Yosimar García Cruz, elemento de la Policía Municipal de Culiacán, fue sacado a la fuerza de su domicilio el 26 de enero de 2017. Hoy, a nueve años de su desaparición, su madre, María Isabel Cruz Bernal, lo recuerda con un homenaje a su memoria y al camino que ella misma ha recorrido como madre buscadora.
Madres buscadoras del colectivo Sabuesos Guerreras, encabezadas por María Isabel Cruz, realizaron en las inmediaciones de la Catedral de Culiacán una exposición de más de 20 fotografías que narran, en orden cronológico, el inicio y el transitar de Cruz Bernal en la búsqueda de su hijo.
A la par, colocaron pertenencias y recuerdos del joven desaparecido, objetos que han sido acumulados por la madre en la ausencia y en la espera del regreso de Yosimar.
“Hoy esto aquí solo muestra una parte de todo mi caminar, de lo que yo he hecho, de lo que he realizado, de lo que Yosimar ha logrado, porque todo esto es de Yosimar, no mío, y de todo lo que una madre tiene que sufrir para poder encontrar a su hijo, pero sobre todo para hacer visible la problemática que vivimos”, dijo María Isabel.
El memorial inicia con imágenes de agosto de 2017. En la primera fotografía se observa a la buscadora junto a dos personas, rezando. Alrededor, restos óseos expuestos; se trata de una de las primeras búsquedas positivas del colectivo Sabuesos Guerreras. Por otro lado, las imágenes más recientes corresponden al año pasado, 2025, con la localización de cuerpos dentro de una fosa séptica en la sindicatura de Tacuichamona.
La intención del memorial no es solo recordar, sino también mover el interior de quienes lo miran.
Para Marisol Molina, integrante del colectivo Sabuesos Guerreras, quien busca a su hermano Víctor Ramón Aguayo Molina, desaparecido desde octubre de 2025, este memorial busca que las personas volteen a ver la situación del estado de Sinaloa respecto a las desapariciones forzadas y las historias de quienes buscan a sus desaparecidos.
“Es un memorial de mucha tristeza y de dolor que, sinceramente, no debería existir. No debería existir. Esperemos que las autoridades hagan algo por ayudarnos, que nos escuchen. Hemos gritado, hemos llorado, hemos brincado y, sinceramente, nadie nos voltea a ver.
Esperemos que con esto se reconozca un poquito la labor que hacemos como rastreadoras y buscadoras. Lo único que queremos es a nuestros familiares, que tengan un lugar digno donde poderles llorar, solamente eso”.












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