Porque las regiones que producen bienes y servicios de alta complejidad crecen más rápido y generan mayores niveles de ingresos, hoy voy a escribir sobre las actividades productivas sofisticadas y complejas. Primero veamos cuáles son. De acuerdo con una búsqueda a través de IA para identificarlas, diré que se trata de aquellas que requieren de un alto nivel de conocimiento científico, tecnología avanzada, gran acumulación de capital y redes globales de colaboración. Según el Enfoque de Complejidad Económica (desarrollado por el MIT y Harvard), la complejidad de una actividad no se mide solo por su tecnología, sino por la cantidad de capacidades y conocimientos especializados compartidos necesarios para realizarla.
Estas actividades tienen que ver con las Industrias de Alta Tecnología y Frontera como la fabricación de semiconductores, la Biotecnología y la industria Aeroespacial y satelital; con las Tecnologías de la Información y Conectividad que incluyen el Desarrollo de Inteligencia Artificial, la Computación cuántica, la Ingeniería financiera y la Ciberseguridad avanzada y; con la fabricación de Manufactura Avanzada y Maquinaria Especializada que comprenden los Instrumentos médicos de alta precisión, la Maquinaria industrial robotizada y la Química fina y de especialidad.
Son también parte de estas actividades las que se refieren a la Transición Energética y Sostenibilidad y a los Servicios Globales de Alto Valor como las llamadas Finanzas cuánticas y algorítmicas y, la Consultoría estratégica y legal internacional. Esto significa que las actividades más sofisticadas y complejas del mundo actual se agrupan principalmente en los sectores cuaternario (innovación y conocimiento) y quinario (toma de decisiones y alta gerencia). Estas industrias requieren alta especialización, investigación y desarrollo (I+D).
Los países y las regiones o economías subnacionales que se caracterizan porque en ellos se desarrolla una mayor cantidad de actividades productivas sofisticadas y complejas, son aquellas que cuentan con industrias que cumplen con la presencia de tres pilares técnicos esenciales: Alta Intensidad en I+D (Investigación y Desarrollo): Industrias que no compiten por mano de obra barata, sino por la constante innovación de patentes científicas; Densidad de Conocimiento Compartido: Sectores que requieren la colaboración simultánea de ingenieros, matemáticos, especialistas en logística y financieros y; Baja Ubicuidad en los Mercados: Fabricar productos que los demás no pueden imitar fácilmente. Cualquiera puede exportar materias primas (baja complejidad), pero muy pocos pueden construir máquinas y herramientas complejas.
La Universidad de Harvard, en su Laboratorio de Crecimiento (Harvard Growth Lab), ha desarrollado el Índice de Complejidad Económica (ECI) que evalúa la capacidad de una sociedad para acumular conocimiento técnico especializado y transformarlo en una enorme diversidad de productos exclusivos que muy pocos países en el mundo son capaces de fabricar (baja ubicuidad). El ECI considera que el desarrollo económico de los países o las regiones depende en gran medida de la cantidad de conocimientos productivos que posee y de la eficacia con la que los utiliza para fabricar una amplia gama de productos avanzados. Este índice combina la diversidad de la cesta de exportaciones de un país con la omnipresencia de dichos productos en el resto del mundo. Los países que exportan una amplia variedad de bienes sofisticados suelen obtener puntuaciones más altas, lo que sugiere un mayor conocimiento productivo.
De acuerdo con el ECI, los países donde más se han desarrollado las actividades económicas sofisticadas y complejas son Japón, Suiza, Taiwán, Corea del Sur y Singapur. Japón por la producción de Maquinaria industrial avanzada, electrónica de precisión, robótica médica y robótica automotriz; Suiza por la Industria farmacéutica molecular de punta, química fina, instrumentos de medición cuántica y alta relojería; Taiwán por ser el epicentro mundial de fundición de semiconductores avanzados y procesadores microelectrónicos para Inteligencia Artificial; Corea del Sur por fabricar Microchips de memoria de última generación y pantallas OLED y; Singapur por producir Semiconductores globales, biotecnología y finanzas de alta tecnología.
En el ranking del ECI México aparece en el lugar 27 y en el primero en América Latina y el Caribe (ALC), debido a su enorme diversificación y sofisticación exportadora. Esto se fundamenta en su alta capacidad para producir manufacturas avanzadas (como automóviles, autopartes, computadoras y equipos aeroespaciales), integrándose exitosamente en las cadenas globales de valor. México es uno de los principales exportadores a nivel mundial de bienes de media y alta tecnología, lo que demuestra un gran conocimiento productivo incorporado en su economía. Supera en complejidad a la mayoría de las economías emergentes y latinoamericanas y destaca por ser un país de ingresos medios-altos que exporta productos más complejos de lo que correspondería históricamente a su nivel de desarrollo. México, en el ECI, ha ganado tres posiciones en los últimos cinco años. En ALC, después de México, las mejores posiciones corresponden a Brasil (56), El Salvador (59), Panamá (60) y Costa Rica (61).
Para evaluar el desarrollo y la presencia de las actividades productivas sofisticadas y complejas en las entidades federativas de México decidí considerar el subíndice Innovación y Economía del Índice de Competitividad Estatal 2025 elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). Este subíndice evalúa las principales características de las dinámicas y sectores presentes en las entidades federativas. Considera también la capacidad para competir con éxito en la economía, especialmente en sectores de alto valor agregado, intensivos en conocimiento y tecnología de punta. Evalúa la habilidad para generar y aplicar conocimiento nuevo, el contexto de investigación y la generación de patentes. Mide también el grado con el cual los estados capitalizan su relación con el exterior para elevar su competitividad más allá de las fronteras del país. En un entorno de globalización, la competitividad de los estados depende cada vez más de su capacidad para exportar y de fortalecer los vínculos que tienen con el exterior. Las entidades bien posicionadas en estos aspectos atraen más talento, inversión y son propensas a una mayor generación de empleo y riqueza.
En este subíndice se consideran las variables: crecimiento del PIB, PIB per cápita, Inversión Extranjera Directa, exportación de mercancías, diversificación económica, complejidad económica en sectores de innovación, PIB turístico, patentes e intensidad energética de la economía. Las entidades líderes en el subíndice son la CDMX, Jalisco, Aguascalientes, Nuevo León y Guanajuato. Ellas ocupan, respectivamente, las posiciones 10, 6, 7, 1 y 9 en el indicador de complejidad económica en sectores de innovación, que forma parte del subíndice de Innovación y Economía.
Específicamente, en el indicador de complejidad económica en sectores de innovación, las primeras posiciones son para Nuevo León (ya señalado), Querétaro, Baja California, Chihuahua y Coahuila. Nuevo León ocupa el primer lugar en esta lista debido a su Diversificación y sofisticación manufacturera, su Atracción de inversión y nearshoring, su Complejidad en sectores de innovación y su fuerte vinculación entre las universidades locales (como el Tecnológico de Monterrey y la UANL), los centros de investigación y el sector privado.
Querétaro ocupa la segunda posición por sus Industrias de alta tecnología y alto valor, su capital humano especializado, su Modelo de la Triple Hélice, su Infraestructura logística y porque posee una economía diversificada donde los sectores de servicios profesionales, comercio y manufactura avanzada se complementan equilibradamente. La tercera posición en complejidad en sectores de innovación es para Baja California. Se debe a que posee Sectores de Alta Tecnología (líder nacional en la fabricación de dispositivos médicos) y a que destaca en las industrias aeroespacial, electrónica y biotecnología. También, por su Integración a una Megarregión Fronteriza y por contar con un ecosistema de universidades y centros de investigación que nutren a la industria de ingenieros, técnicos y profesionistas calificados.
Sinaloa, aparece en la posición 20 del subíndice de Innovación y Economía y en la 16 del indicador de complejidad económica en sectores de innovación. Es decir, no figura entre los estados con economías más sofisticadas y complejas porque su estructura productiva está altamente concentrada en el sector primario (especialmente agroindustria y pesca) y el comercio, sectores que requieren menos innovación tecnológica y diversificación de conocimientos productivos que los estados manufactureros y de alta tecnología.
Históricamente a Sinaloa le ha caracterizado su vocación agrícola y alimentaria y esto es muy importante porque abona significativamente a la seguridad alimentaria y porque genera un gran volumen de exportaciones, pero estas se basan en productos primarios con bajo valor agregado. En consecuencia, la manufactura avanzada es limitada en comparación con las entidades industriales del país.
Sinaloa adolece de una diversificación industrial y carece de un tejido industrial complejo, como el automotriz, aeroespacial o electrónico, lo cual frena su posicionamiento en los índices nacionales e internacionales en los que se mide la sofisticación y la complejidad de las actividades productivas. Además, Sinaloa se ha quedado rezagado en la relocalización de empresas (nearshoring) debido a la falta de infraestructura logística y de una política pública orientada a la industrialización pesada. Resulta evidente la mala posición de Sinaloa en términos de complejidad económica, cuando se observa que, en el subíndice Innovación y Economía, aparece en el lugar 18 en el indicador de Inversión Extranjera Directa, en el 20 en el de Exportaciones y en el 30 en el indicador de crecimiento del PIB.
Dos reflexiones para terminar. La primera es que en el país se requiere de una estrategia para que las actividades productivas sofisticadas y complejas que ahora se realizan en unas pocas entidades federativas tengan presencia en regiones que evidencian un rezago en estos temas. Como lo señala el estudio Complejidad económica en los estados de México elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en México, por un lado, prevalecen en el Norte y Centro estados altamente competitivos, con elevadas tasas de crecimiento, integrados a la economía global, con estructuras económicas diversificadas hacia actividades de alta productividad/sofisticación y con niveles de complejidad similares a países desarrollados como Reino Unido, Singapur o Estados Unidos (Nuevo León, Querétaro, Baja California, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas). En contraste, en el Sur-Sureste la mayoría de los estados hasta ahora han sido poco atractivos para la inversión, presentan bajos niveles de crecimiento e integración económica, y se concentran en actividades económicas ya sea de baja productividad o relacionadas con sectores extractivos que generan pocas capacidades productivas, por lo que sus niveles de complejidad económica en los casos más extremos (Chiapas, Guerrero y Oaxaca) se asemejan al de países como Uganda, Zimbabue o Botsuana.
La segunda es que en Sinaloa la estructura productiva ha cambiado poco en las últimas décadas y esta situación debe revertirse. En ella, desde hace años, las actividades secundarias y particularmente las industrias manufactureras tienen una participación marginal. Tampoco son relevantes los servicios basados en el conocimiento y el sector cuaternario que se caracterizan por su alto valor agregado, uso intensivo de tecnologías avanzadas, capital intelectual y por requerir personal altamente calificado. En consecuencia, las actividades productivas desarrolladas en la entidad son poco sofisticadas y complejas y si en el futuro esta situación no cambia se mantendrá la presencia de una escasa dinámica de crecimiento, niveles bajos de ingreso per cápita, baja atractividad de inversiones, escaso aprovechamiento del proceso de apertura comercial iniciado en la década de los ochenta en el país y bajos niveles de competitividad.
Referencias
Filippo, A., Piedra Gonzáles, E., Jiménez Gallardo, M. Á., & Zafra, C. (2022). Complejidad económica en los estados de México: una herramienta para la selección de sectores prioritarios. Banco Interamericano de Desarrollo (BID). México. https://doi.org/10.18235/0004614
IMCO (2025). Índice de Competitividad Estatal 2025. México. https://imco.org.mx/indices/
https://atlas.hks.harvard.edu/rankings/

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