Culiacán, Sinaloa.- En municipios de la sierra sur y centro de Sinaloa, comedores comunitarios y escolares cerraron sus puertas porque las condiciones de inseguridad volvieron imposible su operación. De acuerdo a solicitudes de información realizadas por ESPEJO a los Sistemas DIF municipales en Sinaloa a través de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT).
Al menos 29 comedores fueron cerrados y son San Ignacio, Mazatlán, Escuinapa, Concordia, Badiraguato, Rosario, Elota y Sinaloa municipio donde se concentra la mayor cantidad de cierres. En muchos casos, los espacios dejaron de funcionar entre diciembre de 2024 y los primeros meses de 2025, justo cuando la violencia escaló tras el conflicto entre dos facciones del cartel de Sinaloa.
Comedores que cerraron cuando el territorio se volvió inhabitable en Sinaloa

Comedor comunitario de Las Tunas de Abajo
En San Ignacio, cuatro Espacios de Alimentación, Encuentro y Desarrollo (EAEyD) dejaron de funcionar en 2025 por motivos de inseguridad. El comedor La Unión, ubicado en la comunidad de Acatlán, dejó de operar en febrero de 2025 debido a la violencia en la zona. La Calabazita, en Los Humayes, cerró en junio del mismo año por la misma causa. La Ilusión, que brindaba alimentación en Vado Hondo, suspendió actividades en marzo de 2025 por la falta de condiciones de seguridad, mientras que La Fortuna, ubicado en Tacultapa, reportó su cese de operaciones en junio de 2025 por la inseguridad en la región.
En Concordia, cerraron 11 comedores -nueve comunitarios y dos escolares-, principalmente por inseguridad y, en algunos casos, por falta de equipamiento. Los comedores escolares de las escuelas General José Miramontes, en Pánuco, y 9 de Junio, en El Palmito, dejaron de operar debido a la falta de equipo para preparar alimentos. En el caso de los comedores comunitarios, el motivo del cierre fue la violencia. El Paraíso, en Los Naranjitos; La Esperanza, en La Pastoría; La Organización del Bienestar, de El Habal de Copala; El Habal de San Juan Jacobo; Nuestro Futuro, de Agua Caliente Jacobo; La Unión, de El Magistral; La Sabrosita, de Chupaderos; El Cerrito, de Santa Catarina; y La Pasadita, de Piedra Blanca, suspendieron actividades tras ser alcanzados por la violencia.
En Rosario, ocho comedores comunitarios suspendieron actividades, algunos de ellos debido al desplazamiento casi total de las comunidades. La Esperanza del Niño, ubicado en Aguacaliente de los Panales, cerró en julio de 2025 al quedarse sin población a la que atender tras el desplazamiento forzado. La Encantadora, de Nuevo Tonalá, reportó su cierre en junio de 2025 por inseguridad. A estos se suman La Esperanza de mi Día, en Las Habitas, que cerró en agosto de 2025; El Baluarte, en Hacienda El Tamarindo, que dejó de funcionar en el mismo mes; Un Nuevo Amanecer, en Maloya, que cerró en septiembre de 2024; Cocina Familiar, en Jalpa, que suspendió actividades en septiembre de 2024; El Porvenir, en El Tecomate, que cerró en febrero de 2022; y El Futuro Porvenir, en El Potrero de los Laureles, que dejó de operar en enero de 2025.
En Elota, cuatro EAEyD dejaron de operar debido a la inseguridad y al desplazamiento de familias hacia la cabecera municipal. Nuestro Esfuerzo de Paredón Colorado reportó su cierre en septiembre de 2024 por violencia y desplazamiento. La Milagrosa, ubicado en Ensenada, dejó de operar tras una combinación de factores que incluyeron la pandemia en 2021, la falta de organización comunitaria y, posteriormente, la inseguridad y el desplazamiento forzado. El Milagro, de Ibonia, suspendió actividades en septiembre de 2024 por el desplazamiento derivado de la violencia, y Mi Jardín, en El Espinal, dejó de funcionar en el mismo mes por no contar con un espacio fijo y por la inseguridad en la zona.
En Badiraguato, al menos seis comedores comunitarios cerraron durante 2025 debido a la violencia persistente en las comunidades donde se ubicaban. Las Mandarinas, en Calabazas; El Durazno, de El Frijolar; La Favorita, de Huixiopa; Los Arrayanes, de La Sábila; Las Delicias, de Potrero de Bejarano; El Río, de Santo Tomás de Arriba; y La Soledad, suspendieron actividades a lo largo de ese año.

Respuesta del Ayuntamiento de Concordia a la solicitud realizada por ESPEJO.
Mientras tanto, municipios como Mazatlán reportó seis comedores inactivos. El comedor La Paloma, ubicado en Los Limones, cerró en 2025 por no contar con servicio de energía eléctrica. En ese mismo año dejó de operar La Principal, de El Tecomate de La Noria, cuyo cierre fue atribuido a la inseguridad en la zona.
A este caso se sumaron La Pasadita, en El Guamúchil, y Pachita, en San Marcos, que también suspendieron actividades. Asimismo, El Capiro, de La Mora Escarbada, y La Esperanza, de Caleritas, dejaron de funcionar por falta de demanda.
En el caso de Escuinapa, la situación fue la violencia. Ahí cerraron cinco comedores el de La Cocinita de San Miguel, ubicado en San Miguel de Atargea; Ilución de La Ceiba; Cocina de la Mujer Campesina de Las Pilas y La Casa de la Mujer Tepehuana del Trébol II.
Por su parte, Sinaloa municipio registró el cierre de 3 comedores, uno escolar que funcionaba en la Escuela Narciso Mendoza en Cabrera de Limones, el motivo: fue inaugurado en agosto de 2025 pero el equipo jamás llegó. En cuanto a los EAEyD inactivos, los comedores La Alegría, de Buchinare y Bellas Vista en Sarabia, reportaron su cierre en septiembre de 2025 por la inseguridad.
Muchos de estos espacios eran comedores fundados desde la década de los noventa y principios de los dos mil, con más de 20 o 30 años de operación continua, sostenidos por comités comunitarios y, en su mayoría, por mujeres voluntarias.
En varios municipios, el cierre de comedores se justificó oficialmente por “poca población” o “apatía comunitaria”. Además, algunos reportaron la falta de acceso a los ingredientes para preparar las comidas.
El contraste con el el informe de DIF Sinaloa

Este comedor anunció su cierre por falta de apoyos.
En septiembre de 2021, al cierre del sexenio anterior, la entonces presidenta del DIF estatal, Rosa Isela Fuentes Chávez, informó que operaban 313 EAEyD en los entonces 18 municipios, con más de 27 mil personas beneficiadas mensualmente y más de 4 mil mujeres voluntarias a cargo de su funcionamiento.
En el cuarto informe de gobierno, la actual presidenta del DIF estatal, Eneyda Rocha Ruiz, reportó que entre noviembre de 2024 y octubre de 2025 se distribuyeron 397 mil 300 raciones alimenticias y 1,030 canastas, en beneficio de 10 mil 615 personas mensualmente, con 175 comités y 1,225 personas encargadas de la preparación de alimentos.
Aunque el informe destaca la creación de nuevos EAEyD, el reequipamiento de espacios y la instalación de huertos comunitarios, no se menciona el cierre de comedores por violencia o desplazamiento, pese a que estos hechos ocurrieron durante el mismo periodo reportado.
Así mismo, en 2024, el DIF Sinaloa adjudicó al menos 294 millones de pesos mediante licitación pública para programas de alimentación escolar, atención a grupos prioritarios y personas en situación de emergencia, con recursos del Ramo 33 y aportaciones estatales.
Sin embargo, los reportes municipales muestran que, mientras el gasto se ejercía, la red comunitaria de alimentación se reducía en el territorio, sin que exista información pública clara sobre el destino de los recursos en comunidades donde los comedores dejaron de operar.
¿Qué dice el presupuesto 2026?

El recurso para la Atención Alimentaria aumentará para 2026, pero no define cuanto se empleará en los EAEyD en Sinaloa.
En la Iniciativa de Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos del Estado de Sinaloa, el Sistema DIF proyecta atender a 27 mil 147 menores mediante programas de Asistencia Alimentaria y entregar 477 mil 943 canastas alimentarias.
El documento también plantea atender 297 Espacios de Alimentación, Encuentro y Desarrollo, con un presupuesto total de 421 millones 694 mil 279 pesos, conformado por 411 millones 264 mil 648 pesos del Ramo 33 y 10 millones 429 mil 279 pesos de participaciones.
No obstante, la iniciativa no especifica cuánto de ese presupuesto será destinado directamente a los EAEyD, pese a que en los últimos meses decenas de estos espacios cerraron por inseguridad, violencia y desplazamiento forzado. Tampoco se detalla si existirá una estrategia diferenciada para garantizar su operación en las zonas más afectadas por la crisis de violencia iniciada en septiembre de 2024.
Silencio y falta de información

Comedor comunitario en Mazatlán.
A este escenario se suma la falta de información oficial. Culiacán, Choix y Cósala no respondieron a solicitudes sobre la operación de comedores comunitarios, mientras que Guasave no atendió requerimientos realizados a través de la Plataforma Nacional de Transparencia.
El cierre de los comedores comunitarios no es solo un ajuste administrativo. Para muchas comunidades, estos espacios representaban el único acceso a alimento caliente y un punto de encuentro colectivo.
El pasado 6 de diciembre, la activista y miembro del colectivo Tarámari Sinaloense, Hortensia López Gaxiola, reportó que el comedor de Las Tunas, en Sinaloa Municipio, cumplía cinco años sin operar. El comedor cuenta con área de cocina, de comensales y módulos sanitarios, con una inversión de 1 millón 765 mil 932 pesos.
“¡Ahí nadie come! Hago un atento llamado al gobernador Rubén Rocha Moya a que se opere este espacio, a que estos 70 niños tengan la oportunidad de alimentarse y, con ello, tener mejor salud y un mejor futuro. Que la justicia social llegue a los indígenas de Las Tunas, que nadie se quede atrás”, dijo la activista.

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