México, creo en ti,
porque eres el alto de mi marcha
y el punto de partida de mi impulso.
Ricardo López Méndez
Vivimos una crisis ahora. Pero hablar de la República mexicana es hablar de una crisis que aparece en el parto mismo de la Nación. No es cosa extraña o ajena a nuestra vida nacional que hablemos de ella o que entre en las consideraciones a las que estamos obligados cuando queremos encontrarle asideras y propuestas de solución. Así fue en 1821 cuando al dar los primeros pasos como México no faltaron quienes, olvidándose de los sueños del pueblo, de Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz, Leona Vicario y tantos otros, quisieron forjar un imperio de caricatura. Once años de Revolución por la independencia dejaron un país agotado, con sus ricas minas abandonadas y capitales en fuga. Ante ello surgieron dos formas de acoso fatal: los préstamos leoninos que nos impuso Inglaterra y los pretendidos daños económicos a ciudadanos franceses durante conflictos internos, por un lado; y la agresión directa para despojarnos de más de la mitad del territorio nacional, de parte de los EU.
Crisis profunda la que sufrimos con ese magno despojo, pues mutilados de buena parte de nuestro hogar nacional y con la pérdida de al menos 50 mil ciudadanos que vivían en ese territorio, vinieron traumas para quienes sobrevivieron en este lastimado país. Pero, así como no faltaron connacionales (los llamados polkos) que aplaudieron la intervención norteamericana, luego buscaron hacer la vida nacional imposible. El pueblo volvió reivindicar su derecho a tener un país soberano y lo reafirmó en la Revolución de Ayutla de 1855. Y buscando un acuerdo nacional para espantar definitivamente las crisis el nuevo Estado promulgó la Constitución de 1857, con la participación de todas las corrientes políticas, pero ni así fue posible. Ya trabajaban algunos vendepatrias para traer a Maximiliano como emperador.
La deuda externa se convierte en el nuevo pretexto de una nueva intervención de Francia y nos impone un gobierno y una injusta guerra que durará seis años. Terminará esa cruenta intervención proclamándose la República, pero a un costo terrible en vidas y económico. Reconstruir no fue fácil, costó toda una generación tomar la andadura como Nación; sin embargo, no faltaron problemas en la frontera norte cuyos vecinos interesados en nuestros recursos hicieron incursiones una y otra vez, en supuestas persecuciones contra robavacas.
Y crisis verdaderas hemos pasado no sólo por problemas internos durante el siglo XX, sino por conflictos que no hemos promovido con EU. Recordemos al menos la llamada Decena Trágica en la que el embajador norteamericano dirige el derrocamiento y asesinato del presidente Francisco I Madero en 1913; la intervención en Veracruz en 1914; y la llamada Expedición Punitiva en Chihuahua en 1916, persiguiendo a Francisco Villa. Sin olvidar las presiones durante los gobiernos de Álvaro Obregón y Elías Calles, con el fin de que México reconociera un total de deuda que no les debíamos y condicionar su pago al reconocimiento del gobierno; y que no se reglamentara el Artículo 27 de la Constitución. Memorable será el 18 de marzo de 1938 cuando el gobierno de Lázaro Cárdenas declara la expropiación del petróleo mexicano. Las crisis que todo ello ha provocado no fueron días de recreo para nuestro país. El sufrimiento económico y posposición en disfrute de derechos como la Seguridad Social fue consecuencia.
Pero entre las diferentes crisis vividas vale la pena destacar la que se va a generar a partir de la construcción de presas en Sinaloa y la siembra, cultivo y transporte de drogas inducidos desde fuera del país, que luego funcionarán como empresas privadas, pero útiles al funcionamiento del sistema económico que creó la actividad ahora marcada como ilegal. La llamada modernización de la vida económica llegó a Sinaloa por estas dos vías: que promueven el desplazamiento de masas de la población rural hacia los valles y las ciudades al abrirse tierras de cultivo que demandan mucha mano de obra y porque la situación de violencia las obliga a dejar lugar de origen, bienes, querencia y costumbres.
Las presas y el riego que generaron en los valles sentó las bases para un crecimiento importante de la economía sinaloense, pero la actividad ilícita promovida originalmente para atender una necesidad de la II Guerra Mundial (medicinas para aliviar el dolor), se volvió después en los comodities indispensables para la atención de una creciente población que regresaba de las guerras de Corea, Vietnam y de las intervenciones en África, Asia, Medio Oriente y en América, además de amplios sectores de generaciones de jóvenes al interior de Estados Unidos de las diferentes clases sociales que no viven, sino padecen el “sueño americano”.
Millones y millones de jóvenes y viejos dentro y fuera de Estados Unidos sufren adicción a las drogas y son víctimas del sistema económico que generó no sólo toda una actividad, sino una división internacional del trabajo con el mundo de las drogas. Y lo hizo porque le es útil: más allá de siembra, cultivo y trasiego de sustancias prohibidas está el tráfico de armas y, de manera preponderante, un sistema bancario que blanquea y arrulla todo capital sin importar su origen. Sin descontar el despliegue que hacen las grandes farmacéuticas para crear una creciente población adicta a fármacos que terminarán buscando las drogas más fuertes de la calle. Con todo ello se pretende ahora desde la Casa Blanca hacernos responsables de lo que EU creó y de lo que sigue beneficiándose. Ahora amenaza con intervenir en nuestro territorio, para hacer supuestamente el trabajo que no realiza el gobierno mexicano. El Estado mexicano, además de la campaña permanente contra la actividad ilícita, ha demandado ante la Corte de Massachusetts y ante la Corte de Arizona a los fabricantes y traficantes de armas. No han procedido. Lo menos que podemos preguntarnos, ¿hay algún interés que lo impide? Cuándo les interesa no entra el tomate, ni el atún, ni el aguacate, ¿por qué las drogas cruzan la frontera sin mucho problema?
En estos momentos fortalecer nuestras instituciones es de primer orden y reivindicar el respeto a la soberanía de México resulta vital para la vida nacional. La cooperación internacional es importantísima, pero esta implica la colaboración de las dos partes, de acuerdo al Derecho Internacional, nunca la subordinación de una Nación a otra. Vale.
www.oscarloza.com
[email protected]
X @Oscar_Loza

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.