Hoy escribo sobre el Nivel Socioeconómico (NSE) que es la norma desarrollada por la Asociación de Agencias de Investigación de Mercado y Opinión (AMAI). Está basada en el desarrollo de un modelo estadístico que permite clasificar a los hogares de una manera objetiva y cuantificable de acuerdo con su Nivel Socioeconómico.
La AMAI es el organismo encargado de mantener la transparencia y calidad en la investigación de mercados en México, estableciendo estándares de calidad y de niveles socioeconómicos. Se fundó en 1992 y es una organización independiente que agrupa a las empresas mexicanas que realizan investigación de mercados, opinión y comunicación. Se ocupa del establecimiento de normas de calidad y estándares comunes en métodos, técnicas, terminología y criterios de análisis que estén relacionados con la investigación de mercado en México. Su enfoque es realizar encuestas, entrevistas y estadísticas que puedan servir para investigar al mercado y la opinión pública en nuestro país.
El primer índice NSE de la AMAI se conoció en 1994 y el último corresponde al 2024. Se construye con información que se obtiene de los Censos de Población y Vivienda y, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). El NSE es muy importante porque gracias a él se cuenta en México con un modelo de asignación de nivel socioeconómico, lo cual ayuda a que las agencias que hacen investigación usen un estándar para este indicador. Creo que el NSE bien podría aprovecharse para otros fines como la instrumentación de políticas públicas. Trataré de mostrar por qué.
La AMAI define al Nivel Socioeconómico como el nivel de calidad de vida que tiene un hogar y que todos sus miembros comparten, y permite determinar qué tan cubiertas están las necesidades de espacio, sanidad, practicidad, entretenimiento, comunicación y, planeación y futuro en un hogar, por lo que se evita en este sentido hacer comparaciones que pueden no ser válidas utilizando los ingresos. Se considera que en la determinación del Nivel Socioeconómico el ingreso es un componente muy importante, pero no es determinante.
Dicho de otra manera, el Nivel Socioeconómico está determinado por el bienestar o calidad de vida del hogar y no necesariamente significa un nivel de ingreso, un estilo de vida o un estatus social. Esto significa que el ingreso es un componente importante de la calidad de vida, pero las características sociales del hogar como la educación de sus miembros o sus conocimientos y habilidades para manejar los recursos con los que cuentan pueden modificar el bienestar o la calidad de vida que da un determinado ingreso. Los estilos de vida incluyendo las prácticas culturales, los hábitos, los gustos y las preferencias no necesariamente están relacionados con un determinado ingreso y por tanto no son determinantes en su definición. El estatus o prestigio social tampoco son un determinante del Nivel Socioeconómico. Generalmente estas son actitudes que responden a prejuicios o preconceptos que no tienen fundamento.
Actualmente la AMAI clasifica a los hogares utilizando la “Regla AMAI 2024”. Esta regla es un algoritmo desarrollado por el comité de Niveles Socioeconómicos que permite estimar el nivel de satisfacción de las necesidades más importantes del hogar. La regla produce un índice que clasifica a los hogares en siete niveles, considerando seis características y bienes del hogar además de la escolaridad del jefe del hogar. Los niveles son A/B (MUY ALTO), C+ (ALTO), C (MODERADAMENTE ALTO), C- (MEDIO), D+ (MODERADAMENTE BAJO), D (BAJO) y E (MUY BAJO). Las variables son la Escolaridad del jefe del hogar, el Número de dormitorios, el Número de baños completos, el Número de personas ocupadas de 14 años y más, el Número de autos y, la Tenencia de internet fijo. La identificación de los niveles se hace para las viviendas del país, por entidades federativas, municipios y localidades. En esta colaboración, analizo la información del NSE para el país y sus entidades federativas. Considerando lo relevante que puede resultar concentrar este análisis en los ámbitos urbanos, también reviso y comparo la ubicación de los niveles del NSE en las viviendas de las localidades urbanas que son capitales de las entidades federativas del país. Observo además la distribución de los niveles en las viviendas de los municipios de Sinaloa.
El nivel socioeconómico A/B (MUY ALTO) se caracteriza por su alto poder adquisitivo y una serie de indicadores que reflejan un estándar de vida elevado. En este nivel, el 78% de los jefes de familia de los hogares tienen estudios profesionales o posgrado. Esto sugiere una fuerte inversión en educación y una base sólida de conocimientos. Se considera que el 72% de las viviendas tienen al menos 3 dormitorios, lo que indica un espacio amplio y cómodo para la familia. Además, un 70% de estas viviendas cuentan con al menos dos automóviles, lo que refleja una movilidad y comodidad significativas. En este nivel socioeconómico, prácticamente todos (99%) los hogares cuentan con acceso a internet, lo que es fundamental en la era digital actual. Esto facilita la comunicación, el trabajo y el acceso a información. Además, el 32% de los hogares tiene al menos 2 computadoras, lo que sugiere una adopción activa de tecnología y acceso a herramientas digitales.
El nivel socioeconómico C+ (ALTO) se caracteriza porque el 69% de los jefes de hogar tienen al menos estudios de preparatoria, lo que indica un nivel educativo intermedio. El 53% de las viviendas cuenta con al menos 3 dormitorios, lo que sugiere un espacio adecuado para la familia. Además, un 35% de estas viviendas tiene al menos dos automóviles, lo que refleja una movilidad y comodidad razonables. En este caso, el 98% de los hogares tiene internet fijo en la vivienda, lo que es fundamental para la comunicación, el trabajo y el acceso a información. Un 13% de los hogares tiene al menos dos computadoras, lo que muestra una adopción moderada de tecnología. En cuanto al gasto, poco menos de la tercera parte del ingreso (32%) se destina a alimentación.
El nivel socioeconómico C (MODERADAMENTE ALTO) se caracteriza porque el 79% de los jefes de hogar tiene al menos estudios de secundaria o más, lo que indica un nivel educativo básico o intermedio. El 41% de las viviendas tiene al menos 3 dormitorios, lo que sugiere un espacio adecuado para la familia. El 92% de los hogares tiene internet fijo en la vivienda, lo que es fundamental para la comunicación, el trabajo y el acceso a información. Además, un 6% de los hogares tiene al menos dos computadoras, lo que muestra una adopción básica de tecnología. En cuanto al gasto, el 36% se destina a alimentación y el 18% de los hogares tiene al menos dos automóviles.
El nivel socioeconómico C- (MEDIO) se caracteriza porque el 67% de los jefes de hogar en este nivel tiene estudios máximos de secundaria, lo que indica un nivel educativo básico. El 78% de las viviendas habitan en viviendas con uno o dos dormitorios, lo que sugiere un espacio más limitado en comparación con niveles superiores. El 80% cuentan con internet fijo en la vivienda, lo que es fundamental para la comunicación y el acceso a información. Además, el 28% de los hogares tiene al menos una computadora, lo que muestra una adopción básica de tecnología. En cuanto al gasto, cerca del 38% se asigna a alimentación, y el 20% se destina al transporte.
El nivel socioeconómico D+ (MODERADAMENTE BAJO) se caracteriza porque el 76% de los jefes de hogar tiene estudios hasta secundaria, lo que indica un nivel educativo básico. Ocho de cada 10 hogares habitan en viviendas con a lo sumo 2 dormitorios, lo que sugiere un espacio más limitado en comparación con niveles superiores. El 57% de los hogares cuenta con conexión fija a internet, lo que es fundamental para la comunicación y el acceso a información. Solamente el 16% de los hogares tiene al menos una computadora, lo que muestra una adopción básica de tecnología. En cuanto al gasto, el 42% se destina a alimentación, y el 18% al transporte.
El nivel socioeconómico D (BAJO) se caracteriza porque el 55% de los jefes de hogar en este nivel tiene estudios hasta primaria, lo que indica un nivel educativo básico. El 87% de las viviendas en donde habitan tienen uno o dos dormitorios, lo que sugiere un espacio más limitado en comparación con niveles superiores. Solamente el 17% de los hogares tiene internet fijo en la vivienda, lo que muestra una baja conectividad. Un 4.1% de los hogares tiene al menos una computadora, lo que refleja una adopción mínima de tecnología. En cuanto al gasto, poco menos de la mitad (46%) se destina a alimentación. Esto sugiere una priorización de necesidades básicas.
El nivel socioeconómico E (MUY BAJO) se caracteriza porque el 83% de los jefes de hogar en este nivel tiene estudios hasta primaria, lo que indica un nivel educativo básico. Siete de cada diez viviendas tienen solamente un dormitorio, lo que sugiere un espacio más limitado en comparación con niveles superiores. Además, el 82% de estas viviendas no cuentan con baño completo, lo que refleja condiciones de vida más modestas. La tenencia de internet en la vivienda es muy baja (0.3%), lo que muestra una falta de acceso a la red. Prácticamente no cuentan con computadora en la vivienda. En cuanto al gasto, más de la mitad (52%) se asigna a alimentación, y solo el 3% se destina a educación.
En México el nivel (NSE) predominante es el D (25.4%), lo que significa que poco más de una cuarta parte de los hogares o viviendas se caracteriza porque en ellas el 55% de los jefes de hogar tiene estudios hasta primaria, el 87% de las viviendas tienen uno o dos dormitorios, solamente el 17% de los hogares tiene internet fijo en la vivienda, un 4.1% de los hogares tiene al menos una computadora y, del gasto, poco menos de la mitad (46%) se destina a alimentación. Se trata de un nivel BAJO. Le sigue en importancia el nivel C- (16.4%) y la participación más baja corresponde al nivel A/B (7.3%).
Por entidades federativas, de peor a mejor posición, en 26 el nivel predominante es el D (BAJO), en 2 (Coahuila y Nuevo León) es el C- (MEDIO) y en 4 (Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur y Querétaro) es el C (MODERADAMENTE ALTO). De las ubicadas en el D, las peores situaciones corresponden a Chiapas, Guerrero, Tabasco y Oaxaca ya que en ellas, respectivamente, el 44%, el 37, el 36 y el 36% de las viviendas son ocupadas por jefes de familia que tienen estudios de primaria y estas mayormente tienen uno o dos dormitorios. Las viviendas no cuentan con internet y la mayor parte del ingreso de las personas que en ellas habita se gasta en alimentación.
En el nivel A/B (MUY ALTO) los mayores porcentajes corresponden a Aguascalientes (13%), Nuevo León (12%) y Baja California Sur (12%). Esto significa que en estas entidades en poco más de 10 hogares de cada 100, el poder adquisitivo es alto y mayormente los jefes de familia tienen estudios profesionales o posgrado. En las viviendas generalmente se tienen al menos 3 dormitorios y al menos dos automóviles. En el otro extremo, en el nivel E (MUY BAJO), los mayores porcentajes son para Guerrero (20%), Oaxaca (20%) y Chiapas (19%), lo que significa que en esas entidades en 2 de cada 10 hogares la escolaridad de los jefes de familia es mayormente de estudios de primaria, las viviendas tienen solamente un dormitorio, no cuentan con baño completo y tampoco cuentan con computadora en la vivienda.
Dado que el análisis realizado por entidad federativa examina la situación tanto en localidades urbanas como rurales, me pareció conveniente observar el comportamiento del NSE considerando solo las ciudades capitales de cada entidad para centrar la atención en las zonas urbanas de cada región. Encontré que hay 11 ciudades capital en donde el nivel predominante es el D (BAJO). Son los casos de Campeche, Tuxtla Gutiérrez, Colima, Durango, Chilpancingo, Tepic, Oaxaca, Puebla, Chetumal, Villahermosa y Tabasco. En 6 el nivel predominante es el C (MODERADAMENTE ALTO). Se trata de las ciudades de Aguascalientes, Mexicali, La Paz, Chihuahua, Saltillo y Hermosillo. En el resto (15), el nivel predominante es el C+ (ALTO). Sucede en las ciudades de Guanajuato, Pachuca, Guadalajara, Toluca, Morelia, Cuernavaca, Monterrey, Querétaro, San Luis Potosí, Culiacán, Ciudad Victoria, Tlaxcala, Mérida, Zacatecas y CDMX.
En este último grupo, los mayores porcentajes de viviendas en el nivel C+ corresponden a Querétaro (22.5%) y Culiacán (21.5%). Para las ciudades capitales, el mayor porcentaje de viviendas en el nivel A/B (ALTO) se presenta en Monterrey (19.8%), mientras que el mayor porcentaje en el nivel E (MUY BAJO) corresponde a Chilpancingo (8.7%).
Termino con un análisis del NSE exclusivamente para Sinaloa. Encuentro que en todos los municipios el nivel predominante es el D (BAJO) y los porcentajes más altos en este nivel se presentan en Badiraguato (46.6%) y Sinaloa (45.1%). Los mayores porcentajes en el nivel A/B (MUY ALTO) corresponden a los municipios de Culiacán (10.3%) y Mazatlán (7.2%), mientras que los porcentajes más altos en el nivel E (MUY BAJO) están en Choix (28.8%) y Badiraguato (22.1%). Al observar el comportamiento del indicador NSE en las ciudades capitales de los municipios más importantes de la entidad, encontré que el nivel predominante en Los Mochis es el C (MODERADAMENTE ALTO), en Mazatlán el D (BAJO) y en Culiacán el C+ (ALTO).
Me quedo con la idea de que la medición del Nivel Socioeconómico (NSE) elaborada por la AMAI, sin sustituir la medición oficial de la pobreza ahora realizada por el INEGI, bien puede utilizarse como un valioso insumo complementario para el diseño focalizado e instrumentación de políticas públicas, aunque con ciertas reservas metodológicas y de propósito frente a las mediciones oficiales de pobreza y bienestar. La regla de NSE de la AMAI emplea un algoritmo basado en variables del hogar (como escolaridad, número de baños, autos o internet) que resulta rápido de aplicar en campo y genera un lenguaje homogéneo. Además, permite realizar estimaciones georreferenciadas a nivel municipal, colonia, AGEB o manzana al cruzarse con datos censales del INEGI, ayudando a ubicar carencias de infraestructura y equipamiento urbano. Al evaluar dimensiones prácticas del hogar más allá del ingreso monetario inmediato, ayuda a entender mejor las condiciones de vida y acceso a servicios. Considero que convendría explorar y aprovechar más estas mediciones.

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