Mazatlán, Sinaloa.- Desde hace algunos meses, la Privada Internacional, en la Colonia Palos Prietos de Mazatlán, comienza a oscurecerse más temprano de lo habitual.

Es apenas un callejón de cuatro cuadras de largo. Angosto, apretado, casi íntimo. Nace en la avenida avenida Ejército Mexicano y termina, como si se quedara sin aire, a espaldas de una mole de concreto en construcción allá en el Malecón, sobre Cruz Lizárraga.

Ahí en la primera franja de playa se levanta un edificio que ya supera las diez plantas y que cada día proyecta una sombra más larga sobre la calle. El concreto crece piso tras piso y con él cambia la luz del lugar.

Donde antes el sol se despedía lentamente, ahora se oculta antes de tiempo.

 

Cientos de trabajadores suben y bajan andamios durante la jornada. Albañiles, ingenieros, peones, soldadores. El ruido de las máquinas y el eco de los martillos forman parte del nuevo paisaje.

“Ya no vemos caer el sol”, dice Daniel Briones, vecino del sector, mientras señala hacia el edificio en construcción. “Nos lo tapa el edificio”.

“Estamos hartos de tanto ruido”, asegura Olivia, que trabaja en una casa que habilitada para una organización ambientalista.

BOOM

 

El boom inmobiliario ya le ha cambiado la cara a Palos Prietos. El sector se mueve entre dos tiempos: el de la memoria y el del desarrollo vertical. Entre la nostalgia de quienes crecieron aquí y la modernidad que llega en forma de torres, grúas y departamentos.

Es una de las colonias más antiguas de la ciudad. Su nombre viene de los palos oscuros de mangle que dominaban la zona cuando esta parte de Mazatlán era apenas marisma, antes de que el puerto creciera hacia el norte o el sur.

Hoy caminar por sus calles obliga a mirar hacia arriba. Una torre aquí. Otra más allá. A veces dos en la misma cuadra.

También abundan los anuncios clavados en portones o colgados de balcones: “Se vende esta casa”, “Informes aquí”.

Los agentes inmobiliarios llaman a esta franja la segunda línea de playa: la que corre desde el Malecón hacia la avenida Ejército Mexicano. Una zona estratégica que, con el paso del tiempo, se volvió altamente atractiva para inversionistas.

“Es una zona de mucha demanda. Ahí se están haciendo bastantes desarrollos verticales. Es la segunda franja de playa. En esa zona (junto al sector Tellerías y Reforma) hay más de 200 espacios disponibles para desarrollar. Hay bastantes casas que ya están a la venta. ¿Por qué? Porque es la tendencia natural”, asegura Luciano Carrasco Altamirano, presidente de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios en Mazatlán.

 

La ubicación explica buena parte del interés. Palos Prietos está justo entre el Centro Histórico, el malecón y la Zona Dorada, tres de los puntos más buscados por visitantes e inversionistas.

El resultado es visible: torres de departamentos que crecen, condominios de renta vacacional y casas que poco a poco cambian de dueño.

“Ahí hace 20 años vivían familias grandes, ahorita esas familias grandes ya emigraron. Entonces esas casas ya les quedan grandes a las personas que viven ahí”.

TIENE UN NOMBRE

 

Para la regidora Maribel Chollet Morán, coordinadora de la Comisión de Igualdad, Género y Familia del Cabildo, el fenómeno tiene un nombre claro.

“Eso se llama gentrificación. Y cuando la gentrificación no se regula expulsa silenciosamente a quienes han hecho la ciudad durante décadas”.

De acuerdo con la edil, varios sectores tradicionales de Mazatlán están atravesando un proceso de transformación acelerada. Colonias históricas y fraccionamientos antiguos comienzan a convertirse en corredores de edificios y complejos de renta vacacional.

Las casas que antes estaban habitadas por familias ahora se convierten en inmuebles que permanecen vacíos la mayor parte de la semana y se llenan solo cuando llegan turistas por unos días.

“Eran casas donde antes vivían familias. El derecho a la ciudad implica que el desarrollo urbano no puede estar diseñado solo para el mercado sino para las personas. Implica que el suelo, la vivienda y los servicios públicos cumplan una función social”.

LUZ

 

Mientras tanto, en la Privada Internacional la tarde sigue llegando antes de lo que solía. Cuando el ruido de la construcción baja y los trabajadores se retiran, la calle recupera por un momento su calma. La sombra del nuevo edificio avanza lentamente sobre el asfalto, cubre puertas, banquetas y ventanas. Algunos vecinos se acostumbran al cambio, otros lo miran con resignación. En Palos Prietos, como en muchas partes de Mazatlán, el desarrollo avanza piso por piso, y con cada nueva torre la ciudad se debate entre lo que fue y lo que está por convertirse.