
super night
En sus multiples variantes y subgéneros, la ciencia ficción ha servido durante décadas como una plataforma para imaginar innumerables escenarios (presentes y futuros) dónde la humanidad logra extender sus dominios y de paso entablar diplomacia con civilizaciones ajenas a la nuestra.
En «Embassytown» (editada al español bajo el sello de la editorial Nova), el autor británico China Miéville expone sus mejores cualidades como narrador en el subgénero «new werd», creando una prosa que salta entre lo escabroso, lo barroco y principalmente lo tóxico, solo pata contrastar inesperadamente con pasajes dónde la voz de su protagonista se vuelve serena y armoniosa.
En un futuro demasiado lejano a nuestra realidad para situarlo siquiera en nuestro calendario, Avice es una inmersora: una tripulante de navíos interestelares que se mueven entre el inmer, el mar entre el tiempo y el espacio, y ahora a regresado al planeta donde nació.
Arieka es uno de los últimos asentamientos de la humanidad en los confines del universo y dónde comparte espacio vital con los seres nativos del lugar. Individuos inteligentes llamados respetuosamente «los anfitriones», quienes no pueden mentir.
Solo un pequeño grupo de embajadores humanos puede entablar charla con los anfitrones, conectando así las dos comunidades. Pero este frágil equilibrio está por fragmentarse ante la llegada de un nuevo y misterioso embajador. Y la catástrofe inicia cuando los anfitriones lo escuchan hablar.
Sería reduccionista decir que esta es una historia centrada en el lenguaje, sus barreras y desafíos al entablar comunicación con seres alienígenas. Fiel a sus principios anarquistas (los cuales ya ha plasmado en diversos ensayos académicos), Miéville también aborda temas como la colonización, los mártires religiosos y propone una nueva variante de semiótica con el surgimiento de nuevos símbolos y figuras arquetípicas del habla desde cero.
El lenguaje de los ariekei (los anfitriones), cuya mejor descripción física es la de «caballos insectoides con abanicos corales, consiste en una serie de palabras con tonalidades específicas pronunciadas con dos bocas al mismo tiempo.
Estos son sonidos de naturaleza pragmática que no representan un significado o sentido figurado, si no un objeto en particular que debe existir en el aquí y ahora. Además, estos deben ser reproducidos por otro ser de forma orgánica para ser comprendidos.
El uso de reproducciones auditivas y símbolos escritos está descartado en este lenguaje, cuyo mayor acercamiento a una metáfora es el uso de «similes»: personas reales que realizaron frente a los anfitriones una acción específica.
Avice pertenece a este grupo de personas, lo que le convierte en una especie de celebridad entre los alienígenas. Y aunque no puede comunicarse directamente con ellos, este acercamiento le permite conocer junto a otros similes las tensiones geopolíticas que existen entre ellos y su inexplicable cadena de mandos.
Las descripciones de los escenarios sugieren que en el planeta Arieka no existe un limite distinguible a simple vista entre su flora y fauna en medio de una arquitectura y tecnología basadas en materiales orgánicos vivientes y la existencia de horrores interdimensionales que pueden surgir del inmer ante el menor error humano.
No es una narrativa que pueda ser considerada ligera, pero el lector determinado a dejarse envolver por su ambientación se sentirá recompensado.
Otra de las virtudes de Miéville se encuentra en su acervo verbal. En medio de sus nomenclaturas y conceptos inventados, no hay un solo capitulo en el que no convenga realizar una consulta al diccionario. Bajo el contexto de la propia novela, no considero que se trate de un acto de pomposidad pretenciosa. El uso de cada palabra, por ajena que esta pueda parecer, se debe a un asunto de precisión.
Al igual que Sir Isaac Newton sabía de los fallos en su propia teoría de la gravedad, está claro que Miéville comprende que usar el propio lenguaje para juguetear con la definición y significado del propio lenguaje es una tarea que pudiera estar destinada al fracaso. Pero esto no evita que se divierta un poco intentándolo.

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