Por Kelvin Saldaña-Villanueva, Investigador por México Secihti
Cada año, el segundo jueves de marzo (este año, el 12 de marzo) se celebra el Día Mundial del Riñón, una iniciativa global cuyo lema para 2026 es “Salud Renal para todos: Cuidando a las personas, Protegiendo el Planeta”. Esta campaña busca concientizar sobre la salud renal, la detección temprana y la prevención de enfermedades en los riñones. Los riñones son dos órganos esenciales que, entre muchas cosas, filtran la sangre para eliminar desechos, generan la orina, regulan el balance de los líquidos corporales y liberan eritropoyetina, una molécula que sirve para producir las células rojas de la sangre. Lo anterior, permite visibilizar su importancia, por lo que su disfunción compromete muchos procesos fisiológicos y afectar gravemente la salud en general.
La enfermedad renal crónica (ERC) es una afección en la que los riñones pierden progresivamente la capacidad de filtrar la sangre de manera adecuada. Es una de las clasificaciones más prevalentes a nivel mundial, afectando aproximadamente a 1 de cada 10 adultos. Su principal desafío radica en el diagnóstico oportuno, dado que en etapas tempranas (Etapa 1-3) es asintomático o presentan síntomas leves, por lo que a menudo es desapercibida. Como resultado, el diagnóstico ocurre en etapas avanzadas (Etapa 4-5), cuando la función renal ya se encuentra gravemente comprometida de forma irreversible. En estos casos, el tratamiento se enfoca en ralentizar su progresión hacia la etapa terminal (etapa 5) o implementar las terapias de reemplazo renal (hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante renal).
Actualmente, se ha descrito en diferentes investigaciones que jóvenes entre 20 y 40 años, se encuentran en hemodiálisis mientras esperan ser candidatos de un trasplante renal. En estos pacientes, la función renal se encuentra totalmente deteriorada, lo que obliga al paciente a someterse a hemodiálisis 2-3 veces a la semana, donde una maquina actúa como “riñones artificiales” para filtrar la sangre y eliminar desechos y exceso de líquido. Este tratamiento tiene un impacto profundo en la calidad de vida del paciente; económicamente, se estima que el costo promedio anual es de $250,000 MXN, una carga significativa considerando que, en muchos caos el ingreso promedio mensual de $15,000 MXN. Además, las restricciones alimenticias, implicaciones en salud mental (depresión y ansiedad), dependencia familiar y la incapacidad de inserción laboral adecuada por la dependencia al tratamiento comprometen su bienestar físico, emocional y social.
La creciente incidencia de jóvenes en terapias de reemplazo renal exhibe un patrón epidemiológico inusual, ya que la ERC se asocia tradicionalmente a pacientes adultos con diabetes o hipertensión arterial, así como a adultos mayores por el deterioro natural de la función renal con el envejecimiento. Esto demuestra que la ERC está manifestándose por otros factores no tradicionales, y sobre todo en etapas prenatales/infantiles, con una progresión rápida que compromete la calidad de vida durante la adultez temprana. A este fenómeno se le ha denominado enfermedad renal crónica de causa desconocida (ERCnt).
Al respecto, la literatura científica actual asocia principalmente el estrés por calor y la deshidratación recurrente como factores clave en el desarrollo de la ERCnt, especialmente en contextos de trabajo físico intenso y altas temperaturas. Como se mencionó anteriormente, los riñones participan en la regulación de líquidos corporales; por lo tanto, en condiciones de altas temperaturas ambientales, trabajo físico intenso y la falta de una hidratación adecuada, se produce deshidratación repetida que a su vez provoca una disminución del volumen de sangre que circula dentro del sistema vascular. Como resultado, se presenta una reducción del flujo sanguíneo hacia el riñón provocando un deterioro progresivo e irreversible de la función renal.
Sin embargo, en escenarios donde las altas temperaturas o el trabajo físico no están presentes, la exposición a contaminantes podría jugar un papel importante en el desarrollo de la enfermedad. Es fundamental reconocer que los niños no son adultos “pequeños”, sino seres vivos en una etapa crítica de desarrollo que los convierte en receptores sensibles a los contaminantes del entorno. En este contexto, se ha descrito que contaminantes como metales pesados, plaguicidas y compuestos derivados de diferentes procesos industriales pueden afectar el riñón desde etapas prenatales durante el embarazo, perturbando el desarrollo del riñón. En 2025, María José Talayero, investigadora de la Universidad George Washington, identificó que existe una asociación significativa entre la cantidad de industrias contaminantes y la incidencia de defectos cardiacos congénitos en más de 2,000 municipios un grado de marginación de México, evidenciando los efectos adversos de la exposición prenatal a contaminantes industriales en el desarrollo fetal y abriendo brechas para nuevas investigaciones para otras enfermedades, como la ERCnt juvenil.
Recientemente, diferentes regiones en México han reportado un incremento de ERC en población infantil y juvenil, denominadas “zonas calientes”. Entre estas regiones destaca Aguascalientes, la Cuenca del Alto Atoyac (ubicada entre Puebla y Tlaxcala), la ribera del Lago de Chapala en Poncitlán (Jalisco) y Tierra Blanca (Veracruz). Estas regiones comparten un patrón estructural interesante, la intensa actividad industrial y la contaminación ambiental documentada por exposición a una “sopa” tóxica de compuestos que dañan la salud. En paralelo, estas regiones exhiben una vulnerabilidad social caracterizada por pobreza, desigualdad de género, pertenencia a grupos étnicos marginados y acceso limitado a servicios de salud, factores que agravan la incidencia de la enfermedad. Este hallazgo refuerza el lema del Día Mundial del Riñón 2026 al mostrar cómo la contaminación ambiental no solo amenaza el planeta, sino que afecta directamente la salud de las personas desde etapas tempranas, urgiendo acciones integrales de prevención y regulación.
El Día Mundial del Riñón 2026, bajo su lema “Salud Renal para Todos: Cuidando a las Personas, Protegiendo el Planeta”, nos invita a reconocer que la salud renal no es solo un asunto médico individual, sino un desafío socioambiental colectivo. En México, la contaminación ambiental, en sinergia con vulnerabilidades sociales, compromete la salud de la infancia y de la juventud a través del aumento de la ERCnt. Este patrón emergente, impulsado, ya sea por factores como el estrés climático o la exposición a contaminantes, representa una señal de alerta urgente que exige acciones concretas: detección temprana en población vulnerable, políticas integrales de salud ambiental, regulación estricta de contaminantes y protección prioritaria de comunidades en riesgo. Cuidar nuestros riñones significa, en última instancia, cuidar nuestro futuro y el del planeta.
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Kelvin Saldaña Villanueva es Investigador en toxicología ambiental y humana, especializado en el estudio de los efectos de contaminantes ambientales sobre enfermedades no transmisibles. A través de enfoques multi-ómicos y herramientas de ciencia de datos, busca comprender la interacción salud-ambiente. Sus investigaciones se orientan a la identificación de biomarcadores tempranos y al fortalecimiento del diagnóstico y la prevención de enfermedades en contextos de vulnerabilidad socioambiental.
Este trabajo fue realizado por ZonaDocs, que forma parte la Comunidad de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí

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