Hoy escribo sobre la llamada Pobreza de Tiempo. Empezaré por precisar qué es y, cuándo y cómo surgió su valoración y medición. En términos muy sencillos, la pobreza de tiempo es un indicador social que muestra la falta de tiempo libre. Se presenta cuando las horas que las personas dedican al trabajo remunerado, traslados y cuidados del hogar absorben tanto el día que se carece de tiempo para el descanso, el autocuidado, el desarrollo personal o el ocio. Afecta a personas de distintos niveles socioeconómicos ya que mientras en el caso de los sectores vulnerables se debe a la necesidad de tener múltiples empleos para subsistir, en sectores de mayores ingresos suele ser provocada por culturas laborales super exigentes.
Otra definición señala que la pobreza de tiempo es un concepto sociológico y económico que describe la situación de aquellas personas que viven crónicamente desbordadas, trabajando tantas horas (ya sea en empleos remunerados, cuidados familiares o trabajo doméstico) que les resulta imposible tener tiempo libre para el descanso, el autocuidado o el desarrollo personal. Difiere de la pobreza tradicional (donde la carencia es el dinero o los bienes materiales), porque en este caso el recurso escaso es el tiempo. A diferencia de la pobreza económica, una persona con un ingreso estable o alto puede ser pobre en tiempo si su empleo absorbe todas sus horas y la mantiene en un estado constante de estrés.
Es importante saber que este fenómeno afecta desproporcionadamente a las mujeres, quienes suelen sumar al empleo formal una alta carga de trabajo doméstico y de cuidados no remunerados, limitando su autonomía temporal y desarrollo. Muchas mujeres enfrentan una doble carga porque realizan jornadas laborales completas y, al llegar a casa, asumen la mayor parte de las tareas del hogar y de cuidados sin recibir remuneración. La pobreza de tiempo provoca altos niveles de fatiga, afecta la salud mental y física, e impide la participación en actividades sociales o políticas. También está asociada con problemas cardiovasculares y un sistema inmunológico debilitado.
El término fue utilizado por primera vez en 1977 por la economista estadounidense Clair Vickery en un artículo que se tituló Los pobres de tiempo: una nueva perspectiva sobre la pobreza. Su objetivo era demostrar que la medición tradicional de la pobreza cometía un grave error al enfocarse únicamente en los ingresos económicos ya que para mantenerse por encima de la línea de pobreza, un hogar necesita tanto dinero como tiempo para realizar tareas domésticas y de cuidado (cocinar, limpiar, cuidar niños). Como ejemplo, una madre soltera con dos empleos puede superar el umbral mínimo de ingresos, pero al carecer de tiempo para descansar o cocinar de forma saludable, cae en una pobreza invisible.
Después, en 1978, Dagfinn As complementó el concepto clasificando el tiempo humano en cuatro categorías estrictas. El tiempo necesario, que se refiere al que se destina a las necesidades biológicas (dormir, comer, salud); el tiempo contratado dedicado al trabajo remunerado y los traslados hacia este; el tiempo comprometido que incluye las tareas del hogar, compras y cuidados no pagados y; el tiempo libre que es el remanente de tiempo para el ocio y el descanso. La escasez extrema en este último rubro define formalmente la pobreza de tiempo.
La pobreza de tiempo, la causan, entre otros factores, los salarios bajos y la necesidad de tener múltiples empleos, el trabajo de cuidados no remunerado y la falta de servicios públicos. La pobreza de tiempo se presenta cuando no hay guarderías disponibles y cuando el transporte es ineficiente. La ONG Human Act Foundation considera que en el caso de quienes también son víctimas de la pobreza económica, tienen que hacer largas filas y recorrer mayores distancias para ir al trabajo. Señala que aunque la pobreza de tiempo no discrimina condición económica, las personas de los estratos superiores de ingreso pueden “comprar tiempo” subcontratando tareas domésticas, contratando niñeras, pidiendo comida a domicilio o utilizando transporte público más rápido. Los pobres deben hacerlo todo por sí mismos y se enfrentan a los sistemas lentos, la burocracia y la infraestructura poco fiable lo que les consume horas valiosas. Mientras una persona aprovecha su hora libre para aprender una nueva habilidad, la otra la pasa esperando el autobús.
En el mundo, los países con menor pobreza de tiempo son aquellos que mejor equilibran la vida y el trabajo. Destacan Países Bajos, Dinamarca, Noruega y Alemania. Países Bajos porque tiene la semana laboral promedio más corta del mundo (aprox. 32 horas), permitiendo un tiempo libre y de descanso excepcional. Dinamarca porque cuenta con una de las semanas laborales estándar más cortas y una fuerte cultura de respeto por el horario de salida y los días de vacaciones. En Noruega se combinan jornadas laborales cortas con políticas públicas sólidas de bienestar y licencias parentales. Alemania ofrece un promedio de jornada laboral de alrededor de 34 horas semanales con alta productividad, además de leyes estrictas sobre la desconexión digital fuera del trabajo.
En contraste, los países de América Latina tienen las tasas más altas de pobreza de tiempo. Países como México, Colombia y Costa Rica superan las 2,100 horas laborales al año, debido, entre otros factores, a la existencia de sistemas de transporte deficientes y una baja oferta de cuidados públicos, lo que provoca que más del 60% de su población carezca de tiempo libre. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la pobreza de tiempo presenta los niveles más altos en México, Colombia, Argentina, Turquía, Grecia y Japón. México lidera los rankings de la OCDE en menor tiempo dedicado al ocio y al autocuidado, con un promedio de apenas 12.75 horas semanales. Además, un porcentaje significativo de la población laboral (especialmente en zonas como Monterrey y CDMX) enfrenta jornadas superiores a las 48 horas semanales y largos tiempos de traslado. Colombia y Argentina destacan en América Latina con altas proporciones de su población laboral (superando el 30%) inmersa en dinámicas de sobrecarga de trabajo y escasez de tiempo libre. Turquía y Grecia, junto con México, suelen encabezar las mediciones de la OCDE sobre los peores equilibrios entre la vida laboral y personal, y una fuerte brecha de género en el trabajo no remunerado. Japón, aunque con altos ingresos, destaca entre las economías desarrolladas por altos niveles de pobreza de tiempo, especialmente agravados por una brecha de género donde las mujeres realizan hasta 5.5 veces más trabajo no remunerado que los hombres.
En México, de acuerdo con algunos criterios de medición, se estima que la pobreza de tiempo afecta a más del 66% de la población, impactando de manera desproporcionada a las mujeres y a los sectores vulnerables. Hay estudios que consideran que las entidades federativas con mayor pobreza de tiempo son las del sur y centro del país. Son los casos de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y el Estado de México. En ellos, las mujeres dedican una cantidad de horas significativamente mayor al trabajo no remunerado, limitando su autonomía y tiempo libre. En cambio las entidades federativas con menor pobreza de tiempo son las del norte del país como Baja California, Baja California Sur, Nuevo León y Sonora que suelen registrar un menor promedio de horas semanales dedicadas a cargas combinadas extenuantes.
En términos generales, en esta medición resulta clave considerar que en todas las entidades, las mujeres son quienes asumen la mayor carga de trabajo no remunerado, que las personas con ingresos más bajos suelen requerir más horas de trabajo para subsistir (ya sea en empleos informales o múltiples jornadas) y que las entidades con mayor población originaria, particularmente en zonas rurales de Chiapas o Guerrero, registran las tasas más altas de pobreza de tiempo.
Otra forma de evaluar la pobreza de tiempo revela que en México esta afecta a 84.2 millones de personas, lo que equivale a seis de cada 10 mexicanos que carecen de la autonomía para decidir libremente cómo utilizar su día. A nivel nacional, el promedio de la jornada de trabajo y traslados combinados suma 59.6 horas a la semana. Además de las regiones con mayor marginación ya señaladas, en la Ciudad de México el 57% de la población experimenta pobreza de tiempo. Esto sucede porque en las zonas metropolitanas del país, el tiempo promedio invertido tan solo en traslados en transporte público es de 3 horas diarias, lo que comprime el tiempo de convivencia familiar a veces a tan solo 2 horas al día. Por eso, entidades con zonas conurbadas e industriales (como el Estado de México, Guanajuato y Nuevo León) presentan tasas muy elevadas de pobreza de tiempo debido a las largas distancias de traslado y las jornadas laborales prolongadas que exige el sector industrial y de servicios.
Para medir la pobreza de tiempo, en México se cuenta con la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) que elabora el INEGI. La ENUT proporciona información sobre la forma como usan su tiempo los hombres y las mujeres, así como la percepción de su bienestar. La ENUT incluye información acerca de la población de 12 años y más de áreas urbanas, rurales e indígenas y tiene como objetivo proporcionar información estadística para la medición de todas las formas de trabajo de los individuos, tanto remunerado como no remunerado y hacer visible la importancia de la producción doméstica y su contribución a la economía.
Analicé los microdatos de la ENUT 2024 del INEGI a fin se aproximarme de manera directa a la información que permite visibilizar la forma en la que la pobreza de tiempo está presente en las distintas regiones del país. A diferencia de otras metodologías para mediciones similares, solo consideré a las personas entre 30 y 65 años de edad.
En principio encontré que en México las personas dedican un promedio de 71 horas semanales a la realización de sus actividades productivas y a estar al pendiente, disponible o vigilando a alguien que requiere cuidado (niños, adultos mayores o enfermos). Las cifras más altas corresponden a Durango 76.7 horas, Hidalgo 76.0 y Querétaro 75.3 horas. En el caso de Durango, primer lugar en la lista, la situación se explica porque se trata de una entidad con amplias zonas rurales o semiurbanas pero que además se caracteriza por la falta de infraestructura de cuidados pública (guarderías, estancias diurnas) lo que obliga a los hogares a absorber por completo las tareas de crianza y asistencia. Es decir, sus habitantes (particularmente las mujeres) experimentan jornadas mixtas prolongadas donde la supervisión constante de dependientes (cuidado pasivo) se acumula encima del empleo y los quehaceres cotidianos. En el caso de Querétaro se debe a que ahí se cuenta con un dinámico sector industrial y comercial lo que genera que tanto hombres como mujeres reporten jornadas de trabajo para el mercado sumamente extensas. En contraste, Baja California, Chihuahua y Sinaloa, son las entidades con las jornadas más bajas cuando se considera de manera conjunta el trabajo remunerado y lo que en la ENUT 2024 se llaman actividades pasivas.
Analice también los datos sobre el tiempo total (en horas) que las personas dedican a trabajos no remunerados dentro del propio hogar. Este tiempo incluye el que se dedica a quehaceres domésticos (limpieza, preparación de alimentos, lavado de ropa, compras y pagos) y cuidados a integrantes del hogar (atención a niños, personas enfermas, con discapacidad o adultos mayores que residen en la misma vivienda. En el país, las personas mayores de 30 años y menores de 65 dedican en promedio 23.7 horas a la semana a trabajos no remunerados dentro del hogar. Los estados de Hidalgo (26.8 horas a la semana), Durango (26.7) y Veracruz (26.7) son aquellos en los que las personas dedican un mayor número de horas a estas actividades. Las entidades con menos horas son Chihuahua (19.4 horas) y Baja California (20.5).
Los trabajos no remunerados dentro del hogar son realizados mayormente por las mujeres. El análisis de los datos revela que el número de horas que las mujeres dedican a estas actividades prácticamente es el triple del que dedican los hombres a trabajos no remunerados en el hogar. En los estados señalados con el mayor número de horas, las diferencias son evidentes, 13.2 horas a la semana en el caso de los hombres contra 36.4 en el caso de las mujeres en el estado de Hidalgo, 12.9 contra 37.5 en Durango y 11.2 contra 37.3 en Veracruz.
Para evaluar la pobreza de tiempo es conveniente también considerar el tiempo que las personas dedican a la interacción social y familiar, lo que sería el tiempo libre. Este incluye tiempo destinado a platicar, recibir visitas o reunirse con familiares y amigos; las horas invertidas en eventos sociales y comunitarios (fiestas, asambleas, reuniones vecinales) y; el tiempo ocupado en actividades de organización comunitaria o prácticas religiosas. Las entidades federativas en las que las personas disponen de menos tiempo libre son Oaxaca (13.6 horas a la semana), Hidalgo (15.2) y Puebla (15.8). En donde se dispone de más tiempo libre es en la CDMX (23.9 horas a la semana) y Sonora (23.9).
Tómese en cuenta además, que la pobreza de tiempo tiene mucho que ver con el tiempo que las personas pierden en los traslados al centro del trabajo. Al estudiar los datos de la ENUT 2024 encontré que en promedio es en la CDMX (5.9 horas a la semana), Nuevo León (5.1) y el Estado de México (4.9) en donde más tiempo se pierde en los traslados. En estos estados hay registros de hasta 50 horas ocupadas a la semana en traslados al trabajo.
Con base en esta información, adapté un criterio sugerido por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) para identificar, por entidad federativa, el porcentaje de personas que se ven afectadas por la pobreza de tiempo. Consideré, en cada entidad, el porcentaje de personas con edades entre 30 y 65 años que dedican de manera combinada más 60 horas a la semana al trabajo remunerado y a las horas invertidas en el trabajo no remunerado (labores domésticas y cuidados). Encontré que los estados con mayor pobreza de tiempo son Querétaro y Tlaxcala en donde la pobreza de tiempo afecta al 71.6 por ciento de la población. Le siguen Baja California Sur (70.9%) y Durango (69.5%). En este ranking, Sinaloa es el cuarto estado con menor pobreza de tiempo.
Querétaro destaca por ser un polo industrial y de servicios altamente competitivo, por lo que atrae una gran cantidad de empleo formal. Sin embargo, según datos del INEGI en este estado predomina la jornada laboral completa y extendida. Al ser una economía de alta productividad urbana, las demandas del mercado formal exigen una rigurosa inversión de tiempo en los centros de trabajo. Además, el crecimiento acelerado de la Zona Metropolitana de Querétaro ha generado retos de movilidad urbana. Las distancias entre las zonas habitacionales periféricas y los parques industriales o centros de servicios incrementan los tiempos diarios de traslado. Estas horas en el transporte público o automóvil se añaden al tiempo de la jornada laboral, reduciendo el margen de tiempo libre.
Utilicé también el criterio de que una persona está en pobreza de tiempo si dedica más de 30 horas semanales a labores de cuidados y tareas del hogar, sin pago alguno. Hidalgo (58.7%), Veracruz (40.1%) y Durango (38.4%) son las entidades federativas en las que un mayor porcentaje de personas se encuentran en esta condición. Es decir, bajo este criterio, es ahí en donde se presenta mayor pobreza de tiempo. En estos estados coexisten la precariedad laboral, la escasez de servicios básicos y la falta de infraestructura de cuidados. Al sumar las extenuantes jornadas laborales con la pesada carga de labores domésticas y de cuidados no remunerados, las personas se quedan prácticamente sin tiempo libre para el descanso, el autocuidado o la recreación.
Finalmente señalo que aunque la pobreza de tiempo se acentúa en algunas regiones del país, no deja de ser un problema nacional. Es importante atender esta problemática porque tiene estrecha relación con la salud de las personas, con la productividad laboral y con la competitividad de México y sus regiones. ¿Qué se puede hacer?
Algunas medidas que se sugieren son la reducción de la jornada laboral, la flexibilidad horaria y el acceso a servicios públicos de cuidado que descarguen las responsabilidades familiares. Promover el derecho al tiempo libre, adoptar modelos laborales más flexibles y fomentar una mayor eficiencia en la gestión del tiempo puede aliviar la presión que muchas personas enfrentan en su vida diaria. Estas medidas no solo mejorarán la salud y el equilibrio personal, sino que también impulsarán una sociedad más productiva y con una mejor calidad de vida.
Otras medidas son contar con un transporte público eficiente que devuelva a la gente horas de su día; contar con salarios dignos que reduzcan la necesidad de tener varios empleos; las empresas pueden crear entornos laborales justos, flexibles y centrados en las personas, y recompensar la productividad, no la actividad constante. Es importante también considerar la implementación de sistemas públicos de cuidado que incluyan guarderías accesibles, escuelas de tiempo completo y asilos públicos que reduzcan la carga del trabajo del hogar no remunerado.
Referencias
- https://red2030.com/la-pobreza-de-tiempo-una-desigualdad-invisible/
- https://humanact.org/time-poverty-the-rising-cost-of-time-in-an-unequal-world/
- Covarrubias Feregrino, Arlette. (2019). La pobreza de tiempo de los mexicanos. Acta universitaria, 29, e2325. Epub 11 de septiembre de 2020.https://doi.org/10.15174/au.2019.2325
- Centro de Investigación Económica y Presupuestaria [CIEP]. (2026, 4 de marzo). Pobreza de tiempo y gasto público. El valor del tiempo de las mujeres en México. https://ciep.mx/pobreza-de-tiempo-y-gasto-publico-el-valor-del-tiempo-de-las-mujeres-en-mexico/
- INEGI (2026). Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024.

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