El pasado 10 de enero el periódico La Jornada publicó una nota informativa sobre un acuerdo al que habían llegado pescadores de la presa Luis Donaldo Colosio (Huites) y la yComisión Nacional del Agua (Conagua), para garantizar que el embalse contenga al menos 6.5% de su capacidad de almacenamiento para que la pesca pueda realizarse, evitando que colapse la actividad como ocurrió el año anterior.

​La información de La Jornada establece que, según el testimonio de los pescadores originarios del municipio de Choix, en noviembre anterior la presa Huites se secó hasta el 1.3 por ciento de su capacidad(40.3 millones de metros cúbicos de agua). Fue tan pobre el recurso que millones de lobinas y tilapias que estaban próximas a comercializarse murieron, generando grandes pérdidas económicas y el colapso de una actividad de sustento que se ha realizado en esta presa, así como en otras, durante décadas.

La buena noticia para este año es que la Conagua por fin atendió los reclamos de los pescadores y accedió a mantener un mínimo de agua en la presa, equivalente a 250 millones de metros cúbicos(alrededor del 6.5%), para que los pescadores puedan recuperar la actividad y paulatinamente se generen ganancias para las miles de familias que viven de la actividad.

​Recordemos que el año anterior fue la cúspide de una sequía permanente que asoló a Sinaloa desde 2020, y que logró que las presas de la entidad estuvieran por debajo del 10 por ciento de su almacenamiento total durante el primer trimestre de 2025. El panorama fue apocalíptico y pintaba para una catástrofe hídrica que incluiría al consumo humano, agotando las reservas subterráneas del líquido.

La pesca de sustento y deportiva, así como la agricultura intensiva que se realiza en el estado, fueron los sectores más golpeados por esa sequía, y en algunas ciudades del centro norte del estado, así como en Culiacán (pero disfrazado de fallas o mantenimientos), comenzó a tandearse el agua en distintas colonias.

Por fortuna el 2025 también trajo una atípica temporada de precipitaciones, que recuperaron un poco el agua de las 13 grandes presas de la entidad, y le dieron un respiro a los ya estresados mantos freáticos y cuencas de la región; un respiro que logró la recuperación de las presas por encima del 50 por ciento de su capacidad total de almacenamiento y que, en un descuido, pero sobre todo en un uso y distribución irresponsable del recurso, nos volveremos a quedar sin agua, ya que al día de ayer la Conagua reportó que las presas en Sinaloa tenían un 37.6% de almacenamiento, cifra que viene bajando durante este mes y que promete acentuarse con la entrada de la temporada de estiaje.

Culpar a la industria agrícola y su voracidad, enmascarada con el slogan “el granero de México”, es sólo observar la parte más visible del problema sobre el uso y la distribución del agua, y aunque ciertamente la agroindustria extractiva contamina, erosiona y esteriliza miles de hectáreas, deforesta vegetación nativa y genera riquezas para unos cuantos, en lo que se refiere al agua ya tiene más competidores.

En otras columnas hemos mencionado que el 94% del agua en Sinaloa se destina a la agricultura, el 3% al sector industrial y el restante para el consumo humano. El “agua de todas y todos los mexicanos” es en la práctica para un sector que produce alimentos que abastecen al mercado internacional y, a veces con lo sobrante o con lo que nadie compra en Estados Unidos, vende los alimentos en México.

Ese 37% de agua que actualmente tenemos en las presas debe ser una advertencia de que hay poco recurso para muchos usuarios, que la voracidad de la industria agrícola y el inadecuado e irresponsable uso del agua debe regularse y frenarse; sin embargo, también hay que agregar en la fórmula otras variables para entender que el problema es multifactorial, y será la herencia para los siguientes años, lo que nos obliga a cambiar de modelo sobre el uso y la distribución del agua.

Además de la agricultura como el gran consumidor de agua en Sinaloa, debe agregarse el aumento poblacional, específicamente de las grandes ciudades como Culiacán, que ya tiene un millón de habitantes; a mayor número de personas hay más demanda de agua, de alimentos, de servicios y de infraestructura que requieren del líquido para crearse y operarse. La industria es otro usuario en crecimiento, con proyectos altamente invasivos y contaminantes que pretenden instalarse en la bahía de Ohuira y Topolobampo, lo que podría disparar el consumo de agua. También existen otros proyectos en los puertos de Mazatlán y Topolobampo que buscan impulsar al sector industrial.

El turismo es un actor que antes era poco visible porque Mazatlán no representaba una preocupación en cuanto al gasto hídrico, pero el desarrollo de proyectos carreteros y el exponencial crecimiento de la oferta inmobiliaria, han hecho que el puerto esté en números rojos en cuanto a sus reservas de agua, a pesar de que la panacea de la presa Picachos prometió el recurso para los próximos 50 años.

Finalmente, el actor más importante y que pondrá de rodillas a la agricultura, a la pesca de embalses y estuarina, a la industria, la minería, la ganadería, al turismo y al consumo rural y urbano, es el cambio climático, con sus caprichosas fluctuaciones que, en el último lustro generaron una terrible sequía en Sinaloa, pero que en una sola temporada de lluvias (2025) reparó un poco el daño causado; aunque para este ciclo promete ser abrasador, ardiente, por el enero caluroso que estamos pasando y por las proyecciones científicas de que la sequía se avecina.

Es necesario que el conocimiento científico generado por las expertas y expertos en Sinaloa, respecto a las actividades productivas y la reserva de recursos naturales para poder desarrollarlas sustentablemente, sean consultados por los gobiernos para evitar la catástrofe que por poco nos llega el año anterior. No es sostenible seguir gastando millones de pesos en una avioneta que “bombardea” nubes y milagrosamente cae la lluvia, con el resonado eco de los medios de comunicación, eso es pan y circo, la verdad es que mientras las nubes bombardeadas milagrosamente “generan lluvias”, los depósitos de agua superficiales y subterráneos se agotan.

Las y los científicos de este estado sabemos cómo generar actividades productivas e industriales que garanticen una mínima asignación de agua para cada usuario, porque este mes fueron los pescadores de Choix los que lograron que les apartaran un “pedacito de agua” de la presa, luego vendrán las otras actividades a exigir su cuota y nosotros, que tomamos y comemos el agua, ¿cómo y cuándo pediremos nuestro pedacito para poder vivir?

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