Un análisis que leí hace algunos días en Linkedln, decía ¿Por qué la inversión en I+D genera más PIB per cápita? Porque la política de I+D bien orientada, con efectos multiplicadores, genera rendimientos crecientes. Porque atrae talento y este atrae más talento. Porque la I+D genera patentes, startups y propiedad intelectual que producen licencias y empresas derivadas. Porque ellas generan un flujo de caja que financia las siguientes rondas de I+D con menor dependencia del sector público. Porque crea clústeres de proveedores especializados que facilitan nuevas entradas de I+D y la atracción de IED sofisticada. Porque eleva los salarios, lo que hace que aumente la demanda de servicios especializados que generan más empresas de alto valor, las cuales contratan más personas cualificadas, que pagan más impuestos, por lo que financian más educación e investigación pública.
Aunque la Inversión en I+D no es exactamente lo mismo que la inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), guardan una estrecha relación. Mientras la primera se enfoca en la generación de nuevo conocimiento científico y técnico, y su objetivo es descubrir y crear, la Inversión en CTI es un término más global que tiene que ver con la mejora de los procesos productivos, la compra de maquinaria avanzada y la formación de talento humano. Su objetivo es aplicar el conocimiento para generar valor económico o social. Debido a su complementariedad, a lo largo de estas reflexiones me referiré a uno y otro tipo de inversión. Lo que espero explicar a partir de aquí es cómo andamos en estos temas.
La página números de erario de la organización México Evalúa, muestra que en 2023 el gasto público promedio en Investigación y Desarrollo (I+D) de los países miembros de la OCDE fue de 0.62% del PIB. Para ese año, México invirtió tan solo 0.18% del PIB, esto es 0.4 puntos del PIB menos que el promedio de la OCDE. La diferencia es mayor cuando se consideran los países líderes ya que, por ejemplo, en Corea del Sur y Alemania la inversión en I+D es del 1.13 y 0.93%, respectivamente. Si se contempla la inversión de manera integral —es decir, incluyendo al sector privado— la brecha tecnológica entre México y las naciones más intensivas en conocimiento se vuelve aún más marcada, ya que, por ejemplo, Israel destina 6.35% de su PIB a I+D. En los países de América Latina el promedio de inversión pública en I+D es de 0.56% del PIB. Brasil constituye una excepción relativa, al superar el 1% del PIB. Por lo que respecta al gasto en CTI, en 2026, el gobierno de México está invirtiendo el 0.17% del PIB, nivel que es prácticamente el mismo que gastó durante el año pasado y representa el segundo nivel más bajo desde 2012.
Para superar este escenario, México Evalúa recomienda establecer un compromiso legal de alcanzar progresivamente al menos una inversión de 0.5% del PIB en I+D para 2030. También, diseñar una estrategia nacional para la adopción de la inteligencia artificial, la creación de fondos o proyectos colectivos, donde cada peso invertido requiera de una inversión compartida del sector privado y público e, impulsar las inversiones público-privadas para las aportaciones privadas como inversión en I+D, ya que mientras en países como Corea del Sur el sector privado aporta cerca del 78% de la inversión total en I+D, en México la inversión proviene mayormente del gobierno y el sector privado apenas contribuye con el 17%.
En México, sin embargo, la participación de la inversión en I+D de origen público y privado, no es la misma en todas las regiones, ya que las entidades federativas que tienen una vocación industrial suelen contar con mayor inversión privada en I+D. Así, en Nuevo León lidera la inversión privada en I+D en los ramos automotriz, metalúrgico y de software. En Jalisco en el sector tecnológico y de telecomunicaciones. En Baja California en la industria aeroespacial y médica y, en Querétaro, en ingeniería aeronáutica y automotriz. Por su parte, la inversión en I+D mayoritariamente pública se concentra en la CDMX, el Estado de México, Puebla y Veracruz.
En Sinaloa, la inversión en CTI refleja un fuerte desbalance, ya que el sector público financia la gran mayoría de la investigación, mientras que la aportación del sector privado se ha concentrado históricamente en la transferencia tecnológica y la adopción de procesos industriales más que en la creación de tecnología propia. Este financiamiento público en Sinaloa ha sido históricamente menor del 0.17% del presupuesto estatal. El ecosistema científico local se sostiene mediante dos pilares que son la Coordinación General para el Fomento a la Investigación Científica e Innovación (CONFIE) y las Instituciones de Educación Superior. La Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) y el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) concentran la mayor parte de la masa crítica de investigadores. En cuanto a la inversión privada en I+D, esta ha sido históricamente baja e indirecta, motivada principalmente por la estructura económica del estado, orientada a las actividades agropecuarias y de servicios básicos. Para superar estos rezagos, hay que destacar los esfuerzos del Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa (CODESIN) que busca generar alianzas público-privadas y del CONFIE a través del llamado Nodo de Innovación en Sinaloa que funciona como una plataforma y espacio de colaboración estratégica para que la oferta científica de las universidades y centros públicos de investigación atienda directamente la demanda tecnológica de las empresas locales con el propósito de incentivar que el capital privado empiece a cofinanciar proyectos de investigación aplicada y desarrollo tecnológico en la entidad.
Para un mayor análisis de la inversión en I+D y en CTI en el ámbito regional, es conveniente revisar los resultados del pilar 2 INVERSIÓN PÚBLICA Y PRIVADA EN CTI del ÍNDICE NACIONAL DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN 2025 elaborado por el Centro de Análisis para la Investigación en Innovación (CAIINNO). El pilar considera, para establecer un ranking entre las entidades federativas, un conjunto de indicadores que se refieren a la IED por entidad federativa y al presupuesto aprobado para centros de investigación en cada estado. Incluye también, por entidad federativa, el número de servicios activos de investigación científica y desarrollo en ciencias naturales y exactas, ingeniería, y ciencias de la vida, prestados por el sector público, de acuerdo con el SCIAN (Sistema de Clasificación Industrial de América del Norte); el número de servicios activos de investigación científica y desarrollo en ciencias naturales y exactas, ingeniería, y ciencias de la vida, prestados por el sector privado, de acuerdo con el SCIAN; el número de servicios activos de investigación científica y desarrollo en ciencias sociales y humanidades, prestados por el sector privado, de acuerdo con el SCIAN, y; el número de servicios activos de investigación científica y desarrollo en ciencias sociales y humanidades, prestados por el sector público, de acuerdo con el SCIAN.
El pilar de INVERSIÓN PÚBLICA Y PRIVADA EN CTI lo lideran el Estado de México, Sonora y la CDMX. En la parte baja, Colima, Guerrero e Hidalgo. Sinaloa se ubica hasta la posición 19. Pero la posición en el pilar 2 de este Índice ¿tiene relación con el PIB per cápita de las entidades federativas? Parece que sí, ya que la correlación entre estos dos indicadores es positiva, alta y estadísticamente significativa. Es decir, las entidades federativas con las posiciones más altas en el pilar de INVERSIÓN PÚBLICA Y PRIVADA EN CTI, en términos generales son las que muestran un mayor PIB per cápita. Es decir, por habitante, sus economías valen más.
Reitero para terminar lo que un inicio señalé, la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) es fundamental para las regiones porque transforma el conocimiento en competitividad, empleo y bienestar. Es indispensable para superar el estancamiento y elevar la calidad de vida territorial.
¿Qué más?
Permite atraer talento y retener cerebros, diversificar el tejido productivo (dejar de depender exclusivamente de actividades tradicionales o de bajo valor, facilitando la transición hacia sectores más innovadores y rentables), atraer IED, crear empleos formales, elevar la productividad y resolver problemas regionales relacionados con el cambio climático.
La inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) está altamente correlacionada con el crecimiento económico, la IED, las exportaciones de alta tecnología, con el empleo cualificado, con la generación de patentes, con el número de investigadores por habitante, con el nivel educativo de la fuerza laboral, con el desarrollo de actividades productivas sofisticadas y complejas y, con el gasto en educación superior al propiciar la sinergia entre universidades y centros de desarrollo privado.
REFERENCIAS:
https://numerosdeerario.mexicoevalua.org/tag/gasto-en-ciencia-y-tecnologia/
https://www.caiinno.org/. ÍNDICE NACIONAL DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN 2025.



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