herramientas junto con un fanzine de Carpintería para Morrix (foto: Maritza Hernández)

Taller de carpintería: Una herramienta para la autonomía

Renard cuenta que aprendió el oficio de la carpintería durante la pandemia en un santuario de animales en Amecameca, Estado de México. En ese lugar comenzó arreglando cosas sin tener experiencia. Al principio el uso de las herramientas fue difícil, pero el apoyo y la motivación de sus amigas fue clave: le enseñaron lo básico y le regalaron un kit de herramientas.

Carpintería para morrix nació finalmente en 2021, cuando ella ya tenía más experiencia en el uso de herramientas y práctica en la construcción con madera. Entonces organizó el primer taller en Amecameca dirigido a sus amigas. Su motivación fue compartir con otras personas lo que había aprendido.  “Yo quería que otras amigas tuvieran la misma experiencia chida (…) de aprender algo nuevo que tiene muchas limitantes respecto a tu género, como un cuerpo feminizado”, relata.

Rivera señala que la carpintería, como muchos otros oficios, está atravesada por el género e incluso el simple uso de herramientas se asocia a lo masculino:

“Los oficios de construcción son masculinizados”, añade.

Además de brindar independencia económica, aprender carpintería también permite resolver necesidades cotidianas en sus hogares. “Saber usar herramientas (…) que te puede ayudar a resolver problemas muy básicos, que en vez de que permitas entrar a un hombre a tu casa, un desconocido que por lo general genera desconfianza, más si son mujeres que viven solas. Pues que ellas mismas lo puedan hacer”, explica Renard.

“Aquí es un espacio en donde todas venimos a aprender y tal vez con las mismas incertidumbres o miedos”, dice Brenda participante en el taller.

Este oficio ha llevado a Renard a impartir talleres en distintos lugares de la república. En 2024, dio un taller en Santa María la Ribera, en Ciudad de México, en Casa Gallina un espacio comunitario que prioriza el cuidado de mujeres de la tercera edad. En ese taller había, entre las mujeres, dos problemas: el miedo y la edad, ya que ellas “nunca se imaginaron poder usar herramientas”, relata.

También menciona su colaboración con el proyecto “Las panas” enfocado a “diversas problemáticas de violencia”. Y, cuatro talleres a infantes y adolescentes de entre 6 y 17 años de edad.

Sin mansplaning y con sororidad

Maichihua Chicahualiztli, de 38 años, participó en 2024 en un taller en donde construyó un deshidratador. En un momento pensó en darse por vencida, pero el apoyo de las demás participantes la motivó y le brindó confianza. Así, con la compañía de otras mujeres y disidencias, ella disfrutó el ambiente que se generó durante la actividad.

Mai, como también prefiere que le llamen, ha notado la diferencia entre los talleres en donde solo asisten en su mayoría hombres y en los que solo hay mujeres “Yo trabajo luego en otras colectividades en las que sí hay hombres cis y hetero y pues sí se siente distinto como la participación y el protagonismo”, señala.

Elle menciona que se ha enfrentado a un fenómeno que muchas mujeres reconocen: el mansplaining, una palabra en inglés que combina “man” (hombre) y “explaining” (explicar) y que describe la actitud condescendiente de algunos hombres al explicar algo a las mujeres, asumiendo que ellas no saben o entienden. Incluso cuando ellas ni siquiera han pedido explicaciones o tienen más conocimiento del tema.

Maichihua cuenta que en los espacios de carpintería en los que ha estado con hombres siempre ocurre una situación de este tipo.  “Asumen que no sé, asumen que no les entiendo lo que me están diciendo o el clásico de que asumen que me pueden cobrar más”.

Otra participante es Paola Martínez, de 26 años, quien también se ha enfrentado a esta “condescendencia” cuando comparte un espacio con hombres. “Aunque anteriormente le había pedido ayuda a mi amigos o amistades que sabía que lo sabían hacer, pues siempre lo sentí desde una condescendencia, ¿no? O como desde un lugar muy vertical o jerárquico, desde el yo sé y tú no”, señala.

Por eso, agrega, para ella el taller de Carpintería para morrix fue un gran descubrimiento. Un lugar distinto a lo que había experimentado antes.

“Y que puedan haber más mujeres, chicas, chiques referentes en el uso de herramientas y no solo haya, en el imaginario, hombres a un lado de una herramienta”, señala Renard.

“Y darme cuenta que a diferencia de otro tipo de espacios que son muy masculinizantes o masculinizados, este taller pues no genera ni busca generar ningún tipo de competencia, sino más bien apoyo mutuo”, expresa Paola.

Según datos oficiales de Data México, en el tercer trimestre de 2024, el 96.2% de quienes ejercer como carpinteros, ebanistas y cepilladores son hombres, mientras que solo el 3.77% son mujeres.