Por Mariana Morales

Cuando busca en campo, usa una varilla que mete en la profundidad de la tierra, la saca, y si huele a putrefacción sabe que puede encontrar restos humanos. Isabel Torres Aquino es capaz de distinguir entre la osamenta de personas y la de animales.

Su búsqueda empezó en febrero de 2023 en La Piedrona, un paraje ubicado en Berriozábal, donde su hija Cassandra Arias Torres fue desaparecida el 17 de diciembre de 2022. Y aunque esa primera vez no encontró pistas que la llevaran a la joven de 18 años, la motivó para ver en YouTube un documental de las buscadoras del norte del país, leer un libro, buscar información en redes sociales, y aceptar una invitación para tomar cursos en la UNAM sobre cómo buscar.En los municipios de Emiliano Zapata, Chiapa de Corzo y Yajalón, Isabel ha removido con sus manos balas, restos humanos, cabellos, ropa, calzado, y ha entrado a ranchos tomados por el crimen organizado, donde también ha excavado.

En enero de 2025, mientras hacían una búsqueda en un rancho abandonado en la comunidad San Isidro, a una hora de distancia de su casa, metió la cabeza en una cisterna de dos metros de profundidad y descubrió osamentas humanas quemadas. Cuando salió del hueco de cemento, rezó para que estas personas, a la fecha sin identificar, descansaran en paz.

Las madres buscadoras descubrieron vehículos del crimen organizado abandonados en la comunidad Salvador Urbina, en Chiapa de Corzo, el 19 de marzo de 2025. (Damián Sánchez)

Quienes la conocen saben que ella no acostumbraba rezar, empezó a hacerlo el año pasado, a los 38 años, cuando su otra hija de seis años extrañamente se lo pidió. Las varias búsquedas la tenían agotada, y ya no sentía serenidad. Por eso, desde que escuchó aquella petición va a una iglesia cristiana a orar.

Isabel no sabía que, aunque oficialmente México no está en un conflicto bélico, hay más de 130,000 personas desaparecidas. Cuando vivía bajo la sombra de un árbol de aguacate en una cabañita de madera al interior de un vivero, su día a día era levantarse temprano, cuidar con su esposo Jony de sus plantas, principalmente de la rosa del desierto —de la que aprecia su resistencia en climas secos—, dejar a su hija en el preescolar, acudir a la casa de Casandra para visitarla a ella y a su hijo de tres años,  y regresar a la cabaña a vender sus rosales.

Su mamá le enseñó a cultivar plantas. Por eso, en aquella casa había, además del aguacate y los rosales, un árbol de nanche, a cuya sombra solía sentarse con Cassandra para hacerle dos trenzas en su cabello largo, lacio y negro.

Tras la desaparición, el árbol se secó y, con el apoyo de Jony, quien ahora trabaja como jardinero en la Secretaría de Protección Civil estatal, abandonaron este lugar. Dice Jony que admira la valentía que tiene Isabel cuando sale a excavar a los ranchos tomados por los grupos criminales, a pesar del riesgo de que algo le pueda pasar.

Antes de que su hija fuera desaparecida, Isabel usaba el pelo corto, castaño, ropa ajustada, y no solía protestar. Hoy viste manga larga por el sol, y alza la voz cuando alguna autoridad de Chiapas la acompaña en las búsquedas, pero no la deja meter su varilla en el área donde habían acordado hacerlo. Es bajita de estatura, delgada, de piel clara, nariz afilada, con un cabello largo, lacio y negro como el que heredó a Cassandra, que también ajusta en un par de trenzas.

Ya no es la mujer que cuida el rosal, ahora forma parte de Madres Buscadoras de Chiapas, desde el Sur hasta el Corazón, que en poco tiempo se ha integrado a los colectivos nacionales. Este 20 de noviembre asistieron al primer Encuentro Nacional de Familias Buscadoras, presidido por la Arquidiócesis de México en la Ciudad de México.

Adriana Camacho pega la ficha de búsqueda de su hijo en un portón de la Fiscalía General del Estado, en Tuxtla Gutiérrez, en octubre de 2025. (Damián Sánchez)

Este caminar en México no es nuevo; inició cuando Rosario Ibarra empezó a buscar a su hijo Jesús Piedra, desaparecido en 1975. En 2004, Silvia Ortiz, de Coahuila, comenzó a indagar sobre su hija Silvia. En 2012, Alicia Guillén, de Chiapas, buscó fuera del país a su hijo Eduardo; María Herrera intenta encontrar a sus hijos desaparecidos en Guerrero, en 2008, y en Veracruz en 2010; Ceci Flores busca también a sus hijos, ausentes desde 2015 y 2019, y desde el 2014, los familiares de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en Guerrero, los buscan por todo el país.

Cifras en aumento

Si bien en México las primeras desapariciones documentadas empezaron durante la llamada “guerra sucia”, en la década de 1960,  ahora se han multiplicado. De acuerdo con Data Cívica, una organización que analiza datos para la defensa de los derechos humanos en México, hasta 2024 las desapariciones en el país aumentaron 55 veces más en comparación con el 2006, y de 2023 a 2024 hubo un incremento de 9.5%.

En Chiapas, las desapariciones comenzaron a aumentar en 2018, y fueron en ascenso hasta sumar 8,589 personas en el primer semestre de 2025, según un registro que hizo Data Cívica con datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO).

El aumento exponencial se dio en el sexenio pasado, cuando gobernaba el morenista Rutilio Escandón. Empezó en 2019 con 321 desapariciones, y en 2024 hubo 1,468 víctimas.

La entidad figura entre los cinco estados del país con menor tasa de desapariciones, con 155 personas por cada 100,000 habitantes. “Sin embargo, la particularidad es que las desapariciones han aumentado rápido y en pocos años”, opina Pamela Benítez, analista de Data Cívica.

“Las desapariciones llegaron hasta este momento a Chiapas porque grupos delincuenciales se acomodaron y empezaron a diversificar sus nuevos negocios, con nuevos líderes, las mismas rutas, pero ahora ya negociadas diferente. En este nuevo panorama necesitan gente para el trabajo, reclutados forzada o voluntariamente”, explica Adrián Reyes Rincón, coordinador jurídico del Centro Minerva Bello, una organización que acompaña a víctimas de violencia y cuya sede está en Guerrero.

“Hemos documentado que hay centros de entrenamiento forzado en el municipio de Venustiano Carranza, en la región centro del estado, por ejemplo”, agrega.

A nivel nacional, suelen desaparecer más hombres que mujeres, pero Chiapas es uno de los estados —junto con Yucatán, Campeche, Oaxaca, Tabasco, Tlaxcala y Aguascalientes— donde ocurre lo contrario, son más mujeres las desaparecidas, y el aumento más marcado es en niñas y en adolescentes, de acuerdo con Data Cívica.

“Por ser la frontera sur de México, las niñas y adolescentes desaparecen para la trata de personas”, señala Reyes Rincón.

El mayor número de personas migrantes que desaparecen son de origen guatemalteco y hondureño, seguido de ecuatorianos, salvadoreños, cubanos, colombianos, nicaragüenses y venezolanos, según el RNPDNO.

Desaparecida en una boda

El 17 de diciembre de 2022, Isabel estaba celebrando su boda con Jony en el salón Tierra Bonita, de Berriozábal, a media hora de Tuxtla Gutiérrez, capital del estado. Entonces, un grupo de hombres armados vestidos como policías ministeriales y miembros de la Guardia Nacional, irrumpieron en la ceremonia. A los invitados les ordenaron que metieran en una mochila sus celulares y carteras, a los músicos les exigieron que se tiraran al suelo, y a Cassandra y a su novio se los llevaron junto con el botín recaudado.

Huyeron en tres camionetas rumbo a la carretera que conduce a Tuxtla Gutiérrez, y en un intento por alcanzarlos, Isabel corrió por el pueblo, hasta darse cuenta de que era de madrugada y aún llevaba puesto su vestido de novia.

Al siguiente día, cuando un medio local le preguntó por estas desapariciones al alcalde, el morenista Jorge Arturo Acero Gómez —quien hace un año fue reelecto en el cargo—, negó los hechos.

Inmediatamente, Isabel abrió una página en Facebook: “En búsqueda de Cassandra Arias Torres”. Dos años después, en 2024, Liliana Pérez Gutiérrez sufrió la desaparición de sus hijos de 15 y 19 años; cuando encontró la página de Isabel, la contactó para unirse a las búsquedas. Sus hijos fueron sacados por hombres vestidos como militares de su casa en el municipio de Chiapa de Corzo, a media hora de Tuxtla Gutiérrez.

Fue así como otras mujeres se comunicaron con Isabel, y luego se fueron sumando más: una habitante de Berriozábal le contó, por una red social, que sus hijos de 28 y 23 años fueron sacados con otros seis hombres de una vecindad; otra mujer le dijo que personas vestidas como policías estatales se metieron en su casa, en la misma población, y se llevaron a dos familiares.

Juntas pegaron fichas de búsqueda en los pueblos, excavaron en territorios tomados por los grupos criminales, presionaron a los ministerios públicos para que sus denuncias pasaran de Registro de Atención a Carpeta de Investigación —lo que implica la creación de un expediente—, y de manera personal pidieron organizar búsquedas al gobernador Eduardo Ramirez, al fiscal general Jorge Luis Llaven Abarca, y al secretario de Seguridad Óscar Aparicio. El 31 de octubre de 2025 se unieron para fundar Madres Buscadoras de Chiapas, desde el Sur hasta el Corazón, y para sellar el nombre abrieron una página de Facebook.

Isabel Torres saca de una maleta la ropa preferida de Cassandra. (Damián Sánchez)

El colectivo Madres Buscadoras de Chiapas está integrado actualmente por nueve mujeres:

—Liliana Pérez Gutiérrez busca a sus hijos Luis y Marvin, desaparecidos en Chiapa de Corzo el 28 de febrero de 2024.

—Consuelo Moreno busca a su esposo e hijo, Ángel y Alan David, desaparecidos en Tapachula el 5 de junio de 2023.

—Hilda Moreno busca a su hijo Jesús Esteban, desaparecido en Tuxtla Gutiérrez el 6 de diciembre de 2023.

—Yareli y Yoslin Chavarría buscan a su padre Víctor Manuel, desaparecido en Tuxtla Gutiérrez el 8 de mayo de 2023.

—Adriana Camacho busca a su hijo Emmanuel, desaparecido en Arriaga el 20 de agosto de 2024.

—Concepción Feliciano busca a su hija Yuritzi, desaparecida en Arriaga el 19 de agosto de 2024.

—Lupita Cruz busca a su hijo Martín, desaparecido en Arriaga el 19 de agosto de 2024.

—María Josefina Ramírez busca a su hijo Hernán, desaparecido el 1 de agosto de 2024 en Berriozábal.

“Somos una familia que habla el mismo lenguaje del dolor”, asegura Liliana, quien dice que sus herramientas de búsqueda son tres varillas, un palín para excavar, y un machete para limpiar los terrenos donde van a excavar.

El colectivo Madres Buscadoras de Chiapas crece y se fortalece tejiendo redes con otras buscadoras, como Ceci Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora; Alejandra Cruz de Madres Buscadoras de Jalisco, y Deysi Blanco de Búsqueda en Vida Fernanda Cayetana de Quintana Roo, de quienes han aprendido a unirse más.

Frente a la fiscalía estatal, en la capital de Chiapas, Yareli y Yoslin Chavarría buscan a Víctor Manuel, su padre. (Damián Sánchez)

La tranquilidad perdida

En Berriozábal, con una población de 64,000 habitantes, viven de la venta de plantas en viveros, del comercio y del trabajo en los gobiernos estatal y municipal. Este municipio ocupa el lugar número 11 con más personas desaparecidas en Chiapas.

Las familias han optado por usar las bardas y postes del parque central para pegar las fichas de búsqueda, a pesar de que el alcalde Jorge Arturo Acero mandó a trabajadoras del ayuntamiento, el pasado 5 de febrero, a que las arrancaran y tiraran a los botes de basura.

Por ejemplo, la ficha de Benito de Jesús Olmedo González, desaparecido en Chiapa de Corzo, a una hora de distancia, el 27 de octubre de 2025, fue pegada por la Comisión Estatal de Búsqueda de Personas, y la de Carlos Brayan Muñoz Wong, desaparecido unos días antes, el 13 de octubre, en Berriózabal, fue su madre quien la colocó.

En el parque de Berriozábal, familias pegan fichas de búsqueda de sus desaparecidos. (Damián Sánchez)

“Berriozábal era tranquilo, con un clima fresco, pero ahora, a la gente se la llevan. Sobre un área montañosa hay una cascada a donde íbamos a bañarnos; hoy no podemos llegar porque hay gente armada, y desde ahí se escuchan disparos”, cuenta un poblador.

Donde más desaparecen las personas es en los municipios controlados por el crimen organizado, asegura Reyes Rincón, quien agrega que, aun cuando hay destinados Pakales —una policía estatal de élite creada para combatir a estos grupos—, las desapariciones continúan.

Ocurren principalmente en Tapachula, seguido de Tuxtla Gutiérrez, Frontera Comalapa, Comitán, Palenque, La Concordia, Arriaga, Tonalá, Pantelhó, Ocosingo, Berriozábal, La Trinitaria, Huixtla, Reforma, Chiapa de Corzo y San Cristóbal de Las Casas, de acuerdo con el RNPDNO.

Fuente: Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Elaboración: Víctor Hernández.

Estos lugares coinciden con las rutas terrestres y marítimas identificadas por la Secretaría de la Defensa Nacional que se disputan el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Por ahí pasan drogas, armas, personas migrantes e hidrocarburos que llegan desde Guatemala con destino a los Estados Unidos, además de que en esos mismos lugares opera el lavado de dinero, según documentos filtrados por Guacamaya Leaks.

El Cártel de Sinaloa mantuvo la supremacía en Chiapas hasta el 2021, cuando fue asesinado Ramón Gilberto Rivera Beltrán, uno de sus líderes. Entonces hubo un vacío de poder y algunas personas y células locales que operaban para este grupo se pasaron al CJNG, explica bajo anonimato un activista de la región de los Altos de Chiapas.

Donde no hay registros actuales por desaparición es en las 700 hectáreas de la zona zapatista, distribuidas en la región fronteriza, y en los Altos y la Selva de Chiapas, porque “hay un buen gobierno con un buen sistema de salud y justicia”, enfatiza Pedro Faro, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

En compañía

El 6 de octubre de 2025, Isabel y las buscadoras instalaron un plantón frente a la Fiscalía General del Estado para exigir la búsqueda de sus familiares desaparecidos. Un día después, David Hernández, secretario de Seguridad Pública de Tuxtla Gutiérrez, rodeado de policías encapuchados y armados, intentó desalojarlas.

Isabel agarró fuerte la lona con la ficha de búsqueda de Cassandra, pero se la arrebataron. En respuesta, las buscadoras recibieron el apoyo de estudiantes, vecinos, bailarines, ciclistas y motociclistas, quienes no solo evitaron que la policía acabara con la protesta, sino que la nutrieron: se quedaron a su lado y también les llevaron pan, café, casas de campaña, lonas, sillas y lámparas.

Aquella noche nadie durmió. Quienes estuvieron cuentan que, en los siguientes 26 días, la ciudadanía montó guardias nocturnas hasta el amanecer. Esto fue un momento fundamental para las buscadoras, pues en los anteriores siete plantones que hicieron no recibieron el acompañamiento de la ciudadanía.

Desde entonces, y mientras el actual gobierno de Eduardo Ramirez sigue culpando a sus antecesores de las desapariciones que ocurren en la entidad, Isabel continúa buscando, pero ya no está sola.

Con sus compañeras de Madres Buscadoras de Chiapas ingresó al área femenil de la cárcel El Amate, en el municipio de Cintalapa, el pasado 25 de noviembre, como parte de las búsquedas en vida que se realizan en las prisiones del estado. Entonces, sintió una gran angustia al no ver a Cassandra, soltó en llanto y las reclusas le gritaron: “¡Ánimo, valientes mujeres, la vas a encontrar!”.

“He caminado, me siento con impotencia, tristeza al buscar y no encontrar nada”, dice Isabel. “Pero mi búsqueda no termina, seguiré hasta encontrar a mi hija Cassandra, buscaré hasta mi último aliento”.

Durante la protesta que mantuvieron frente a la FGE, Cassandra cumplió años, e Isabel llevó una lona para recordarla. (Damián Sánchez)

En este reportaje contribuyó Laura Islas.

**Foto de portada: Isabel Torres muestra la foto de su hija Cassandra, desaparecida en Berriozábal el 17 de diciembre de 2022, a los 18 años. (Damián Sánchez)

Este reportaje fue realizado con apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF), como parte de su iniciativa “¡Exprésate!” en América Latina.

http://www.adondevanlosdesaparecidos.org es un sitio de investigación y memoria sobre las dinámicas de la desaparición en México. Este material puede ser libremente reproducido, siempre y cuando se respete el crédito del autor y de A dónde van los desaparecidos (@DesaparecerEnMx).