Sinaloa se sucumbe aún en la tragedia. El miércoles 4 de marzo se confirmó la identificación de dos trabajadores más de la minera canadiense Viszla Silver. Se suman a los otros cinco trabajadores que ya habían sido reconocidos por sus familiares un par de semanas atrás.

“Tu pecado fue ser honesto y trabajar por tu familia querido, primo, pero quienes somos de fe sabemos que esto no quedará impune y que quien te hizo eso pronto estará pagando con creces su felonía. Descansa en paz, querido primo”, dijo el señor Roque Vargas, primo de Javier Guillermo Vargas Valle, hombre de 40 años, originario de Concordia, Sinaloa.

Javier Guillermo fue localizado en una de las fosas clandestinas que se hallaron en El Verde, un pueblo apenas a 45 kilómetros del Puerto de Mazatlán.

En ese sitio se ha convertido en el foco principal del horror en medio de una batalla entre dos organizaciones del cártel de Sinaloa, las cuales pelean por el control territorial.

La historia de la muerte de Javier Guillermo inició el 23 de febrero, cuando fue plagiado junto con otros nueve compañeros mineros. Se trata de José Ángel Hernández Vélez, de 38 años de edad; Francisco Antonio Esparza Yáñez, de 65 años; José Manuel Castañeda Hernández, de 35 años; Saúl Alberto Ochoa Pérez, de 35 años; Antonio de la O Valdez, de 30 años; Ignacio Aurelio Salazar Flores, de 37 años; José Antonio Jiménez Nevárez, de 32 años de edad; Javier Emilio Valdez Valenzuela, de 40 años; y Miguel Tapia Rayón, de 40 años.

Javier Guillermo era guardia de seguridad en el fraccionamiento La Clementina, que servía como campamento de la empresa para sus trabajadores. Su encargo era cuidar que los ingenieros estuvieran a salvo, pero sus herramientas fueron endebles ante los hombres armados que llegaron e irrumpieron el sitio para llevárselo junto a sus compañeros.

De acuerdo con la Fiscalía General de Sinaloa, de los 10 trabajadores, dos de ellos eran sinaloenses. Son quienes fueron identificados en esta ronda.

El caso completo está a cargo de la Fiscalía General de la República, que lo ha clasificado como un hecho originado por crimen organizado. Ese expediente incluye la desaparición, el asesinato de los hombres y su entierro en fosas clandestinas.

Encontrar a los trabajadores se hizo un operativo inédito, con más de mil militares, algunos de fuerzas especiales que batieron pueblos y comunidades como Pánuco, y Copala, que habían sido abandonadas por familias que huyeron de las balaceras y ataques con drones que arrojaron bombas desde el cielo. El resultado fue la detención de cuatro muchachos, quienes, según el relato de las autoridades, admitieron haber participado en la desaparición de los mineros.

En esa historia, los muchachos habrían dicho que se trató de una confusión, que pensaron que se trataba de miembros del bando contrario y que los mataron como un mensaje directo. La versión ha sido rebatida por los mismos pobladores de comunidades de Concordia, pues esa confusión ocurrió en un lugar en el que sobran logotipos de la empresa canadiense Vizsla Silver.

Días más tarde se localizaron fosas clandestinas en El Verde, a unos 15 kilómetros del fraccionamiento de donde fueron sacados los 10 hombres. Además, han sacado al menos otras cinco personas con rasgos de haber sido enterrados mucho tiempo atrás. De estos últimos no hay certeza de que sean trabajadores de la mina, sino otras víctimas de grupos criminales en Concordia y Mazatlán.

Más información sobre desaparición de mineros en Concordia: