Culiacán, Sinaloa.- Desde la desaparición de su hijo Reyes Yosimar García Cruz, María Isabel Cruz Bernal ha atesorado y guardado varias pertenencias y recuerdos del joven, mismos que expuso en un memorial el pasado 26 de enero frente a la Catedral de Culiacán. Entre las cosas, hay un par de zapatos color café, de aspecto viejo y gastado, con las puntas dañadas y una suela que pareciera necesitar solo algunos usos más para desprenderse.
Estos zapatos son especiales para Cruz Bernal, ya que con ellos dio sus primeros pasos como buscadora de personas desaparecidas, un camino que ha transitado desde hace más de nueve años en la búsqueda de su hijo.
EL NACIMIENTO DE UNA BUSCADORA
Reyes Yosimar García Cruz, elemento de la Policía Municipal de Culiacán, fue sacado a la fuerza de su domicilio por sujetos armados durante la tarde del 26 de enero de 2017. El hecho ocurrió días después del secuestro de dos compañeros de la Policía Municipal, quienes junto a Yosimar habían trabajado en un operativo de rescate a un grupo militar.
Con el tiempo, el hallazgo de los cuerpos de los policías desaparecidos sobresalió en los medios locales; sin embargo, las notas no tardaron en ser dadas de baja de las plataformas, reemplazadas por la declaración del procurador de justicia de aquel entonces, Marco Antonio Higuera Gómez, quien afirmaba que no se trataba de los oficiales, sino de indigentes.
La buscadora dice que no tuvo acceso a identificar los cuerpos ni a verificar, con sus propios ojos, que no se tratara del cuerpo de su hijo. Yosimar seguía desaparecido.
Aunque necesitaba respuestas, la reacción de Isabel, en un principio, no fue tomar una pala y salir al campo a buscar a su hijo. Se sumergió en la tristeza y en su dolor. Tenía miedo. Miedo de encontrar a su hijo sin vida.
“Cuando te desaparecen a tu hijo, a tu familiar más querido, quieres encontrarlo de todas las maneras menos en una fosa clandestina, menos muerto.
Me costó mucho trabajo, me costó mucho trabajo asistir la primera vez, porque yo me rehusaba y decía: ‘No, yo no quiero buscar a mi hijo así, yo no y no y no’. Sin embargo, llega el momento en que tienes que hacerlo”, declaró Isabel.
No fue sino hasta el mes de agosto, ocho meses después de la desaparición del joven, que decidió aceptar acompañar a una colectiva de búsqueda a campo. Su primera búsqueda fue en la localidad de El Chicural, en el municipio de El Fuerte. Esta primera experiencia fue dura para la buscadora, al punto de sentir escalofríos al narrarla, ya que fue positiva: cinco cuerpos calcinados.
María Isabel sintió el estómago apretarse y revolverse; náuseas por lo inhumano de la escena, tanto, que terminó por provocarle el vómito. Los cuerpos eran levantados como lodo, recuerda, una imagen que le quedó tan grabada en la mente como el olor a muerte impregnado en la piel, un olor que, a lo largo de nueve años, no ha logrado encontrar palabras para describirlo.
“En esa búsqueda lo que me marcó fue la dignidad de las personas, cómo las trataban. O sea, a mí no me hubiera gustado que a mi hijo lo hubieran encontrado así, que lo hubieran levantado con una pala como si fuera lodo, como si fuera basura. Eso sí me marcó. Fue la primera búsqueda, una búsqueda positiva”, recuerda.
De esa primera búsqueda nació la buscadora y, con ella, el colectivo Sabuesos Guerreras, ya que Bernal no se sintió cómoda con la manera en que se trataban los cuerpos ni con la organización de las búsquedas. Sabuesos inició con cuatro madres, la mayoría sin experiencia previa en campo. En un principio, Bernal no tenía el mando del colectivo, sino que fue elegida por las demás integrantes.
APRENDER A LLEVAR EL DOLOR, ACOMPAÑANDO EL DOLOR DE OTRAS
Isabel define el trabajo de liderar un colectivo de búsqueda como cansado y pesado. Contener el dolor de otras mientras cargaba el propio fue un ejercicio que le tomó tiempo aprender.
Durante los primeros años de Sabuesos, recuerda llorar cada vez que un nuevo caso tocaba la puerta. Un nuevo caso, llorar; otro acompañamiento, llorar de nuevo. Una dinámica que poco a poco la fue debilitando. En su intento por tomar las riendas de sus emociones, Isabel aprendió a contenerse y a llevar cada caso con mayor entereza.
“Me debilitaba, me desgastaba, y dije: ‘No, tengo que aprender a hacer contención de mí misma y empezar a manejar mis emociones, principalmente’. Y fue lo que hice. Un día me dijeron: ‘Isabel, ¿por qué eres tan fría?’”.
EL MEMORIAL PARA NUNCA OLVIDAR
Hoy, María Isabel Cruz Bernal tiene nueve años de trayectoria, acumulando año con año anécdotas: ser sacadas a balazos de zonas donde han localizado cuerpos, presenciar escenarios y condiciones inhumanas en las que han encontrado restos humanos.
Con todas esas vivencias durante la búsqueda de Yosimar, las madres buscadoras del colectivo Sabuesos Guerreras, encabezadas por Isabel, realizaron el memorial. Una exposición de más de 20 fotografías que narran, en orden cronológico, el inicio y el transitar de Cruz Bernal en la búsqueda de personas.
El objetivo del memorial fue conmemorar el aniversario de la desaparición de Yosimar, así como enviar un mensaje a la sociedad sobre la situación de la desaparición forzada en Sinaloa. Además, Isabel dejó un mensaje personal dirigido a sí misma, acerca de la necesidad de reencontrarse consigo misma.
“Me enfoqué tanto en que era una necesidad hacer, estar, ir, querer encontrar, que llegó el momento en que toqué fondo y dije: ‘No, para’. Por eso ahora, con esta guerra, he mantenido esa idea de que tienen que encontrarlos, que los están tirando, que alguien los va a ver y va a avisar a la policía… y es lo que está pasando.
Mi mensaje con este memorial es que me encuentre y que me aleje un poquito cuando tenga que descansar, para poder hacerlo, y que voltee a ver a quienes tengo al lado, porque también me necesitan”.

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