México, Estados Unidos de America y Canadá firmaron tratado de libre comercio en 1994. La intención era, y sigue siendo, conformar una economía regional donde las necesidades de unos se suplan con las capacidades de otros. Todo esto respaldado por una serie de acuerdos, estrategias, reglas, que algunas se cumplieron y otras no. Hubo productos o sectores ganadores y perdedores para cada uno de los países. Hubo también abusos y asimetrías.
En toda negociación hay quien tiene mas fuerza y poder para imponerse o para nivelar la balanza a su favor y hay quienes tienen menos que ofrecer y más que ganar que terminan cediendo mas que imponiéndose. Esa es la naturaleza de las negociaciones en todos los ámbitos. No es un secreto que en este caso quien mas peso ha tenido son los Estados Unidos y quien menos, en esa mesa, es México. Pero también es quien mas tiene que ganar.
Por lo tanto, a pesar de estos dados cargados, México fue capaz de tener un crecimiento inesperado en el sector agrícola que nos ubica en estos tiempos con un alto superávit en comparación con Estados Unidos en productos agroindustriales, como el aguacate, tomate, berries, mango, pepino, chiles, pero también en tequila y cerveza.
Se juntaron un país muy trabajador y productivo con un país muy consumidor e innovador.
En el camino quedaron los granos básicos, en los que difícilmente le ganamos en competitividad a los Estados Unidos, ya que ellos poseen en ese nicho mejores tecnologías, mejores climas, menores tasas de interés, menores costos logísticos. En resumen mayor eficiencia que nosotros.
Incluso en este sector, México no se quedó con los brazos cruzados. A pesar de las disparidades crecimos en más del doble de nuestra producción de maíz que la que teníamos antes de 1994, y no solo eso, sino que también redujimos al mismo tiempo la superficie sembrada de este cultivo de manera considerable. Eso quiere decir que aumentamos de manera importante nuestra productividad y competitividad.
Lo anterior fue posible gracias a políticas públicas, estrategia y planeación por parte de los gobiernos mexicanos, empujados y con altas exigencias y capacidades del sector productivo y campesino unido que se encargó que no los abandonaran a su suerte.
Se crearon estrategias institucionales como: ASERCA, que regulaba los mercados internacionales con estrategias a mediano y largo plazo de comercialización; como la Financiera Rural, que daba créditos accesibles a los productores para que adquirieran equipos y tecnologías que les permitiera ser mas eficientes; apoyos a fondo perdido a la tecnificación y maquinaria, para el mismo objetivo; también apoyos a la comercialización como precios de garantía o ingreso objetivo que daban certidumbre de rentabilidad en las cosechas; entre otras cosas que nos pusieron donde hoy estamos en materia de producción agrícola. Todo eso se desmanteló en el 2018.
Obviamente hubo un sinfín de cosas que se pudieron y debieron de haber hecho mejor. También hubo malos manejos y corrupción tanto de funcionarios como de productores que se prestaron a ello. Pero en el saldo final habíamos podido construir un esquema que nos permitiera crecer incluso en un sector en desventaja competitiva, como el de los granos. Particularmente el maíz.
En este año se renegocia el TMEC, y vienen amenazas principalmente de Estados Unidos, desde donde adelantan que van a buscar, a como dé lugar, ventajas que los beneficien mas a ellos por encima de sus otros dos socios (México y Canadá) y si no ceden no hay acuerdo dice el presidente Donald Trump.
Ante este escenario, hay quienes proponen o exigen que el gobierno mexicano pida sacar a los granos básicos del tratado, pero eso es ilógico e improbable, porque la misma esencia y finalidad del acuerdo es justamente que se abran los mercados de manera que gane el mas competitivo en cada producto, no solo agrícola, también automotriz, construcción, acero, combustibles, minas, tecnología, etc.
Lo que se puede y se debe de hacer es continuar la estrategia que se traía desde años anteriores, una estrategia que funcionó, que nos dio crecimiento. Para ello hay que continuar ganando en competitividad nuestro lugar en cada uno de los aspectos. El gobierno tendrá que hacer lo que le corresponde, pero también los productores y todos los eslabones de la cadena productiva: compradores, almacenadores, financieros, proveedores, transportistas, transformadores, etc.
Hay que encontrar los nichos donde somos y podemos ser mas competitivos y explotarlos como lo hicimos anteriormente.
Se necesita al gobierno para tener una transición ordenada, con opciones viables, con respectivo financiamiento, desarrollo de capacidades, asesoría técnica, regulaciones y tecnología adecuada y asequible.
No podemos y no debemos de continuar en un desorden productivo con la esperanza que al final llegue un rescate económico por parte del gobierno y caer en este juego año con año de presión y amenaza entre gobierno y productores. Hay que ponernos serios y hacer lo que es debido: planear y ejecutar, productores y gobierno, estrategias y reglas a mediano y largo plazo para ganar en esos terrenos que podemos ser campeones como ya lo hemos hecho muchas veces.
Este camino será doloroso para muchos, pero es necesario.

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