Son las 8 de la mañana de un domingo. Tengo todas las cortinas corridas y no se distinguir que hora es, pero son las 8 de la mañana, de un domingo.

Mi papá, descubrió YouTube y escucha música grabada en vivo en la cocina de la casa. Es Mérida, Yucatán, alrededor del año 2021.

Es temprano un domingo. Aún estoy en la hamaca. Me siento amodorrado aún.

Mi papá escucha música en la cocina, aplaude. Por mi ventana que da al garage llegan los sonidos hasta mis oídos. Es Mérida, Yucatán, Alrededor del año 2015.

Es domingo otra vez. Suena mi hamaca al mecerse, estoy intentando leer.

Es medio día, mi papá escucha una tele que todavía no es pantalla. Aplaude y se ríe. Escucho a un señor decir “quechévere quechévere” antes de mandar a videoclip. Tal vez sea el 2007.

Es domingo. Quiero jugar Nintendo. Termina de escucharse en la televisión de la cocina en familia con chabelo.

Serán las 10 de la mañana, mi papá le cambia al canal 13. Espera ávido la hora de vamos a bailar al trece. Vagamente recuerdo que tal vez sea antes del año 2000.

Me siento a escribir este texto con serias dudas ¿Qué es la cumbia? El libro Yo soy la cumbia me cambió la pregunta desde el título, a ¿Quién? Pero yo no tengo idea de los géneros dentro de la cumbia, o las variedades, o al menos eso creo.

Mientras paso las páginas voy validando mi conocimiento. Sonido la changa con su voz que viene de lo profundo y me recuerda algo que no conozco, Mike Laure al que nunca he sabido decir su nombre y mi mamá siempre canta la banda está borracha o la rajita de canela, y definitivamente quedo fascinado con que haya un texto de Rolando Bruno al que le agarré cariño con su video Mi Cholita, donde Alf es el protagonista junto al propio Rolando.

La cumbia siempre ha estado ahí y aun así, parecía solo ser un marco de fondo que me despertaba los domingos. Gracias a Yo soy la cumbia me sumergí en un mundo inabarcable en el que creo saber navegar. Durante días, tardes y noches me fugaba de mis labores cotidianas para leer un artículo de Yo Soy La Cumbia, al menos uno, cada día. Tengo que confesarles que no lo logré, porque los textos no vienen solos, siempre traen al menos un disco, una voz, un sonido que quiero escuchar.

Y estoy aquí ahora, en la presentación de Yo Soy la cumbia, sin saber la respuesta a mi pregunta, sin haber terminado aún el libro y ansioso por seguir escuchando. Pero es que ¿cuándo se termina un libro? Cuando llegas a la última página parecería lo obvio, pero en este caso, los sonidos regresan y vuelven a materializar su presencia y el libro vuelve a brotar. ¿será que el libro se terminará cuando por fin dejemos de hablar de él?

Y entonces, con estas preguntas vuelvo a la mía para empezar a concluir. ¿Qué es la cumbia? Para ello, busqué voces de amistades que sepan tal vez un poco más que yo. Algunas de esas voces se pusieron psicodélicas, como Los Mirlos, espirituales, metafísicas y pragmáticas.

Para Memo Alonso, músico, teatrero y querido amigo, la cumbia es una bella invitación para mover el cuerpo y el alma sin pudor. Y tal vez había que agregar la única palabra con la que la definió Astrid Sánchez, periodista y amiga, la cumbia es barrio. Esto seguro dialogaría con mi querida Radjarani que me dijo “ Tss ts ts ts tss ts tsss.”

Fíjense que tengo que agregar la voz de Laura Daniela, que habita Bogotá y su vida se enraíza en muchas plantas, la cumbia es el alma del pueblo cimarrón, palenquero, anfibio y caribeño. Es el enamoramiento africano y americano que se hizo carnes entre el tambor, el acordeón y las gaitas. A lo que Radjarani, agregaría que es la semilla de un árbol que echa raíces en la tierra donde llega y que florece diferente de acuerdo con cómo le dé el sol, como sea el agua y que traiga la cultura. Que perfectamente se echa unos pasos de baile con la afirmación Audry Funk, rapera feminista, que me dijo que la cumbia es parte fundamental de la identidad que compartimos en Abya Yala.

Y vieran que Luis, percusionista y un amigo que siempre aparece en mis textos sobre música, evoca con lo que empecé este texto, diciéndome: estoy seguro de que la cumbia provoca emociones de manera individual y colectiva, volviéndose un vicio sonoro y lírico.

Por suerte, no tengo que asistir al horario del culto que hacía mi papá, los domingos por la mañana, sino que yo rezo cuando quiero, cuando puedo y donde puedo.

Rodrigo Medina, Escritor, periodista y gran amigo sentencia con una afirmación que responde a quien está afirmando el título de este libro “La cumbia es una diosa ardiente.”

Por ello, les invito a que se asomen a este que es uno de los textos sagrados que habla de la cumbia. Ahí podrán conocer nuevos cánticos para esta fe que compartimos y que nos atraviesa.

Cumbia, líbrame de todo mal.

Nunca dejaré de rezarte.

Amén.

Las opiniones expresadas aquí son responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan la línea editorial de ESPEJO