Culiacán, Sinaloa.- La violencia no solo se mide en homicidios o delitos. También se refleja en los empleos que se pierden, en las personas que dejan sus comunidades, en los negocios que cierran, en los jóvenes que buscan oportunidades fuera del estado y hasta en los lugares que dejan de recorrerse.
Esa fue una de las reflexiones que se realizaron durante el conversatorio El Territorio que nos han robado, realizado como parte del Festival Espejo 2026, donde especialistas analizaron cómo la crisis de seguridad se ha mezclado con problemas económicos, migración, desplazamiento y pérdida de espacios naturales en Sinaloa.
Durante su participación, la doctora en Economía Cristina Ibarra expuso que algunas de las pérdidas provocadas por la actual situación no son fáciles de medir, aunque existen indicadores que permiten dimensionar el impacto.
De acuerdo con los datos que presentó, Sinaloa acumula una caída aproximada de 1.6 por ciento del Producto Interno Bruto, equivalente a alrededor de 7 mil millones de pesos. También señaló que, al comparar agosto de 2026 con agosto de 2024, el estado registra una importante pérdida de empleo formal.
Ibarra explicó que, mientras en agosto de 2025 Sinaloa acumulaba alrededor de 100 mil empleos formales perdidos respecto a 2024, actualmente la cifra acumulada ronda los 27 mil empleos, una situación que, dijo, refleja que la economía todavía no logra recuperarse.
A esto se suma la pérdida de alrededor de 4 mil 800 patrones registrados, así como un rezago en materia salarial y un incremento de 32 por ciento en el costo de la violencia en los hogares, según los datos expuestos durante el conversatorio.
La crisis económica también alcanza sectores como la construcción, la pesca, la acuacultura, el campo, los restaurantes y el alojamiento. En el caso de la construcción, Ibarra señaló que es uno de los sectores más afectados en materia de empleo formal, mientras que la pérdida de actividad también alcanza a trabajadores independientes como albañiles, plomeros y electricistas.
En turismo, expuso una reducción en el número de pasajeros en los aeropuertos de Culiacán y Mazatlán, situación que también representa una pérdida de derrama económica.
Ibarra señaló además que Culiacán ocupa actualmente uno de los primeros lugares a nivel nacional en percepción de inseguridad, cuando en años anteriores se encontraba en una posición mucho más baja.
Explicó que todos estos factores se van retroalimentando entre sí, desde la población que se fue o continúa siendo desplazada hasta las familias que tienen un integrante asesinado o un familiar desaparecido.
La falta de confianza en las instituciones
Por su parte, Óscar Fidel González, especialista en seguridad pública, derechos humanos y procuración de justicia, planteó que la seguridad debe entenderse como un fenómeno multidimensional y que uno de los problemas centrales es la pérdida de confianza en las instituciones.
Explicó que, uno de los retos es que las instituciones locales recuperen capacidad para responder por sí mismas ante las crisis, pues la presencia de autoridades federales en Sinaloa también evidencia las dificultades que enfrentan las instituciones locales para articular una respuesta propia frente a la situación de seguridad.
Ante este escenario, consideró necesario fortalecer las instituciones con recursos, pero también mejorar la transparencia en el uso de esos recursos y, sobre todo, recuperar la confianza entre ciudadanía y autoridades.
González Mendívil advirtió que la crisis de seguridad no ocurre de manera aislada, sino que coincide con una situación económica mundial de incertidumbre y con problemas ambientales que también están afectando las condiciones de vida.
El territorio también se pierde
Desde otra perspectiva, Juan Carlos Dehesa Mitre, biólogo y director de Guaiacum A.C, habló de cómo el crecimiento de las ciudades también ha ido alejando a las personas de los espacios naturales que forman parte de su vida cotidiana.
Señaló que Culiacán sigue creciendo hacia las orillas, muchas veces sin suficiente planeación para convivir con el entorno, mientras los problemas de seguridad y la falta de recursos también terminan afectando a las comunidades.
“¿Qué vino a agravar la guerra? Muchas personas han sido desplazadas y al ser desplazadas es un fenómeno que se aplica en todo el mundo para apropiarse de cosas, de recursos naturales, de recursos híbridos, Si no abrimos los ojos posiblemente culiacán sea víctima de la pérdida de sus cuencas y sus bosques, para abrir paso a empresas que extraigan recursos de ahí”, dijo.
Ante ello, Dehesa Mitre llamó a recuperar el vínculo con el territorio y a conocer lo que existe en Sinaloa, desde sus ríos y montañas hasta sus plantas, animales y otros espacios naturales, señalando que, cuando se deja de conocer y valorar lo propio, también se vuelve más fácil perderlo.
Además, advirtió que la pérdida de estos espacios no solo significa dejar atrás un paisaje, sino también recursos necesarios para vivir, como el agua, los alimentos y otros servicios que brinda la naturaleza.
Al cierre del conversatorio, una de las coincidencias entre las intervenciones fue que la situación que enfrenta Sinaloa no puede entenderse desde un solo problema, ya que la violencia, la pérdida de empleos, la salida de población, el desplazamiento y el deterioro ambiental forman parte de fenómenos que se relacionan entre sí y que terminan modificando la manera en que las personas viven y se relacionan con su territorio.
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