Por: Nuria González Elizalde, directora general de Mexicanos Primero Sinaloa
X/Twitter: @MexicanosloSin @GlezNu.
Una balacera obliga a las familias a resguardar a sus hijos y una escuela suspende clases. En otro lugar falla la energía eléctrica. En otro, las lluvias impiden llegar al plantel. En otro más, simplemente no existen condiciones para abrir las aulas.
La noticia aparece ese día. Se informa la suspensión, se explica la causa y, cuando pasa la emergencia el tema deja de estar en la conversación pública. Pero para las niñas, niños y adolescentes ese día no desaparece. Se acumula junto con otros y cuando empezamos a sumar, la historia cambia.
Durante años hemos discutido sobre el calendario escolar, cuándo inicia, cuándo termina, cuántos días establece oficialmente o si las vacaciones comienzan antes o después. Pero quizá estamos dejando fuera una pregunta mucho más importante: ¿cuántos días de escuela están teniendo realmente las niñas y los niños en Sinaloa?
No sabemos con precisión la respuesta. Y deberíamos saberla.
Porque una cosa son los días establecidos en el calendario y otra los días en que las clases efectivamente se llevan a cabo. Entre ambos hay una dimensión que pocas veces documentamos: las interrupciones de la continuidad educativa.
En Sinaloa, las interrupciones tienen causas distintas. Algunas son consecuencia de fenómenos naturales; otras, de problemas de infraestructura o servicios; algunas derivan de decisiones administrativas y otras de algo mucho más grave, como lo es la violencia y la inseguridad.
No todas tienen el mismo origen ni implican la misma responsabilidad. Tampoco requieren las mismas respuestas. Pero todas interrumpen tiempo de clases y pueden reducir oportunidades para aprender, convivir y participar.
Y estar en la escuela importa. Ahí se aprende a leer, escribir, comprender, resolver problemas y desarrollar habilidades. Pero también se convive, se participa, se construyen vínculos y se encuentra acompañamiento. En un estado que ha vivido meses particularmente difíciles por la violencia, para miles de niñas y niños la escuela también representa rutina, estabilidad, cuidado y un espacio de normalidad en medio de la incertidumbre.
Con frecuencia, las interrupciones aparecen en la conversación pública como acontecimientos aislados. Una lluvia aquí. Una balacera allá. Una falla eléctrica después. Separadas parecen excepciones. Acumuladas pueden revelar patrones, desigualdades territoriales y un problema público que necesita respuestas.
Precisamente para hacerlo visible, en Mexicanos Primero Sinaloa desarrollamos Días Sin Clases, una plataforma pública que busca responder tres preguntas sencillas: cuándo, dónde y por qué se interrumpen las clases presenciales en nuestro estado.
Recopilamos información pública y verificable proveniente de medios de comunicación, fuentes oficiales y reportes de las propias comunidades escolares. Pero contar interrupciones no es el objetivo final. Lo verdaderamente importante será entender qué nos dicen, dónde se repiten, cuáles son sus principales causas, qué territorios enfrentan mayores dificultades, qué situaciones pudieron prevenirse y qué respuestas podrían contribuir a evitarlas o reducirlas.
La respuesta puede requerir la participación de autoridades educativas, municipios, comunidades escolares, familias y organizaciones. La colaboración puede ser compartida; la responsabilidad de garantizar el derecho a aprender no puede diluirse. Corresponde al Estado.
De eso queremos hablar el próximo 2 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, cuando presentaremos públicamente Días Sin Clases en el Auditorio del Centro Sinaloa de las Artes Centenario, en Culiacán. Queremos compartir la plataforma, pero sobre todo abrir una conversación sobre lo que sus datos pueden decirnos acerca de las suspensiones escolares en Sinaloa.
El inicio de una nueva etapa en el gobierno de Sinaloa abre también una oportunidad. Graciela Domínguez Nava conoce de primera mano los desafíos de nuestras escuelas, antes de asumir como gobernadora interina estuvo al frente de la Secretaría de Educación Pública y Cultura. Ese conocimiento puede traducirse hoy en una prioridad clara, proteger la continuidad de la escuela y el derecho a aprender de niñas, niños y adolescentes.
Sinaloa necesita recuperar seguridad, confianza, convivencia y tranquilidad. Y quizá la escuela sea uno de los mejores lugares para comenzar.
Medir no resuelve por sí mismo un problema. Pero permite visibilizarlo, seguirlo y exigir respuestas. Detrás de cada interrupción hay tiempo de escuela, convivencia y oportunidades para aprender que dejan de estar disponibles para niñas y niños. Ese tiempo no regresa. Por eso, cada día sin clases cuenta.

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