Durante sus largos recorridos por todo el país, AMLO aprendió que el mexicano aguanta todo. Aprendió que somos un pueblo que se guarda el coraje y el rencor y que sigue adelante. Olvida y fluye, pero no perdona.
Detectó y rescató los principales agravios acumulados y los convirtió en su bandera. Los hizo suyos con si él hubiera sido también afectado. Aprendió a disfrazarse de victima y jugar ese papel a la perfección. Aprendió también a imitar el dolor y el rencor. Pero en el fondo él no era la víctima, siempre fue parte del grupo de los perpetradores.
Una vez que le compraron su papel y lo aceptaron como uno de los suyos, la gente en todos lados lo apoyó, creyó en él y le dio su confianza. De todas las clases sociales, de todo el territorio, de todos los grados de escolaridad y de todas las edades.
“Es uno de los nuestros”. Así veía la gente al charlatán.
Ya una vez en el poder, puso en marcha eso que tan bien aprendió. “El pueblo olvida” y fue en ese momento que comenzó a estirar la liga para su beneficio personal. Apostando a que nadie le iba a reclamar, porque así somos. Si no les reclamamos a los anteriores con la magnitud que es debido durante tantos años y tantos agravios, ¿Por qué ahora sería diferente?
Y le salió la jugada tal y como lo había planeado. Rompió con toda regla que los gobiernos anteriores no se habían atrevido a romper por miedo a que esto fuera, ahora sí, el motivo de hartazgo del pueblo.
Dejó que subiera el precio de la gasolina y no pasó nada. Que subiera la tortilla y no pasó nada. Que subiera el salario mínimo y eso hasta le jugó a favor. Que migraran a trabajar a otro país porque aquí no había oportunidades y presumió la remesas como un logro. Corrompió a una parte del ejercito y con eso ganó mas poder. Dejó que se desatara la violencia y se expandiera el dominio del crimen organizado por todo el territorio y eso le ayudó a que la gente con mas razón guardara silencio y obedeciera. Negó apoyos a las clases mas vulnerables y se quedaron solos reclamando, al cabo eran pocos. Derrochó los recursos del estado en obras faraónicas y elefantes blancos que servirán de muy poco o nada sin tener consecuencias por ello. Abandonó a la gente a su suerte en temas de salud. Endeudó al país. Mintió, engañó y manipuló todos los días.
Les dio la espalda a los agricultores. Eso era impensable en los gobiernos anteriores. Que miedo decían, “los agricultores si nos arman una revolución”. Y hasta ahora no pasó nada. Ese mito también se rompió. Quitó apoyos, quitó el crédito, abrió las fronteras de par en par a la importación y a la competencia desleal, incumplió una y otra vez sus promesas, mintió, manipuló, engañó. Y aun así la gran mayoría siguió votando por su partido y arrasando en las elecciones de cualesquiera fuera el candidato/a que él arropara. Y el pueblo siguió coreando “Es un honor estar con Obrador”.
Eso que aprendió en su recorrido por todo el país lo utilizó para ganarse la confianza de la gente y una vez obtenida esa confianza la usó para someterlos. Y aquí parece que lo estamos aceptando. Al fin y al cabo, así somos. Es nuestra naturaleza. Es nuestra personalidad colectiva.
Escuchaba a un líder agrícola decir en una reunión de productores que hemos sido tolerantes de más, que los productores si hemos cumplido nuestras promesas cuando el gobierno no lo ha hecho. Yo agregaría que hemos sido honorables, dignos, decentes y respetuosos de más. Nosotros si cumplimos con nuestra parte, pero permitimos que nos incumplan y no exigimos que se honren los acuerdos. Dejamos que gobierno, instituciones financieras, acopiadores, compradores tengan reglas que los favorezcan y que no pase nada cuando incumplen los acuerdos.
Este lunes 06 de abril iniciaron una serie de bloqueos carreteros como manifestación para exigir resultados concretos que solucionen la problemática del campo y de los transportistas. Han pasado los meses, las negociaciones continúan, pero las soluciones no llegan. El gobierno de la presidenta Claudia Sheimbaum ha optado por seguir la ruta que tan bien le funcionó a su predecesor.
¿Acaso este será este el momento decisivo donde el agricultor saque la casta y exija sus derechos hasta conseguir resultados satisfactorios?, ¿Acaso seguiremos dejando que el gobierno federal gane tiempo dividiéndonos, engañándonos, con verdades a medias y promesas de buenas intenciones como tan bien le ha venido funcionado hasta ahora?, ¿O simplemente este gobierno asumirá su responsabilidad y construirá las soluciones adecuadas para acabar con esta crisis, muchas de las cuales ya existían y durante el sexenio anterior se encargaron de dinamitarlas?, ¿Qué pasará? Está por verse.

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