¿Cuánto faltará para que las putas tengamos una representación de acción afirmativa y que esa representación sea una monja de claustro autoadscrita a una esquina?

Oraaa, oraaaa qué traes puta, dirán ustedes. Ahora qué mosco te picó, dicen. Pues la mera verdad es que cargo –como siempre– harto veneno y ando viendo dónde se los dejo caer… y el veneno también.

Yo sé que la única pendeja aquí soy yo y que ustedes que me leen se las comen hirviendo, que son la divida envuelta en huevo. Pero como contexto pondré en este párrafo lo que es una acción afirmativa: “La acción afirmativa es un conjunto de medidas de carácter temporal, proporcional y razonable diseñadas para favorecer a grupos históricamente discriminados o en situación de vulnerabilidad con el fin de corregir desigualdades y garantizar la igualdad de oportunidades”.

Eso dice un diccionario que es una acción afirmativa, ahora les voy a decir yo lo que es, cómo la usan y en qué la han convertido. Y no porque les quiera instruir en nada. No. Sino porque cargo a medio buche un “vas y rechingas a tu madre” que no he podido sacar.

Plebes, una acción afirmativa no es otra cosa que las limosnas de un CIStema que nos da el control desconectado para que creamos que estamos ganando el juego. Claro que sé que nos han costado vidas, muertes, cuero, sangre y familias. Pero no nos hagamos mucho pendejas, aún con lo significativa que son, no son otra cosa que un “ten pues, pa’ que ya te calles del hocico” del CIStema. Pior es nada, quizá sí. A veces hasta creo que de no tenerlas ya habríamos accionado distinto, quizá.

Ahora bien, como las usan, fácil de explicar: para el CIStema, las acciones afirmativas son esa toallita húmeda con que se limpian el culo y luego nos la dan para que con ella nos limpiemos la cara; claro que, recordándonos que, si no fuera por esa acción afirmativa, no tendríamos toallita húmeda con qué limpiarnos la cara y andaríamos por el mundo con la cara “más” sucia. Y eso hay que agradecer y reconocer siempre que sea o no necesario hacerlo.

Por último, en que la han convertido: en un espectáculo grotesco que divierte al CIStema mientras nos mantiene ocupadas peleando entre nosotras, destripándonos.

Por cierto, a mí la diputada Karina Franco no me representa, no porque dude que ella sea bisexual, eso me vale verga; no me representa porque no la nombre como tal. Ella representa lo que MORENA entiende como acción afirmativa –en suplencia– LGBTIQA+. Y si a alguien de la comunidad eso le emperra, en las urnas de cobran esas afrentas.

Se lo lavan…
y me guardan el agua para hacer gárgaras.

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