Aguantándose la vergüenza y con todo el dolor, él tuvo que pedir dinero para traer el cuerpo de su hermana muerta desde Jalisco a Sinaloa.

De él se puede decir muchas cosas, salvo que sea webón. Trabaja a deshoras, todos los perros días de la semana, en el sol, con calor; golpeando fierros viejos para vivir.

Su hermana murió, creo que la mataron, eso no lo dijo en el grupo, solo se supo.

Como aval de sus palabras y para que no hubiera duda de lo genuino de la solicitud, compartió una foto de ella junto a él, en la orilla del mar, riendo. No imagino el dolor.

Cada quien puso en esa cuenta las monedas que pudo, además, todas las muestras de solidaridad por escrito en el chat para él, para ella, los deseos de que esté en un lugar mejor.

El dinero no alcanzó, ella fue cremada. No por deseo de nadie, por dinero, por no tener lo suficiente.

Alguien desde Jalisco transmitió el sepelio desde una funeraria. Allá la caja casi sola, acá, él y su familia rotos de dolor, llorando, viendo la caja sola, a través de una pantalla.

No tuve el valor de acompañarle, ni el dinero para apoyarle.

Odio ser pobre en medio de esta guerra. Odio que ni juntando el dinero de muchxspodamos enterrar a uno.

No nos alcanzan los vivos para enterrar los muertos. Al paso que vamos, nos vamos a echar cal para que no apestemos.

Se lo lavan.

 

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