En estos tiempos es muy común escuchar llamados de unidad, pero ¿cómo estar unidos en un ambiente que propensa a la polarización? Habría que definir a que o quienes se les está llamando a la unidad en cada caso.
El pasado domingo 13 de septiembre hubo un llamado a la sociedad a expresarse y manifestarse en una gran marcha por la paz. Asistieron quienes se identificaron con la idea de que las cosas no están bien, quienes buscan exigir un cambio y acciones concretas por parte del gobierno, que a dos años de la crisis de violencia que a su vez ha traído una crisis económica en el estado, éste no ha sido capaz de encontrar una solución permanente y aceptable al problema.
El siguiente domingo 20 de septiembre hubo otro llamado para expresar todo lo contrario. La presidenta Claudia Sheimbaum visitó Culiacán con un mensaje de que todo está bien, de prosperidad, de bienestar y de felicidad. Aquí la convocatoria fue más del tipo obligatoria, presionando a empleados de gobierno, estudiantes y beneficiarios de programas sociales a asistir y dar la impresión de un apoyo a las acciones de gobierno. Habrá quienes asistieron de manera voluntaria y genuina.
Ambas convocatorias estuvieron muy nutridas y con una amplia participación. No vale la pena entrar a la discusión de cual de las dos tuvo más o menos gentes. Lo interesante sería reconocer que hay dos visiones, dos sentimientos y dos realidades.
Durante años se ha perpetuado un ambiente de polarización en México que busca dividir en dos bandos a la sociedad, buenos contra malos, pobres contra ricos, izquierda contra derecha, mujeres contra hombres, y este mensaje se ha intensificado en los últimos 7 años. Nos vemos como adversarios, como si nos estuviéramos peleando por la misma rebanada del pastel, en lugar de observar toda la película completa y preguntarnos ¿por qué solo queda esta rebanada?, ¿dónde quedó el resto?, ¿quién se lo llevó?
Nos impusieron una narrativa de blanco y negro en lugar de enfocarnos en una escala de grises y reconocer la riqueza que existe justo entre medio de esos dos polos, por que ahí en ese amplio espectro de entre medio de los extremos se encuentran las soluciones a los problemas actuales. Hay que comprender al otro en lugar de desacreditar su visión diferente a la nuestra. Entendamos que no coincidir no es lo mismo que pelear.
Hay quienes ven la solución a un mal gobierno saliendo a votar por otra propuesta totalmente contraria. Hay quienes critican los programas sociales sin detenerse a entender por que son tan exitosos. Hay quienes buscan las soluciones en el pasado sin reconocer que vivimos en un contexto muy distinto y que lo que antes pudo funcionar ahora ya no lo hace. Hay quienes hasta justifican la aplicación de la violencia con un “en algo estaba metido”.
Recordemos que el PAN llegó al poder por que la gente estaba harta del PRI, y buscaron un cambio. Luego la decepción al PAN hizo regresar al PRI, pero este fue tan cínico y corrupto que ocasionó un fuerte rechazo que se capitalizó como apoyo a Morena. Ahora que Morena está haciendo las cosas tan mal, la solución de muchos es regresar al mal anterior. Parece que somos incapaces de siquiera imaginar algo mejor. Mucho menos de creer que es posible.
El mundo ha cambiado, hay que entenderlo, analizarlo y planear nuevas propuestas de solución a los problemas actuales. Cada uno tenemos diferentes intereses, prioridades, valores, habilidades y capacidades. Tenemos que encontrar las coincidencias dentro de las diferencias. Aceptar que no somos iguales y que no queremos exactamente lo mismo, pero en el fondo coincidimos en que queremos vivir bien, vivir en paz, tener oportunidades y prosperar. Cada uno de esos conceptos puede significar cosas distintas para cada uno de nosotros.
En un ambiente donde hay tanta diferencia en la interpretación de conceptos y visiones es muy complicado aspirar a una gran unidad. Tenemos que entender que somos diferentes, pero que ser diferentes no nos hace menos, al contrario, nos hace mejores si tenemos la humildad y la disponibilidad de entender y validar al otro. ¿por qué hace lo que hace?, ¿qué lo motiva?, ¿a qué le teme?, ¿en qué coincidimos?
No nos conformemos con “el menos peor” o con lo posible en lugar de lo deseable. No perdamos esa esperanza, no tiremos la toalla, no nos rindamos. Recordemos que las leyes en la sociedad las impone la misma sociedad, no cayeron del cielo, no están escritas en piedra. Cambiemos lo que se tenga que cambiar. Exijamos que se cumpla lo que se tiene que cumplir. Responsabilicémonos. Vigilemos. Participemos. Actuemos.
Que nos unan objetivos comunes, pero entendiendo en que no pensamos igual y encontremos las coincidencias en la pluralidad. Si queremos un cambio, primero debemos de estar dispuestos a cambiar nosotros mismos.

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