BAJO LOS CIELOS DE ZAFIRO, es una de las novelas más leídas de Belinda Alexandra, quizá por el tema de la segunda guerra mundial desde la posición de los rusos y la historia, no menos emotiva, de una chica Irlandesa que decide abandonar su lugar de origen para vivir en Moscú a causa de un prometedor trabajo. La historia de Natasha Stepanova Azarova, aviadora, heroína de la guerra en Rusia a partir de 1942 y la vida de Lily (así la menciona la escritora) quien en el año 2000, se traslada a Moscú a desempeñar un trabajo atractivo sobre Márketing: Dos historias, dos épocas con una distancia de 57 años y dos mujeres cuya vida estuvo ligada estrechamente.
Natasha Stepanova Azarova conoció a Stalin cuando tenía catorce años, era el año de 1937…”Fue el día más fascinante de mi vida”. El líder Ruso quedó impresionado por la inteligencia de la muchacha, quien expresó su deseo de ser aviadora, mostrando desenvoltura y gracia. Stalin apoyaba al padre de ella, a quien se le había dado la responsabilidad de manejar una fábrica de chocolates, innovar el producto y ser el número uno en ventas de la buscada golosina. Hasta que fue delatado, de manera anónima y por demás injusta, por traición al régimen. Antes de ello, la joven alcanzó la oportunidad de entrar a la escuela de aviación a los 15 años. Cuando aún no caía en desgracia el padre de Natasha, ella y la familia recibían costosos obsequios de parte de Stalin. Entre los regalos más valiosos, figuraba un prendedor en forma de libélula de diamantes y zafiros, del que la joven nunca se desprendió hasta el día de su desaparición en plena guerra.
El entorno de Lily, la joven que, atraída por la inversión extranjera y empresas internacionales activas en Moscú, decidió ir en busca de un trabajo bien remunerado y estable. Lo encontró en una empresa que supo valorar sus habilidades bilingües. Atractiva, enamorada de Adam, un diseñador de páginas web, tuvo la oportunidad de vivir un fuerte y ávido romance con el joven, quien enfermó de pronto. La pareja quedó devastada ante el diagnóstico: Cáncer en fase avanzada. A la muchacha le fue casi imposible reponerse del golpe por la pérdida de Adam. Su terapeuta le sugirió poner su atención y su tiempo libre en personas en calidad de abandono, incluyendo a los animales de la calle. Su calidad humana le llevó, animada por su vecina, a levantar gatos callejeros para adoptarlos. En uno de sus recorridos conoció a una anciana en los pisos del metro, demostrando miseria y abandono, abrazando a un perro. Portaba un letrero en inglés en el que decía que su cachorro estaba a la venta. Lily le dio unas monedas y continuó su camino. La anciana se le aparecería cotidianamente para rogarle se hiciera cargo de su mascota. Un día Lily presenció el desmayo de la anciana y sin dudarlo se hizo cargo de ella, llevándola a vivir a su departamento junto con su perro.
Natasha Azarova logró destacar en los escuadrones de la fuerza aérea rusa, piloteados sólo por mujeres, temidos por los alemanes, quienes le dieron el nombre de “Las Brujas de la Noche”. Perseguida muy de cerca por un avión alemán, su nave desapareció en un inescrutable bosque, en territorio alemán. No fue sino hasta el año 2000, 57 años después, en que el General ruso Valentín Orlov, amante fiel de la aviadora, fue notificado del hallazgo de los restos de un avión ruso, del que apenas destacaba una de sus alas. El anciano Gral. Orlov, se trasladó al lugar para presenciar el rescate del avión, que sin duda, había sido piloteado por su amada, corroborado por el encuentro de una placa con el número que había pertenecido a ella. Fueron hallados además, un neceser con maquillaje el que guardaba una pequeña caja que contenía un broche de diamantes y zafiros, todo perteneciente sin duda a la afamada aviadora. Lo único que no se halló fue su paracaídas y ni uno sólo de sus restos, lo cual sembró la idea en el General de que “ella logró abandonar el avión antes de su caída. Natasha no cayó con el avión” se dijo.
El Estado Mayor de Moscú organizó solemnes homenajes a la heroína de guerra Azarova; un comando de aviones sobrevoló por encima de su tumba en señal de respeto; hubo desfile militar, discursos elevando la altura de la combatiente. Durante las ceremonias, destacaba la figura del Gral. Valentín Orlov, abandonando su postura en señal de descanso por los 57 años que había estado en búsqueda de la mujer que había significado tanto en su vida.
Entre todos los televidentes que presenciaron los homenajes a la heroína de guerra de Moscú, había una anciana que desde su cama del hospital, derramaba lágrimas recordando a la mujer con quien había luchado en la guerra. Después de negarse a develar su nombre, un día había decidido confesar a Lily, su fiel cuidadora: “Mi nombre es Svetlana. Fui la mecánico del avión de Natasha Azarova. Su más grande admiradora, su más íntima amiga… En la intimidad de sus recuerdos, dos figuras se confundieron en su debilitada mente: El del broche de zafiro y la figura del hombre que más había amado: El Gral. Valentín Orlov.
Belinda Alexandra nos sorprende con el tejido exquisito de su historia. Una de esas novelas que uno quiere releer varias veces y continuar descubriendo los tantos misterios que encierra.


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