Antes de convertirse en una de las bebidas más reconocibles de Sinaloa, Tonicol tuvo su origen en una historia de trabajo, disciplina y visión empresarial forjada en Rosario.

Detrás del refresco de vainilla que con los años se volvió emblema regional está la trayectoria de Don Ángel Solorza, un hombre que pasó de lavar botellas a encabezar la consolidación de una empresa familiar que logró sobrevivir a las transnacionales y mantener un sabor propio.

Don Ángel Solorza nació en Potrerillos, municipio de Rosario, en 1911. Fue el sexto de 12 hermanos y creció en una familia marcada por las dificultades económicas. Aunque destacó en la escuela, su padre le dejó claro que no podría seguir estudiando y que debía trabajar para ayudar en casa.

Esa renuncia temprana no canceló su ambición: la transformó en una ética de esfuerzo que años después sería decisiva para el nacimiento del proyecto empresarial ligado a Tonicol.

Su entrada al mundo de los refrescos ocurrió en 1925, cuando comenzó a trabajar en La Eureka, una fábrica local donde inició en las tareas más básicas. Mientras cumplía jornadas en la planta, estudió contabilidad por correspondencia.

Ese aprendizaje lo llevó, en 1932, a incorporarse a otra embotelladora de Rosario, La Azteca, donde asumió responsabilidades en el control de producción y ventas.

El punto de quiebre llegó en 1936. Fue entonces cuando Don Ángel propuso unir ambas fábricas en una sola empresa. La idea fue aceptada y él quedó al frente de la administración general.

Ahí comenzó a tomar forma el camino que más tarde daría identidad al producto insignia de la casa: Tonicol, una bebida carbonatada sabor vainilla que, con el tiempo, sería reconocida por su sabor singular y su arraigo en el noroeste del país.

La consolidación definitiva llegó en 1965, cuando Don Ángel adquirió las acciones de la compañía y apostó por convertirla en una empresa familiar. Desde Rosario, Tonicol creció sin perder su raíz local. Su envase, su sabor y su historia terminaron por convertirlo en mucho más que un refresco: en una pieza de memoria colectiva sinaloense.

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