Texto y foto: Adrián Montiel. Fecha: 2 de marzo, 2026
Ciudad Guzmán, Jalisco.- Como cada domingo, el 22 de febrero, la profesora universitaria avecindada en Zapotlán El Grande, dejó a un lado el celular. Todos los fines de semana lo dedica al descanso.
La ola de noticias de la jornada violenta no la había perturbado. Pero la curiosidad le hizo encender el teléfono.
“Yo me enteré casi a medio día, no tomé el celular hasta como a las 11:30 de la mañana. Se escuchaban muchas ambulancias, yo pensé que había ocurrido algún accidente o que sería la sirena de los bomberos dado que ha habido incendios en la laguna”.
Poco después, cuenta la profesora, recibió llamadas de personas conocidas que le pedían que no saliera.
“Había visto las noticias y, al ver mi celular, ya tenía varios mensajes de amistades, audios y videos que me fueron sacando de onda. Audios que tenían contenido que incitaba a la crisis colectiva. Poco a poco me fue cayendo el veinte”.
La profesora tiene una hija: no quería caer en la desesperación y transmitírsela.
“A las tres de la tarde yo me sentía ya saturada y muy estresada, preocupada por mi familia que está en varios pueblos de la región. Y en mis amistades que estaban en la zona de conflicto. También en mis alumnas y alumnos de la Universidad, la mayoría provienen de otros municipios. Tuve que decidir poner límites al bombardeo de información”.
Ante el exceso de información decidió ver actualizaciones cada dos horas. También se comunicó con sus estudiantes para ofrecer contención emocional. Ella es psicóloga.
Contener a la comunidad
“En la noche me di cuenta que esto podría prolongarse varios días: no tenía mucha despensa. Y empecé a pensar en estrategias para racionar lo que se tenía en casa”.
Así transcurrió el día, se mantuvo tranquila en la medida de lo posible, atenta e informada para contener emocionalmente a su familia.
“Mi hija me preguntaba qué pasaba, por qué no salíamos, decidí no darle mayor información, si yo como adulta me costaba trabajo asimilarlo, no quería que ella tuviera ese peso”.
Ante la insistencia de su hija y para aminorar la incertidumbre, le conté que pasaban situaciones que ponen en riesgo nuestra seguridad. Y no ya no le preguntó.
En martes, cuando la UdeG decidió el regreso a clases virtuales, la profesora ayudó a los estudiantes más allá de lo académico.
“Hoy estuve haciendo contención con mis alumnos y alumnas: están muy asustados. Me dicen que sienten que no tienen cabeza para hacer actividades escolares porque en algunas comunidades quedaron imposibilitados de salir. En otras se va la luz y la red”.
Con los que pudo conectarse platicó sobre cómo se sentían o si necesitaban algo y derivarlos a los espacios que dispuso la Universidad.
El privilegio de estar en casa
Para la profesora hay en las ciudades espacios muy vulnerables donde, estar en casa implica cuestiones como la alimentación, salud física y mental, y la seguridad.
“Todos estos días tuve presente cómo estás situaciones ponen de manifiesto la desigualdad, no todas, pero donde no todos podemos resguardarnos: estar en casa seguros es un privilegio”.
Este trabajo fue realizado por PERIMETRAL, que forma parte la Comunidad de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí


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