Culiacán, Sinaloa.- Desde el inicio del mes de diciembre se ha buscado establecer comunicación con la autoridad municipal de Cosalá, la alcaldesa Carla Úrsula Corrales Corrales, sin que hasta el momento se tenga respuesta o posicionamiento alguno por parte de la presidenta municipal ante la problemática expuesta en dos comunidades que, por la falta de infraestructura adecuada, no han podido acceder al agua potable desde hace más de dos años.

A la presidenta municipal Corrales Corrales se le realizaron más de siete llamadas vía telefónica. Asimismo, se buscó una respuesta a través de la aplicación de mensajería WhatsApp, donde se le enviaron tres mensajes de texto en distintas fechas, el último de ellos el 20 de diciembre; sin embargo, hasta el momento no se ha obtenido respuesta ni a las llamadas telefónicas ni a los mensajes enviados.

Por otro lado, el presidente de la Comisión de los Derechos Humanos, Óscar Loza Ochoa, comentó para Revista ESPEJO que ellos tampoco han recibido respuesta por parte de las autoridades municipales de Cosalá, a pesar de que han exigido de manera constante atención para las comunidades de El Palmar de los Ceballos y Agua Caliente de Alaya.

—¿La Comisión no ha tenido respuesta de ella?

“No, no la hemos tenido y vamos a seguir buscándola. Yo espero que por fin, a partir del día 5, podamos verlos ahí y trabajando aparte. Yo no he tenido comunicación en estos días con el ayuntamiento. Y consta que nosotros hemos estado de guardia aquí en la Comisión.” Mencionó Loza Ochoa.

¿Qué esta pasando en Cosalá?

De acuerdo con lo reportado por este medio, El Palmar de los Ceballos, la única comunidad indígena del municipio según el Catálogo de Pueblos y Comunidades indígenas, y Agua Caliente de Alaya enfrentan desde hace tiempo los efectos de un sistema de abastecimiento deteriorado.

Bombas y flotadores descompuestos, así como cableado y tuberías en mal estado que han sido reparados de manera improvisada por los propios habitantes con recursos y materiales propios. La suma de estas deficiencias ha limitado considerablemente el acceso a un servicio básico como el agua potable.

La falta de agua no solo a dificultado las actividades cotidianas, sino que también representa un riesgo para la población, ya que la única alternativa para obtener el recurso son arroyos cercanos que, en la mayoría de los casos, están contaminados. Esta situación pone en riesgo la salud y la vida de las personas que dependen de esta agua para consumo y aseo personal, además de que los habitantes advierten que dichos cuerpos de agua podrían secarse dentro de poco tiempo.

Ante este panorama, las familias se han visto obligadas a reducir su consumo de agua hasta en un 50 por ciento, lo que ha generado afectaciones económicas. Esta disminución ha terminado en una baja en la producción agrícola y en la venta de ganado, ante el temor de que los animales mueran por falta de alimento o por deshidratación.

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