Sé de una oficina donde, cuando faltaban seis minutos para la hora de salida, alguien ponía Bohemian Rhapsody. La canción de Queen dura casi exactamente eso. Parece un detalle chistoso, pero cuando un equipo necesita contar así los minutos para irse, algo anda muy mal en ese lugar.
Lo que pasa en oficinas como esa se repite más de lo que creemos. Trabajadores sin seguro social durante meses, o registrados ante el IMSS con un sueldo menor al que en realidad reciben, lo que al patrón le ahorra cuotas y al empleado le recorta incapacidades, crédito para vivienda y pensión. Jefes que manipulan, que gritan, que hacen sentir a la gente que debería agradecer tener trabajo. Lo más terrible es que a veces quien dirige un lugar así se dedica a asesorar a otras empresas en responsabilidad social.
Mucha gente aguanta porque hay cuentas que pagar, y cuando uno es joven y apenas empieza, quiere experiencia y está dispuesto a tolerar bastante con tal de tenerla. En esos lugares lo que sostiene el día a día son los compañeros, con quienes uno se cubre, se desahoga y se ríe de lo que se puede. Muchas veces son el único espacio seguro que hay. Pero tarde o temprano cada uno decide irse, y así se va desarmando el grupo, mientras la empresa sigue contratando a otros jóvenes con la misma necesidad.
Nada de esto debería quedar en el terreno de la mala suerte. La NOM-035-STPS se publicó en 2018 y desde 2020 aplica completa. Trata de los factores de riesgo psicosocial en el trabajo y obliga a las empresas a tener una política para prevenirlos, a revisar cargas y jornadas, a poner atención al liderazgo y a las relaciones entre el personal, y a contar con un medio para que los trabajadores denuncien violencia laboral. Lo que se exige varía según el número de empleados, pero todos los centros de trabajo tienen alguna obligación, hasta los más chicos.
Cuando se habla de bienestar laboral muchas veces se piensa en la sala de descanso, el café gratis o la comida de fin de mes. Todo eso está bien, pero un espacio seguro tiene más que ver con que una persona pueda decir que algo le está afectando sin miedo a perder el trabajo. Es difícil que alguien se anime a reclamar un mal trato cuando ni siquiera tiene su seguro en regla. La falta de prestaciones y el maltrato suelen ir juntos, porque quien está en una situación precaria tiene menos margen para defenderse.
Hace unos días se entregaron los Distintivos ESR y pensé en cuántas personas que orientan a otras empresas en estos temas no aplican en casa lo que recomiendan. Quienes nos dedicamos a la consultoría en RSE tenemos la tarea de señalarle a las empresas lo que a veces no quieren ver, y para eso hay referencias claras como la ISO 26000 o el ODS 8 sobre trabajo decente. Buena parte de las evaluaciones para los distintivos se hace con la información que entrega la propia empresa, así que la honestidad de quien asesora pesa mucho. Si un consultor registra a su gente con un salario falso o no ha aplicado la NOM-035 en su propio negocio, es difícil creer que vaya a exigirlo en las empresas que acompaña. Eso le resta credibilidad a todo el gremio y a los reconocimientos que muchas organizaciones sí se ganaron a pulso. También creo que las instituciones que acreditan asesores deberían revisar de vez en cuando cómo trabajan ellos mismos.
Por suerte conozco a muchos colegas que trabajan con seriedad. Algunos han preferido perder un cliente antes que maquillarle un informe, y hay empresas que registran a su gente con el sueldo real desde el primer día, aunque nadie las esté revisando. Para mí un buen lugar de trabajo empieza por ahí, por cumplir con lo básico y tratar bien a las personas, mucho antes que por los reconocimientos o las fotos en la ceremonia. Me gustaría que los jóvenes que hoy buscan su primera experiencia no tengan que poner una canción para aguantar los últimos minutos del día.

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