Mazatlán, Sinaloa.- Desde su escritorio, José Santos García Valdez habla de dinero y de justicia, dos conceptos que rara vez viajan en el mismo carril. Es su primera rueda de prensa como dirigente de la Alianza de Camiones Urbanos y Suburbanos de Mazatlán. Espejea a sus lados, presenta a los integrantes de la nueva directiva.

Viste de azul y mira al frente el tope de micrófonos que lo rodea. Aunque el asiento es nuevo, la escena parece conocida: detrás de ese mismo escritorio, hasta hace unas semanas, Efrén Landell Osuna, su antecesor, hablaba de lo mismo. Si no fuera porque no lleva gorra como lo hacía Landell, cualquiera diría que el chofer es el mismo y la ruta también.

La oficina principal funciona como terminal. García Valdez mete primera y arranca con datos duros: cuatro años con la tarifa congelada, inflación acumulada, diésel al alza, gasto operativo disparado. Habla de camiones descompuestos, de concesionarios que ya no alcanzan a cubrir reparaciones, de una flota que se queda varada por falta de recursos.

En resumen y para no ir muy lejos: en Mazatlán, el transporte público cascabelea con el motor forzado.

En medio de números y porcentajes, García Valdez baja la velocidad y habla de justicia.

“Primero tendría que buscarse lo justo”, dice.

“¿Cuánto sería lo justo para usted?”

“Para mí lo justo serían 16 pesos, la tarifa”, indica.

Llevar la tarifa a 16 pesos. Diecisés por boleto. Es decir, 3 pesos con 50 centavos más que la actual tarifa del servicio de primera. Explica que por el de segunda, el de los camiones sin aire acondicionado, que quede en 15 o en 14.50 pesos.

Foto: Albaro Sandoval

La tarifa de los estudiantes, que se vea después

García Valdez aclara que había una primera propuesta, más alta: la que de acuerdo con la inflación es la tarifa que debería ser. Y esa está arriba de los 20 pesos. Pero dice que la Alianza entiende la situación económica. Por eso decidieron frenar antes de una subida más empinada y estacionarse en esa cifra.

“Había una tarifa de veintitantos pesos de acuerdo a la inflación, pero también nosotros entendemos a la ciudadanía”.

El nuevo líder no es ajeno al juego político. Llegó al cargo tras ganar la elección interna y sabe leer los semáforos. Fue chofer, indica. Su padre también. Hay orgullo en el tono cuando lo dice.

Sabe también que 2026 es año previo a elecciones y que el contexto complica cualquier ajuste desde el Gobierno de Sinaloa. Aun así, no pisa el acelerador de más: “Esa parte tenemos que ser sensibles todos. Yo creo que en conjunto todo el transporte público pues se llegaría al mejor de los acuerdos con Gobierno del Estado”.

La próxima semana, el planteamiento llegará formalmente a la mesa del Gobierno de Sinaloa.

Ahí se decidirá si el aumento avanza o se queda detenido en el embotellamiento político. Mientras tanto, García Valdez sigue mirando el tablero, los números rojos.

Su discurso mezcla cifras de camino largo: cuatro años sin incremento, inflación acumulada, unidades detenidas, concesionarios en crisis.

Se frena la conferencia. No hay gasolina para extender las preguntas. García Valdez no mete reversa. La Alianza rueda, casi con las llantas ponchadas, por los 16.

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