Entre tanta destrucción queda una parte edificante.
José Emilio Pacheco

Iniciamos el presente año con la inquietante bruma de 2025 y con la perspectiva bruna para este 2026. Sí, el año anterior transcurrió en medio de incertidumbres y acciones de violencia que igual cobraron importante número de vidas (incluidas las de personas ajenas al entorno violento y de menores de edad), como de desaparecidos y de grupos sociales de desplazados; considerando en todo ello escuelas que siguen funcionando con la modalidad de educación virtual o a distancia. Hay que agregar que los factores externos que influyen en la perfilación del entorno que vivimos no sólo se mantienen, sino que otros cobran protagonismo dibujando un horizonte de inminente tormenta. Y en ello nos va el destino como Nación.

Las noches de Navidad y Año Nuevo nos obsequiaron una tímida sonrisa al permitir horas de convivencia familiar, tanto las apreciamos que esos momentos nos permiten imaginar que la paz y las más diversas formas de resolver conflictos por la vía del entendimiento y la negociación no violenta, son posibles. Y aun cuando esta primera quincena de 2026 se muestra complicada y pretende convertirse en representativa de una senda difícil para todo el año, tanto para la vida interna como para el escenario internacional, hay elementos a los cuales hay que adherirnos para no dejar ni el optimismo ni el compromiso de continuar con nuestros esfuerzos para remontar esa difícil coyuntura que nos persigue desde el tormentoso 9 de septiembre de 2024.

El Estado mexicano y las autoridades de Sinaloa tienen todos los elementos que la situación exige para atender la “crisis extendida”, como algunos la llaman. Existe un marco legal, hay recursos económicos, cuerpos de seguridad, una maquinaria estatal y una exigencia social para que se actúe con eficiencia, todo dentro del Estado de derecho. Pero caminar en una crisis como la que nos acompaña con inseparable sombra, implica atender sin vacilación algunas tareas. Atenderlas en tiempo y forma, con el fin de mantener la transparencia en el actuar (en el marco del Estado de derecho y de respeto irrestricto de los derechos humanos), pues ello no sólo fortalece el prestigio de las autoridades, sino la eficiencia y la eficacia en la búsqueda de la paz y tranquilidad pública.

Entre las cosas que deben atenderse con prioridad están:

  • 1. Que las mesas de seguridad incluyan a sectores sociales, con el fin de evaluar no solo de manera técnica la rutina de las corporaciones policiales y fuerzas armadas;
  • 2. La transparencia en el ejercicio de funciones de seguridad es imprescindible y sólo puede alcanzar su cenit cuando hay una observancia muy cercana de la ciudadanía en el trabajo oficial. Por eso es muy importante la presencia de la CEDH y de sectores productivos y sociales en la mesa de seguridad. No importa que no sea diaria, pero si se establece con el ritmo y la frecuencia que exige la situación, las cosas marcharán mejor.

Hay otras cosas que debemos contemplar, como:

3. La atención a toda queja que parta de los ciudadanos sobre abusos de autoridad, no por las instancias tradicionales, que nos han probado que no tienen la vocación ni la sensibilidad para dicha atención;

4. El funcionamiento regular de la educación en todo el territorio de la entidad. Si las condiciones no permiten la educación presencial que se haga a distancia. Y que en ningún caso haya niños que, por su condición de huérfanos, desplazados, migrantes o hijos de desaparecidos, no estén en el aula.

Y que la atención a nuestras urgencias no se agote allí, pues promover la participación del ISIC, las direcciones municipales de cultura, las universidades, las comisiones de derechos humanos y un sin fin de organismos sociales en tareas coordinadas de cultura, tendrá resultados insospechados en beneficio de la paz y de la convivencia civilizada. La SEPyC está llamada a jugar un papel esencial en este tipo de trabajo. No se sentirá sola en estos menesteres y puede coordinar un inmenso trabajo que nos lleve a remontar la situación que padecemos cual Sísifo en su interminable intento de llevar una roca a la cima, para luego reiniciar la tarea ante el fracaso anterior.

Escuchamos a algunos organismos hablar de “crisis extendida” o que el año de 2025 fue muy crítico en diversos renglones, entre ellos el caso de los desaparecidos, los problemas del campo y de los litorales donde las reservas pesqueras tienen un estado crítico, el déficit creciente en el renglón de la vivienda, el cierre de negocios por la violencia y el empleo que no alcanza a resolver el trabajo informal.

Con todo ello estamos convencidos que con voluntad y una mejor orientación del gasto público bien pueden aliviarse los problemas centrales y encaminar el esfuerzo colectivo rumbo a la superación de este largo y tormentoso momento que ya lleva catorce meses.

Y cuando hablamos de buscar la postcrisis como objetivo, una de las cosas que hay que evitar es que la pasión que empieza a despertar la coyuntura electoral del 2027, no nos lleve a nublar la vista sobre las tareas que son prioritarias.

Con los pretensos suspirantes ya no tenemos el mejor ejemplo: todos hablan como ajenos a los tiempos que vivimos y, desde luego, no hay planteamientos que atiendan la coyuntura y sus problemas.

No sigamos ese mal ejemplo.

Urge claridad en las tareas y lo que tenemos que pedir a quienes se acerquen a nosotros y quieran acompañarnos en la solución de los problemas centrales de la crisis. El acercamiento como organizaciones de la sociedad es imprescindible y que la autoridad busque atender las demandas sociales sobre la crisis es obligada. En la construcción de la alternativa no puede marginarse nadie. La postcrisis exige la participación de todos. Vale.

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