Los resultados de la prueba PISA 2026, publicados la semana anterior por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), evidenciaron un retroceso de 15 años en la educación pública mexicana, y aunque el régimen que gobierna el país trató de disimular, descartar y hasta descalificar el resultado desastroso, lo cierto es que entre sus huestes la felicidad abunda, porque una persona ignorante es un votante acrítico, un ciudadano manipulable.

En este espacio hemos comentado cómo en México el gobierno invierte más recursos en becas para estudiantes de escuelas públicas que en la propia mejora del sistema educativo, cómo la erogación de la reforma educativa en el sexenio anterior le regresó al sindicato de maestros el control sobre la docencia y, en consecuencia, sobre la propia calidad de la educación, y cómo las y los docentes mexicanos, precarizados y en manos de un corrupto sindicato, hacen como que trabajan porque hacen como que les pagan.

Y es así como la cadena de vicios en el sistema llega, finalmente, a las aulas, donde millones de niñas y niños no comprenden lo que leen, no pueden resolver operaciones matemáticas básicas o tienen desconocimiento en ciencias, a pesar de la que la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM) vaticinaba, desde la vocifería de López Obrador, que en pocos años tendríamos estudiantes más humanos, y en esa humanidad la calidad educativa vendría como halo que baja del cielo.

Para no repetir las cifras del desastre anunciado, mencionado en los medios de comunicación en los últimos días, basta recordar que el 41.8% de las niñas y niños evaluados en México presentan un rezago con respecto a los resultados de la prueba de años anteriores, con un decremento estrepitoso y sostenido en los últimos ocho años, es decir, desde que Morena y sus milagros gobiernan este país. Aunque, hay que decirlo también, ya desde el sexenio de Enrique Peña el descenso se gestaba.

Para el análisis aquí propuesto quiero detenerme en las excusas, en las reacciones y en el “consuelo de tontos”, ya que ahí es donde se demuestra la capacidad de nuestras autoridades educativas para contener las críticas del fracaso anunciado. Pero, como vimos, nuestras autoridades también reprobaron la prueba. Desde la descalificación de que se trata de una evaluación neoliberal (porque ahora todo lo que suena a maldad se le pone este título), hasta el avanzamos un poco en ciencias pero lo demás debe valorarse, como dijo la presidenta, llegamos hasta las voces locales, que niegan el hecho.

En este espacio también hemos mencionado que las autoridades educativas, de todos los niveles, desde el preescolar hasta el universitario, deberían ser docentes, porque precisamente esa desconexión con el aula y con las y los estudiantes es la que los lleva a reprobar como dirigentes educativos. Estar frente a grupo te brinda una perspectiva de cómo está el sistema educativo público, cuando observas estudiantes de todos los niveles hacinados en sus salones, hasta 60 en nivel primaria por cada grupo, mientras que en algunas Universidades superan el centenar por aula. ¿Así cómo se aprende? ¿Así cómo se enseña?

Una de las excusas más irrisorias y ciertamente patéticas que escuché en la semana, de una autoridad educativa, es que la Nueva Escuela Mexicana (NEM) está enfocada en crear personas de bien, pacíficas, humanas, empáticas y casi buena onda, y que la calidad educativa vendrá por añadidura, después. Que una prueba no nos representa, pero sí lo hacen las medallas de las y los niños que compiten y ganan en las olimpiadas de matemáticas, física o química, a nivel nacional y global.

La pregunta que le haría a esa entusiasta autoridad educativa es cuántas medallas en olimpiadas de matemáticas se obtienen al año en México, contra un universo de casi 24 millones de estudiantes del nivel básico ¿10 medallas, 100 medallas? ¿De qué porcentaje de la población estudiantil estamos hablando?

Ciertamente la NEM hace énfasis en el desarrollo humano, en que las escuelas se conviertan en polos de desarrollo social, en semilleros de paz y justicia, pero desde su aplicación eso no ha sucedido, y es uno de los primeros fracasos del modelo. PISA es una evaluación fría que no observa cómo las y los maestros enseñan con amor sobre un modelo que restaurará el tejido social, versaba la autoridad que menciono. Bueno, si algo sabemos quienes nos dedicamos a la educación es que el amor no resuelve los rezagos, que las y los docentes, presas de sindicatos o de autoridades corruptas sobreviven en un sistema que cada vez los precariza más; y eso que, precisamente, la NEM señala como fundamental el desarrollo socio emocional del profesorado como otra de las entidades de cambio.

Entonces, si las y los docentes no son cuidados como dice la NEM, si nuestras escuelas públicas aún no son ejes de cambio social, y las y los estudiantes saben menos pero tienen su beca para consolarse y vivir mientras crecen en la ignorancia para después incorporarse a un trabajo igual de precarizador ¿dónde está el desarrollo social que promueve la NEM, dónde está el tejido social reparándose, y los genios que después vendrán por añadidura?

Ciertamente, una prueba como PISA no define a todo el sistema educativo mexicano, pero sí es un indicador más que se suma a la fórmula para evaluarlo, y si la prioridad del gobierno de este país es invertir más en becas que en mejorar la educación, ahí está el verdadero propósito del sistema: tener contenta a la gente con un dinero mensual, mientras no comprenden lo que leen, no saben de ciencia o matemáticas, pero les encanta el scroll infinito en el celular.

Es el sueño perfecto de todo régimen, una población cada vez más ignorante porque yo me aseguro que así sea, con la ayuda de dispositivos diseñados para atrofiar la atención. Así puedo decir que miles de desaparecidos no son un problema, que los miles de asistentes a la marcha de ayer “no pintan” (como dijo en una ocasión un patético personaje), que hay progreso, baja en delitos, mucho trabajo, dinero y leche gratis para todos. En el país de la ignorancia y la cabeza metida en el teléfono cualquier mentira es válida porque nadie la cuestionará, o a nadie le importará.

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