Culiacán, Sinaloa.- Este fin de semana, la indignación volvió a movilizar a cientos de personas en Culiacán. Esta vez, por el asesinato del joven Fernando Alan por parte de militares en una presunta confusión.

La convocatoria invitaba a comenzar a las nueve de la mañana en la Catedral de Culiacán, en el centro de la ciudad, para terminar en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida como La Lomita. Se trata de un recorrido de dos kilómetros.

Puntuales, cientos de personas abarrotaron las escalinatas de la catedral y parte de la Plazuela Obregón. Aunque la marcha fue convocada por familiares y amigos de Fernando Alan, los manifestantes portaban pancartas, fotografías y lonas con muchos otros rostros: algunos de personas desaparecidas, otros de víctimas asesinadas, todos atravesados por la violencia que golpea a Sinaloa.

Esos mismos rostros aparecían también en la vestimenta de varios asistentes, que marcharon con camisetas rotuladas con las imágenes de sus seres queridos.

Cuando la muchedumbre comenzó a avanzar, la Policía de Tránsito mantenía bloqueada solo de manera parcial la avenida Álvaro Obregón, una de las más transitadas de la capital sinaloense. Esto resultó insuficiente ante la magnitud de la asistencia, que hizo necesario cerrar la circulación por completo de forma repentina.

El padre, la madre y los amigos de Fernando Alan encabezaron el primer recorrido, cargando una lona con su rostro y la exigencia de justicia impresa. El arranque fue casi en completo silencio, solemne, interrumpido apenas por algunos gritos aislados de exigencia. A diferencia de otras marchas, como la realizada en enero de 2025 por el asesinato de los niños Gael y Alexander, en esta ocasión, una vez iniciada la movilización, no hubo personas entonando canciones.

Cientos de personas marcharon en Culiacán tras el asesinato de Fernando Alan, joven muerto en una presunta confusión durante un operativo militar.

La indignación volvió a las calles de Culiacán tras el asesinato de Fernando Alan.

El silencio se quebró cuando al contingente se le cruzó una camioneta del ejército mexicano, que avanzaba por una de las avenidas laterales a la Álvaro Obregón, a la altura del Parque Revolución. Casi al unísono, hombres y mujeres rompieron la quietud con un grito: “¡asesinos!”, acusaron. Desde ese momento, las consignas comenzaron a oírse.

Las principales eran “justicia para Fernando”, “justicia”, “él no era un criminal”, y “gobierno corrupto, el pueblo está de luto”. Esto no detuvo a personas de hacer sus propias exigencias personales, como “queremos salir de noche”, o “quiero un Culiacán libre”. Los señalamientos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, tampoco faltaron a lo largo de toda la jornada.

“Mataron a un novio, a un hijo, a un amigo […] A cualquiera le pudo haber pasado esto, hay muchos carros blancos, pudo haber sido una mamá con sus hijos o una familia entera. Tienen que pensar bien antes de disparar, lo acribillaron nada más por tener un carro blanco, ¿cómo es posible? Bola de burros. Asesinos”. gritó uno de los amigos de Fernando Alan que iba al frente, ya con la voz raspada y entrecortada.

 

Algunas personas de las que encabezaban la marcha rompían en llanto cuando las consignas sonaban más fuerte.

Antes de llegar a la Lomita, la muchedumbre se topó por segunda ocasión con elementos del ejército, al encontrarse con un camión militar estacionado en una de las calles aledañas de la colonia Guadalupe. “¡Allá van, allá van los asesinos!”, gritó un hombre, detonando una nueva oleada de reclamos. “¡Asesinos!”, corearon varias personas más. Ante los gritos, los soldados encendieron el vehículo y se retiraron de inmediato.

Cuando la muchedumbre llegó a las escalinatas de la parroquia, se concentró durante varios minutos. El colectivo de madres buscadoras que se había integrado a la protesta se hizo a un lado. Desde ahí, Reynalda Pulido, presidenta del colectivo de rastreadoras Madres en Lucha por tu Regreso a Casa, tomó el megáfono e invitó a continuar con una segunda vuelta, esta vez para exigir justicia por las personas desaparecidas.

“Una disculpa, pero yo voy de regreso. Vamos de regreso y exigimos que el estado deje de hacernos daño, ya no queremos sangre”, dijo Reynalda a los manifestantes.

 

Los familiares y amigos de Alan aceptaron y, sin una reducción notable del contingente, la marcha regresó a la Catedral, ahora encabezada por las madres buscadoras.

Para esta segunda vuelta, las consignas fueron “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “hijo, escucha, tu madre está en la lucha”, entre otras. También formó parte central de los reclamos la exigencia de renuncia para la comisionada de búsqueda, Karina Elizabeth Márquez Calderón, por no cumplir con las obligaciones de su cargo.

Finalmente, al regresar a la Catedral, quienes habían cargado las lonas las colocaron en las escalinatas o las colgaron en la reja exterior. Pasadas las 11 de la mañana, la concentración de personas se disipó, dejando tras de sí un conjunto de rostros, nombres y exigencias de justicia a la vista del público.

Una violencia que no se detiene

 

Fernando Alan, de 23 años, fue asesinado el martes 13 de enero en la colonia Tierra Blanca, en Culiacán, presuntamente por elementos de la Guardia Nacional durante un operativo en la zona. De acuerdo con el testimonio de su familia, los militares abrieron fuego contra el vehículo Mazda blanco en el que viajaba junto a su novia, al confundirlo con otro automóvil del mismo color.

Desde septiembre de 2024, el estado vive una escalada de violencia por la guerra interna entre facciones del cartel de Sinaloa, que enfrenta a “Los Chapitos” contra “Los Mayitos”. La disputa por la hegemonía regional ha provocado enfrentamientos armados, bloqueos carreteros y ataques directos en distintas regiones del estado, particularmente en Culiacán y la zona centro.

Esta narcoguerra ha dejado un saldo creciente de víctimas civiles. En ese contexto se inscriben los casos que detonaron protestas en Culiacán en los últimos 16 meses, todas enlazadas por la exigencia de justicia.

En enero de 2025, miles de personas marcharon tras el asesinato de los niños Gael y Alexander, de 12 y 9 años, quienes murieron durante un ataque armado contra su familia; su padre falleció en el lugar. Meses después, en mayo, las niñas Leidy, de 11 años, y Alexa, de 7, murieron en Badiraguato en medio de un enfrentamiento armado, en un caso donde familiares denunciaron un ataque por confusión de fuerzas federales.

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