Mi abuela solía repetir este dicho: “el casado casa quiere”. En México la posibilidad de adquirir una casa o departamento es complicada, en 2025 el valor promedio de una vivienda en México fue de entre $1,200,000 pesos y $1,862,524. Para los que ya son dueños, los datos de la Sociedad Hipotecaria Federal dan buenos números: en el segundo semestre de 2025, el valor de las viviendas aumentó 8.7%, y en zonas metropolitanas como Guadalajara y Monterrey aumentó aún más.
Según datos de la SHF, el 25% de los créditos hipotecarios solicitados en México fueron por un monto menor o igual a $775,796 pesos, pero según el reporte la media nacional se mantuvo en $1´200,000 lo que nos hace ver que en México hay muy poca vivienda con un costo menor al millón de pesos, en cambio el valor promedio de la vivienda para las operaciones con financiamiento hipotecario es de 1.2 millones. Valores muy difíciles de cubrir para la gran mayoría de los mexicanos.
El gobierno federal reconoce un déficit de vivienda por el orden de 9 millones de unidades. Es decir, más de nueve millones de familias buscan una vivienda propia, pero no hay opciones en el mercado, las que existen son inaccesibles para el monto de los créditos y la industria de la construcción no tiene incentivos para desarrollar proyectos de interés social. En las grandes ciudades se desarrolla vivienda con valor superior al millón de pesos, pero el poder adquisitivo promedio de los trabajadores mexicanos está casi 250 o 300 mil pesos por debajo de ellos según INFONAVIT.
Hace 10 años -en 2015- se construyeron en el país 301,886 viviendas de interés social, en 2025 este tipo de vivienda adquiribles con créditos gubernamentales accesibles apenas llegaron a las 124,793 según el registro único de vivienda. No hay en México interés por desarrolladores para la construcción de vivienda de bajo costo, según los expertos, el aumento en el valor de los terrenos y los materiales para construcción, la lejanía de los mismos de las zonas urbanas y la falta de inversión gubernamental en servicios públicos, hacen prácticamente imposible que un desarrollador pueda iniciar un proyecto de vivienda de interés social.
Desde la otra cara de la moneda, los pequeños propietarios tuvieron un alivio en 2025. El valor de la vivienda en México aumentó, en algunos casos más que el valor del interés de los créditos de algunos bancos. Los municipios en los que las viviendas tuvieron mayor incremento fueron: Benito Juarez -Cancún- Quintana Roo con 14%, Tlaxcala y Apizaco con 13.9%, Los Cabos y la Paz en Baja California 13.1, Tepic en Nayarit con 12.3%.
En Sinaloa, desafortunadamente para los dueños y afortunadamente para los que buscan vivienda, Mazatlán y Culiacán quedaron por debajo del valor de crecimiento de la media nacional de 8.7%. En la convulsa capital sinaloense el aumento fue apenas del 6.8%, mientras que en el visitado puerto de Mazatlán el incremento fue menor y quedó en 6.2%. Si comparamos el puerto con otros municipios de vocación turística como Cancún 14%, Solidaridad 12.4%, Los Cabos 13.1%, La Paz 12%, Manzanillo 11.4%, Bahía de Banderas 11.3%, nos quedamos muy lejanos del incremento de plusvalías en otros destinos turísticos.
El gobierno de Claudia Sheibaum anunció un aumento en la inversión pública para la construcción de viviendas de interés social, de aquellas que puedan estar al alcance de compra de la mayoría de los trabajadores mexicanos. La política nacional de vivienda busca intervenir en la brecha de mercado que está abierta y pinta para agudizarse, desafortunadamente, 2025 no fue un año ejemplar, más allá de lo anunciado, los proyectos no se han concretado y año con año, más familias se suman al déficit.
El programa nacional de vivienda contempla para Sinaloa hasta 67,648 unidades en los municipios de Choix, Guasave, Salvador Alvarado, Culiacán, Mazatlán y Concordia. El tipo de unidad habitacional contemplada para nuestra entidad será vertical, de 60mt2, con un valor estimado de 1.2 millones de pesos pero con un subsidio de 550 mil pesos, lo que deja un buen margen de valor para las familias adquirientes, pero lo más importante, cumple el sueño patrimonial de las familias que “casa quieren”.
Si la meta se logra, debemos pensar que aún quedarían más de 432,000 familias faltantes de vivienda propia, el déficit en Sinaloa se estima en 500,000 viviendas. Cierto es que no todas tienen la posibilidad real de acceso en ningún tipo de financiamiento social. En cambio, según la CEMIC, en Sinaloa la demanda de vivienda de clase media, media alta y alta, se redujo drásticamente por motivos de la guerra entre fracciones. En Sinaloa casas y departamentos tenemos en mercado, pero no para el perfil de clientes que se construyeron, o dicho de otra manera; casas hay, pero no para las que nos alcanza. Luego le seguimos…
Comentarios: [email protected]

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.