Existe una gran diferencia entre No Ganar y Perder. No Ganar sucede cuando al final no se consigue el resultado o el beneficio esperado, pero perder es terminar peor que como se estaba antes de intentarlo.
En la vida, en las competencias y en los negocios estos dos términos tienen un significado muy diferente. Por lo general uno se toma como el antónimo del otro, pero no debería de ser así. Ambas tienen un significado más profundo si se analiza con determinación. Ganar es el objetivo, No Ganar es un proceso, Perder es una alerta.
Dejar de ganar indica que se hizo el intento, la mayoría de las veces viene con un crecimiento interno o un aprendizaje importante. Puede considerarse como un ejercicio o práctica para tener mayores oportunidades de obtener el resultado deseado en una siguiente ocasión. Algunas veces se obtiene una ganancia parcial, no total, de lo que se esperaba. No es lo mejor, pero tampoco es malo.
Pero perder es una palabra mucho más fuerte. Es reconocer que al final no solo no se obtuvo una ganancia, sino que además lo que se tenía antes de iniciar termina viéndose reducido o mermado. Es un sentimiento de derrota. Es arrepentirse siquiera de haberlo intentado.
Este dilema es muy común en la agricultura, donde al final de cada temporada se hace un balance de los resultados obtenidos y con ello se califica de una de tres maneras: Buena, que significa que se obtuvieron utilidades atractivas, que el trabajo y la inversión rindieron los frutos esperados; Tablas, cuando los ingresos fueron suficientes para solventar los gastos, ni se ganó, ni se perdió, pero queda la oportunidad de volverlo a intentar en la próxima temporada; Y Mala, que es cuando se pierde dinero, se termina endeudado después de toda una zafra de trabajo, inversión y estrés.
Por lo general el agricultor se acostumbra a esta dinámica, por que sabe que unas veces se gana y otras no, pero que a lo largo del tiempo termina balanceándose el resultado y quienes permanecen en la actividad son aquellos que han visto en promedio más beneficios que pérdidas. Se mide el éxito o el fracaso en promedios históricos por que se sabe que un año puede ser muy diferente al otro. Los años buenos sirven para solventar los malos. Se dice que los bienes son para remediar los males.
Después de una buena temporada, como por arte de magia, vienen los aumentos en los insumos. El problema es que éstos ya nunca bajan, pero el precio de venta de las cosechas si lo hace. Ya llegamos al punto donde no podemos seguir aumentando los rendimientos para solventar los incrementos de los costos. Simplemente no es posible, ni deseable.
Hoy en día gran parte de los agricultores, en especial los graneros, están perdiendo dinero. Ya no solo sucedió en una temporada intermitente, sino que llevan hasta tres consecutivas con malos resultados y lo peor es que se espera que la tendencia vaya a continuar por lo menos en el próximo año.
La actividad ya no es sostenible y los productores están poniendo en riesgo su patrimonio, lo mucho o poco que tengan, para poder intentarlo una vez más. Trabajar todo un año sin obtener beneficio alguno es algo muy desmotivante, pero perder dinero, tener que vender maquinaria o tierras para hacerle frente a los créditos y a los compromisos adquiridos eso si es devastador.
Estamos llegando a una etapa en la que en ciertas situaciones es mejor no hacer nada, donde intentar ser productivo es muy riesgoso, incluso hasta irresponsable. Es un sistema que no está funcionando. Todo nos juega en contra. Deja unos cuantos beneficiados a costa del esfuerzo y sacrificios de una gran mayoría. Paradójicamente esto sucede en tiempos donde gobierna un régimen que se hace llamar así mismo humanista y que su lema es “primero los pobres”, pero que ve con desprecio el aspirar a una vida mejor.
En los deportes unos juegos se ganan y otros no. Al final solo un equipo o individuo levantan el trofeo de campeón. Pero eso no convierte en perdedores al resto. Simplemente no ganaron. Aprendamos del proceso. Aspiremos a ganar, pero lo peor que podemos hacer es perdernos a nosotros mismos en el camino. Detengámonos a analizar por que y para que estamos haciendo las cosas. Si estamos obteniendo un resultado contrario a lo que buscamos, hay que considerar muy seriamente si debemos continuar haciendo lo mismo de la misma manera.
Tal vez no esté tan equivocada la gente que dice que si no es negocio el campo, nos dediquemos a otra cosa. Habrá que ver a qué se dedican ellos y competirles ahí. Ya luego veremos quién nos dé de comer.

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