Luis Armando Becerra-Pérez
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Roberto Alonso Ramos-Álvarez
La pandemia de COVID-19 transformó profundamente la manera en que las personas perciben las enfermedades infecciosas. Antes de 2020, virus como el ébola o el hantavirus eran vistos por la población mundial como amenazas lejanas y limitadas a ciertas regiones o países. Sin embargo, la experiencia global del coronavirus modificó la percepción colectiva sobre el riesgo, aumentando el miedo social, la atención mediática y también la desinformación.
El ébola es una enfermedad viral grave identificada principalmente en países africanos, con altas tasas de mortalidad y de transmisión por contacto con fluidos corporales. El hantavirus, por otro lado, es menos conocido y suele transmitirse por contacto con las heces (excremento), orina y saliva de roedores infectados. Aunque ambos virus tienen características epidemiológicas diferentes al COVID-19, la experiencia reciente de una pandemia global ha provocado que cualquier brote viral genere alarma colectiva inmediata.
Diversas investigaciones han demostrado que la percepción pública sobre enfermedades infecciosas está fuertemente influida por los medios de comunicación y las emociones colectivas. Un estudio publicado en BMC Public Health encontró que durante el brote de ébola de 2014 muchas personas en Estados Unidos percibían una amenaza mayor a la real, incluso cuando el riesgo epidemiológico era bajo. Además, los participantes mostraban poca confianza en los gobiernos y medios para manejar adecuadamente la crisis (Kelly et al., 2015).
Después del COVID-19, esta percepción se intensificó. La población desarrolló una mayor sensibilidad hacia palabras como “virus”, “brote” o “cuarentena”. Investigaciones recientes indican que la pandemia dejó un efecto psicológico duradero asociado al miedo colectivo y a la llamada “memoria del riesgo”. Esto significa que las personas tienden a reaccionar más rápidamente ante nuevas amenazas sanitarias debido al recuerdo traumático de confinamientos, pérdidas humanas y crisis hospitalarias (Muñiz, 2020).
Para comprender mejor cómo la pandemia del COVID-19 transformó la percepción pública sobre enfermedades infecciosas como el hantavirus y el ébola, la infografía incluida en este artículo resume sus características, diferencias y principales factores psicológicos y sociales involucrados. También se recomienda qué podemos hacer, indicando que la mejor herramienta frente al virus no es el miedo, sino la información verificada proveniente de fuentes oficiales. Notar que no todo lo que circula en las redes sociales es verdad.
En el caso del ébola, la percepción social continúa marcada por imágenes de alta mortalidad y colapso sanitario. Un estudio de Garfin et al. (2022) publicado en International Journal of Disaster Risk Reduction demostró que la exposición mediática incrementa el miedo y las conductas preventivas frente a enfermedades infecciosas. Las imágenes impactantes y la cobertura constante aumentan la sensación de vulnerabilidad, incluso cuando la probabilidad real de contagio es baja.
Además, el miedo puede derivar en un aumento del estrés, lo que conduce a debilitar el sistema inmunológico del cuerpo, bajando sus defensas y exponiendo aún más a la misma persona. También se pueden dar escenarios de estigmatización hacia ciertos grupos de personas o regiones. Investigaciones en Sierra Leona encontraron que las personas con mayor percepción de riesgo y angustia emocional mostraban más discriminación hacia sobrevivientes del ébola. Los autores señalan que la desinformación y los rumores amplificaron la discriminación social, fenómeno que posteriormente también se observó durante la pandemia de COVID-19 (Antonaccio et al 2021).
Respecto al hantavirus, la situación es distinta pero igualmente significativa. Aunque tradicionalmente se ha considerado una enfermedad rara, recientes brotes (crucero MV Hondius) y noticias internacionales han generado comparaciones inmediatas con el COVID-19. Expertos en salud pública han advertido que muchas personas reaccionan al hantavirus utilizando los mismos esquemas de miedo y desconfianza aprendidos durante la pandemia (McConnell, 2014; De la Rosa, 2026).
Actualmente, redes sociales como X, Facebook o TikTok aceleran la difusión de rumores y teorías conspirativas. Estudios recientes sobre desinformación sanitaria muestran que los algoritmos digitales favorecen contenidos alarmistas porque generan mayor interacción emocional (Castellano-Tejedor et al., 2022).
Esto explica por qué algunos brotes de hantavirus han sido acompañados por rumores sobre conspiraciones, tratamientos falsos o supuestas ocultaciones gubernamentales. En comunidades digitales y foros en línea, muchas personas relacionan automáticamente cualquier nuevo virus con la posibilidad de otra pandemia mundial. Comentarios en plataformas como Reddit reflejan una mezcla de trauma colectivo, ansiedad y desconfianza hacia las autoridades sanitarias. Algunos usuarios afirman que el COVID-19 cambió permanentemente la forma en que se interpretan las emergencias epidemiológicas (Parshall, 2026). Sin embargo, especialistas insisten en que ni el ébola, ni el hantavirus poseen actualmente el mismo potencial pandémico que tuvo el SARS-CoV-2. Aunque ambos representan amenazas importantes para la salud pública, sus mecanismos de transmisión son más limitados y existen protocolos de vigilancia más sólidos después de la experiencia global de 2020.
La principal enseñanza posterior al COVID-19 es que la percepción social puede ser tan influyente como el propio virus. El miedo excesivo puede provocar compras de pánico, discriminación y difusión de información falsa, mientras que la subestimación del riesgo puede reducir las medidas preventivas necesarias. Por ello, la comunicación científica clara y basada en evidencia se ha convertido en un elemento esencial para la salud pública.
En conclusión, la percepción del ébola y el hantavirus después del COVID-19 está marcada por una mayor sensibilidad emocional y una fuerte influencia de los medios digitales. La pandemia dejó una sociedad más alerta, pero también más vulnerable a la desinformación y al miedo colectivo. El desafío actual no solo consiste en controlar los virus, sino también en fortalecer la educación científica y la confianza pública para enfrentar futuras amenazas sanitarias de manera racional y responsable.
Referencias
Antonaccio, C. M., Pham, P., Vinck, P., Collet, K., Brennan, R. T., & Betancourt, T. S. (2021). Fear, distress, and perceived risk shape stigma toward Ebola survivors: a prospective longitudinal study. BMC Public Health, 21(1), 2066.
Castellano-Tejedor, C., Torres-Serrano, M., & Cencerrado, A. (2022). (Mis) information, fears and preventative health behaviours related to COVID-19. International journal of environmental research and public health, 19(8), 4539.
De la Rosa, J. (2026). ‘Awareness, not alarm’: Laredo Public Health stresses low hantavirus risk. https://www.lmtonline.com/local/article/laredo-public-health-hantavirus-response-covid-19-22272258.php
Garfin, D. R., Holman, E. A., Fischhoff, B., Wong-Parodi, G., & Silver, R. C. (2022). Media exposure, risk perceptions, and fear: Americans’ behavioral responses to the Ebola public health crisis. International Journal of Disaster Risk Reduction, 77, 103059.
Kelly, B., Squiers, L., Bann, C. et al. (2015) Perceptions and plans for prevention of Ebola: results from a national survey. BMC Public Health 15, 1136. https://doi.org/10.1186/s12889-015-2441-7
McConnell, M. S. (2014). Hantavirus public health outreach effectiveness in three populations: An overview of Northwestern New Mexico, Los Santos Panama, and Region IX Chile. Viruses, 6(3), 986-1003.
Muñiz, C. (2020). Media system dependency and change in risk perception during the COVID-19 pandemic. Tripodos, 1(47), 11-26.
Parshall, A. (2026). The hantavirus outbreak is reviving some of the worst COVID conspiracies: Hantavirus misinformation is spreading fast. COVID trauma and social media algorithms may be to blame. Scientific American. https://www.scientificamerican.com/article/how-to-arm-yourself-against-hantavirus-misinformation/


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