A partir del anuncio de la acusación con orden de captura para iniciar un proceso de extradición de 10 políticos y funcionarios de alto perfil del gobierno de Sinaloa, incluidos el gobernador, presidente municipal, un senador, ex secretario de seguridad pública y otros, por colusión directa con el Crimen Organizado que solicitó una corte de los Estados Unidos, en Culiacán se respira un aire distinto.

No es que creamos que ya todo terminó o todo cambió, faltan muchas cosas por pasar, hasta puede ser que no pase nada y todo vuelve a estar como estaba antes. Incluso, cabe la posibilidad –aunque minúscula– de que todo esto sea una acusación sin pruebas como tanto clama el régimen. Pero aun cuando todavía falta por definirse muchas cosas, creemos que algo puede empezar a cambiar y eso es suficiente para recobrar la esperanza.

Se critica mucho a los Sinaloenses cuando se dice que “normalizamos” la narco-cultura o la narco-economía, sin embargo, ¿Qué podíamos hacer al respecto? ¿Pelearnos con ellos, señalarlos, denunciarlos, bloquearlos, irnos a vivir a otro lugar? Recordemos que no teníamos un gobierno a quien recurrir, tenemos un gobierno que permitió y propició esto cuando su función era justamente hacer lo contrario.

Por desgracia, lo que se normalizó en este estado, fue la impunidad, la injusta aplicación de la justicia. Castigo para los incomodos, para los desalineados y los pobres y el perdón e impunidad para los amigos y los poderosos. ¿Ante eso que podía hacer el ciudadano común?

A pesar de todo esto, encontramos las formas de vivir en una sociedad injusta y peligrosa donde imperaba la ley del monte y aun así aprendimos a sobrevivir entre las balas y el peligro, a sobresalir ante la competencia desleal y la corrupción, a destacar entre el exceso y el falso glamur. No fue fácil y eso nos hizo más fuertes, capaces, resilientes, ingeniosos y creativos. Por eso el sinaloense destaca a donde quiera que vaya, por que en otros lugares encuentra un entorno menos difícil de competir, pero quienes decidimos quedarnos aquí, tenemos dos opciones, ¿nos seguimos haciendo mas resilientes ante el continuo crecimiento del caos, o aprovechamos esa fuerza para construir el nuevo Culiacán y el nuevo Sinaloa con el que soñamos?

Se despierta esa esperanza que estaba dormida o escondida en la mayoría de los culichis, a partir de la posibilidad de que se pudiera hacer justicia, algo que teníamos olvidado, que creíamos que nunca lo íbamos a vivir, la dejamos de ver por tanto tiempo que la creíamos extinta. Y ahora se presenta una oportunidad que nos da esperanza de que por lo menos, en alguno de los casos, si se puede hacer algo y si se puede castigar a quienes obraron mal, engañaron, robaron, mintieron y traicionaron.

Que lastima que tenga que venir un gobierno extranjero a forzarnos a hacer lo que nosotros mismos debemos de hacer, o peor aun a hacerlo por nosotros. Por eso, en lugar de darnos golpes de pecho sobre el injerencismo, la violación de la soberanía o de cuestionar los intereses políticos de ese otro país, deberíamos de cuestionarnos: ¿Por qué no lo hicimos nosotros antes?

Que vergüenza, pero que alivio. Y creo que todos tenemos así, sentimientos encontrados. Noto a muchas personas incomodas y dudosas, pero al mismo tiempo alegres y esperanzadas. Me llama la atención escuchar a amigos y conocidos que por lo general no hablan de política y procuran no tocar temas incomodos, que desde inicio de este mes participan más, opinan, preguntan, ofrecen su tiempo y sus servicios. Como si de repente nos hubieran quitado ese candado de la boca y estamos queriendo volver a aprender a hablar.

Aprovechemos este momento para buscar construir el Culiacán que deseamos. Pasemos de la cuna de la narco-cultura a la cuna del renacer de la justicia antimafia, como en Palermo, Italia. Encontremos ese punto de acuerdo, ese bien común, esa meta que queremos la mayoría y pongamos nuestro mayor esfuerzo en lograrlo. Estoy seguro de que tenemos una oportunidad de oro frente a nosotros. Cuantas veces hemos dicho: ¿Qué tendrá que pasar para que las cosas cambien? No dejemos pasar esta oportunidad para iniciar ese cambio, no esperemos a ver que tan mas mal se puede poner.

Unámonos, pero no todos, unámonos solamente quienes compartamos los mismos principios, valores, responsabilidades y objetivos. Estoy seguro que seremos la mayoría. Quienes no lo hagan rechacémoslos, separémoslos, señalémoslos, juzguémoslos, castiguémoslos. Exijamos y hagamos nuestro principal objetivo la aplicación de la justicia.

Tenemos que seguir adelante, cambiar, evolucionar, dejar de ser gusanos y convirtámonos en mariposas. Creo firmemente que tenemos todo para hacerlo. Para ello hace falta tomar un camino difícil y doloroso, pero será uno que nos llevará hacia un mejor futuro. ¿Qué será peor, pasar por un duro proceso de transformación o seguir arrastrándonos toda la vida?

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