Mazatlán, Sin.- El Carnaval de Mazatlán a lo largo de su historia ha registrado hechos violentos que se quedaron grabados en la memoria colectiva. En esta entrega te contamos cuáles fueron y cómo estos marcaron la forma en la que se vive la máxima fiesta del puerto. La información presentada en este recorrido histórico se realizó con libros y archivos hemerográficos preservados en el Archivo Histórico del Estado de Sinaloa.
1944: El Belmar: un crimen frente a la reina
En medio del baile de coronación de la reina del Carnaval, Lucila Medrano, en el Patio Andaluz del mítico Hotel Belmar, en el paseo Olas Altas, ocurrió una tragedia que marcaría la historia. El gobernador Rodolfo T. Loaiza, que según el historiador José María Figueroa Díaz era un ávido de la cultura y las artes, se encontraba en el recinto disfrutando de lo que hoy sabemos sería su último baile y la última fotografía del entonces mandatario sonriendo.

Último baile y última sonrisa del coronel Loaiza. Su acompañante: Lucila Medrano, la bella reina del Carnaval (Foto colección de don Miguel Valádes)
“El escándalo en El Belmar fue mayúsculo. La gente, al ver que el gobernador Loaiza caía acribillado a balazos, gritó asustada; corrió, se tiró al piso bajo las mesas; y las demás, varias de ellas, con el pánico reflejado en sus rostros, cayeron desmayadas, presas del histerismo. Más todavía cuando las luces se apagaron, se armó un pandemónium”, dice el autor en su libro “Los Gobernadores de Sinaloa 1831-1996, publicado en 1996”.

El Gitano logró su objetivo y a tiros mató al gobernador.
El asesino, Rodolfo Valdés, alias “El Gitano”, fue aprehendido y recluido en un penal federal de la Ciudad de México. Los nombres de Loaiza y del Gitano quedaron grabados en la historia de los carnavales mazatlecos y ocupan muchas páginas en los libros de historia y de reportajes periodísticos.
1970: el narco entra al carnaval
Otro hecho que marcó la historia del carnaval de la también llamada Perla del Pacífico quedó grabado no solo en la memoria, sino también en un corrido que lleva el nombre de su protagonista: Manuel Osuna Magaña, mejor conocido como “Manuel Salas”. El asesinato ocurrió un 10 de febrero del año de 1970. De acuerdo con información obtenida en medios digitales, esa madrugada Manuel sufrió un ataque a balazos y su cuerpo quedó en el Paseo Claussen, en la bahía de Puerto Viejo. El corrido que lleva su nombre y los hechos, relatan que el hombre estaba inmiscuido en negocios ilícitos de cultivo y trasiego de mariguana y opio.
“Mataron en Mazatlán a un amigo muy sincero. Era su nombre de pila Manuel Osuna Magaña, pero era más conocido por apodo Manuel Salas. Eran las 11:40 al despertar nuevo día, Manuel se andaba paseando con amigos que él tenía. Él andaba disfrutando la fiesta del Carnaval, también le andaba tocando una banda regional”, dice el corrido cantado por Los Leones de Durango.
2002: Los policías que no existían

En Mazatlán, dos gatilleros habían muerto, junto a un agente. Otros dos fueron detenidos, nadie sabía quienes eran.
Años después, en el comienzo del nuevo milenio y en el marco de un feroz enfrentamiento entre el Cártel de Tijuana, de los hermanos Arellano Félix, y el Cártel de Sinaloa, encabezado por Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, Mazatlán y su fiesta carnestolenda volvió a teñirse de rojo, de sangre y de una manera que podría calificarse como digna de una película.
Una mañana de domingo de carnaval, 10 de febrero de 2002, en la calle Gaviotas, en el corazón de la zona turística de Mazatlán, de acuerdo con una nota periodística del periódico Noroeste, una partida de elementos de la Policía Ministerial le marcó el alto a un automóvil Volkswagen, tipo sedán, color blanco, con cuatro individuos a bordo, por aparente actitud sospechosa.
Con arma en mano, el ministerial ordenó el alto y, según lo que dice el reporte, los ocupantes del vehículo blanco abrieron fuego contra los elementos y estos respondieron. En la banqueta de la calle Gaviotas quedaron los cuerpos sin vida del ministerial y del otro sujeto, quien, según testigos presenciales de los hechos, había tirado su arma y se había identificado como elemento de la hoy extinta Procuraduría General de la República (PGR), pero aun así le dispararon. Más tarde, otro de los gatilleros moriría mientras recibía atención médica como resultado del enfrentamiento.
Los abatidos fueron identificados con credenciales que después se comprobó eran apócrifas y pertenecían a distintas corporaciones policiacas y de persecución del delito. Los muertos eran, según las credenciales de la PGR, Jorge Pérez López y Héctor Solórzano; y una credencial de la Policía Ministerial del vecino estado de Sonora se atribuía al agente Ángel Antonio Arias. Por ese día así quedaron las cosas. La versión oficial de los hechos se perfilaba como “víctimas de un enfrentamiento entre bandas rivales de narcotraficantes”. Los cuerpos fueron levantados por la funeraria de guardia, en este caso la Calderón.

Las autoridades pedían ayuda para identificar a los gatilleros con credenciales apócrifas.
Ese mismo día, a las 17:00 horas, supuestos familiares de los sicarios muertos, quienes fueron identificados como Manuel Pérez Pérez (o Manuel Ramírez Flores) y Jorge Pérez López, se presentaron ante el titular de la agencia especializada en homicidios dolosos para reclamar los cuerpos. Así sin más, trabajadores de la funeraria aseguraron que la procuraduría les había dado la orden de que la documentación estaba completada y podían procesar la entrega de los cadáveres.
Más tarde, los mazatlecos se enterarían a través de los noticieros de la época que uno de los abatidos, Jorge Pérez López era realmente Ramón Arellano Félix. Uno de los narcotraficantes más buscados por el gobierno americano por sus actividades delictivas. y jefe del Cártel de Tijuana.
2010-2011: La era de Calderón

Las personas corrían despavoridas y a su paso se dejaron objetos personas y gente herida.
El siguiente suceso fue en medio del gobierno federal encabezado por Felipe Calderón Hinojosa, en el contexto conocido como “la guerra contra el narco”, donde el país se vio envuelto en una vertiginosa espiral de violencia. Los enfrentamientos, el hallazgo de cuerpos mutilados y sin vida en la vía pública, así como las extorsiones, secuestros, el tráfico de drogas y la trata de personas volvieron temerosa a la sociedad mexicana y, por supuesto, trastocaron a los mazatlecos de idiosincrasia relajada, que ahora vivían con miedo e incluso con toques de queda.
Aun así, el Carnaval de Mazatlán de 2010 se realizó y algunos porteños y turistas tomaron la fiesta como una oportunidad para distraerse, aunque hubo quienes llamaron a no ir y evitar ponerse en riesgo. Fue el 16 de febrero de 2010, durante el desfile del carnaval, cuando un rumor tomó fuerza y provocó pánico y una estampida humana. El origen del ruido no fue un balazo; más tarde se supo que todo inició por el forcejeo de dos tipos que “se tenían ganas” y uno de ellos arrojó una piedra contra una cortina de fierro, provocando que una mujer gritara “¡balazos!” y se desencadenara la histeria colectiva.
Fue tanto el furor, que las mismas autoridades municipales que se encontraban disfrutando del evento desde una plataforma sobre la avenida Del Mar, abandonaron el sitio. Incluso se dijo que el entonces rey de la alegría, Tomás Antonio “El Centenario”, había sido víctima de un ataque; esto se supo que no fue real, pero el rumor era fuerte y el miedo también. La gente corrió dejando atrás sillas, pertenencias como teléfonos, zapatos y hasta bolsos; hubo niños perdidos por un momento que fueron dejados atrás en la estampida, personas lesionadas, desmayadas del pánico, hieleras y bandejas de ceviche a medio comer.
Aun así, al día siguiente el entonces presidente municipal priista Jorge Abel López Sánchez y su director del Instituto de Cultura, Turismo y Artes de Mazatlán salieron no a brindar una explicación, sino a dar cifras del éxito de la máxima fiesta del puerto.
“Corrí con mi mamá y el niño y nos escondimos en una farmacia; bajaron la cortina y esperamos a que pasara todo. No sabíamos nada, nomás escuchábamos que había habido una balacera y no quisimos averiguar, mejor huimos. Mi hermano también estaba ahí y él, junto a su esposa y su hija, se lanzaron del malecón a la playa para esconderse en el agua. Fue un show. Dijeron después que fue un pleito, se pasaron, nos asustamos muy feo”, cuenta la señora Sandra Palazuelos, quien acudió a ese desfile a pesar de las advertencias que circulaban entre la misma ciudadanía.
Al año siguiente, en 2011, el carnaval tenía el aire del cambio. Al frente del gobierno del estado se encontraba Mario López Valdez y en el municipio mazatleco el panista Alejandro Higuera Osuna. El lema de ese año era “El retorno de las musas” y eso fue porque “El Diablo Azul”, apodo con el que se le conoce a Higuera Osuna, regresaba al poder luego que el PRI le ganara la reelección en 2007. El gobierno, autoproclamado del cambio, quería demostrar y hacer la diferencia, por lo que anunciaron que a este carnaval le añadirían un operativo con la coordinación de todas las corporaciones estatales y federales que impedirían a toda costa que se repitiera la estampida del año anterior.

Fachada de lo que fue el antro Antares en Mazatlán. FOTO: El Debate/Archivo Histórico de Sinaloa
Pero lo que se vendría en el último día del carnaval era algo para lo que nadie estaba preparado. En la avenida Del Mar operaba un antro llamado Antares Show Center, aunque algunos lo podrían recordar como el sitio donde también estuvo El Coliseo. La noche del martes 8 de marzo de 2011, martes de carnaval, se presentó el cantante Gerardo Ortiz, quien se caracterizaba por sus corridos que hacían apología a la vida y obra de narcotraficantes. Él no iba solo: lo acompañaba un grupo musical con uniforme de camuflaje tipo militar y parches con dibujos de fusiles AK-47, conocidos como cuernos de chivo, y en la espalda, bordado la palabra ANTRAX.
El lugar estaba repleto por una multitud de jóvenes que cantaban y bailaban al son de los narcocorridos. Esa noche la presentación culminó con éxito y la fiesta continuó en el estacionamiento de la discoteca, ubicado en la planta baja y cercado por la maleza de la laguna del Camarón. Esto no era una anormalidad: era costumbre que después de alguna presentación grupos de personas se quedaran para seguirle a la fiesta y la convivencia, siempre en compañía de alcohol y música para que el ambiente de festividad siguiera.

Así se veía la nota pública al día siguiente de la masacre en El Debate.
Por lo que aquella madrugada no sería la excepción a la regla. Ese ambiente de fiesta fue abruptamente interrumpido cuando dos vehículos, una camioneta tipo Murano y un Pointer dorado, con al menos 10 personas armadas, arribaron al lugar. Los hombres, que vestían ropas militares e iban encapuchados, abrieron fuego contra quienes solo disfrutaban de la música de banda y unos tragos. Algunos brincaron a la laguna del Camarón para esconderse, pero hubo quienes no corrieron con la misma suerte.
Seis personas, de acuerdo con una nota del periódico El Debate titulada “Atentado en Carnaval”, habían sido asesinadas y otras 21 resultaron heridas por los proyectiles, entre ellos varios músicos de la recién formada banda La Sinaloense, quienes amenizaban el encuentro.
El percance ocurrió a las 05:15 horas. Información proporcionada por personal de la Procuraduría General de Justicia en la zona sur indicó que los fallecidos fueron Patricia Yaxel Paz de la Vega, de 19 años, originaria del poblado de Tacuitapa, San Ignacio; Manuel Antonio Sandoval Castañeda, de 21 años, egresado de la Escuela Náutica local; Luis Gárate Calleros, de 34 años, hijo de un empresario restaurantero; Alfredo Sánchez Araujo, de 21 años; y el músico Gustavo Gárate Terán “El Pipas”, de 25 años, originario del poblado de Siqueros, quien tocaba el trombón.

En El Noroeste se hablaba de más de cien casquillos dejados en la escena.
Este último pertenecía a la banda La Sinaloense, quienes interpretaban algunas melodías a los presentes. En el sitio fallecieron Luis Gárate Calleros y Gustavo Gárate Terán. Paz de la Vega falleció mientras recibía atención médica en la clínica del ISSSTE, mientras que en el Seguro Social falleció Sánchez Araujo y en el Hospital Sharp, Manuel Antonio Sandoval Castañeda. Por la tarde, a las 19:00 horas, murió el músico Alberto Lizárraga “El Junior”, quien perdió mucha sangre. Este joven era sobrino de Germán Lizárraga, director de la banda Estrellas de Sinaloa.
En el sitio se levantaron más de 100 casquillos percutidos calibre 7.62 x 39, para “cuerno de chivo”, y 9 milímetros. Tras el hecho, el lugar fue rodeado por elementos municipales, ministeriales, militares y estatales, y algunos de la Policía Federal.
En su momento, la Procuraduría General de Justicia del Estado, hoy Fiscalía General del Estado, dijo que se trataba de un ataque directo, pero al día de hoy poco se sabe de quienes cometieron esa masacre que se dio en medio de un operativo en funciones.

Un elemento observa a una de las víctimas, era músico de la Banda la Sinaloense.
En relevo a su responsabilidad, la empresa propietaria de la discoteca aseguró que los hechos se habían dado después del evento y que la disco ya estaba cerrada. Otro que mostró ser de mecha corta en materia de preguntas fue el propio secretario de Seguridad Pública estatal, el doctor Francisco Córdova Celaya, quien terminó en uno de sus arranques señalando como “malandritos” y “narquitos” a las víctimas del atentado del estacionamiento, asegurando “no tener un policía para cada malandrito ni ser responsable de enfrentamientos entre narquitos que se reúnen a escondidas a emborracharse o drogarse.”
La declaración del funcionario estatal de seguridad fue cuestionada por representantes sociales del puerto, quienes lo señalaron de frívolo y falto de seriedad.
Pese a este hecho calificado por los mazatlecos como atroz, las autoridades municipales y estatales declararon su operativo de carnaval con saldo blanco, en vista de que los acontecimientos relatados se habían dado en un lugar retirado de la zona carnavalera de Olas Altas, donde se realizaba el concierto de cierre de la cantante María José. Otro argumento que dieron las autoridades fue que “a las 5:00 no hay policías en Mazatlán”; eso dijo el alcalde Alejandro Higuera Osuna sobre el hecho.
Actualmente, el edificio donde se orquestó esa pesadilla ya no existe; hoy se erige sobre ese predio una torre de condominios.

Uno de los hombres más buscados en 2014 estaba en unos condominios de Mazatlán.
Ahora daremos un salto a 2014
El sábado 22 de febrero los mazatlecos se despertaron con el ruido inusual de helicópteros. Su presencia se debía al desarrollo de la Operación Gárgola o Cisne Negro, la cual se llevó a cabo del 19 de enero al 22 de febrero con tareas de inteligencia de la Marina Armada de México (SEMAR) en el puerto. El operativo fue un éxito y, sin disparar una sola bala, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera fue detenido en un condominio del hotel Miramar, sobre la avenida Del Mar.
Su detención vino luego que, en días previos, en Culiacán se detuviera a sicarios cercanos al círculo de Guzmán Loera. Por ello, la noticia dio la vuelta al mundo. El Chapo Guzmán Loera había sido atrapado en el departamento 401 del edificio Miramar, un edificio de apartamentos frente al mar, ubicado céntricamente y a escasos 200 metros de la base de operaciones de la entonces Policía Ministerial, a unos 200 metros del Acuario Mazatlán y de la Ciudad Universitaria de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Su aprehensión fue aséptica, sin disparos y sin los supuestos anillos de guaruras y pistoleros que supuestamente acompañaban al capo. Lo acompañaba tan solo un hombre de su confianza, Carlos Manuel Hoo Ramírez, y al parecer también lo agarraron dormido.
El sábado 22 de febrero de 2014 la historia no solo culmina con la detención del Chapo y su traslado al penal federal de máxima seguridad del Altiplano, o de Almoloya. Ese sábado 22 de febrero inició, a través de las redes sociales, la difusión de fotografías de personas de todas las edades y procedencias sociales que han tomado el edificio Miramar como marco escenográfico para una fotografía en el lugar donde cayó prisionero Guzmán.
Y fue con esta captura que arrancó el Carnaval de Mazatlán. Algunos dicen que su detención no hubiera sido posible sin que hubiera un ambiente de calma y festividad en el aire, con la cercanía de la máxima fiesta del puerto mazatleco tan cerca.
Este año el carnaval se celebrará del 12 al 17 de febrero y su lema es “¡Arriba la Tambora!”. Esta edición, al igual que la anterior, se celebra en medio de una crisis de inseguridad que desde septiembre de 2024 azota a la entidad. La guerra interna entre dos fracciones del crimen organizado ha dejado a su paso un aumento en el robo de vehículos, homicidios, ataques a negocios e incluso 644 reportes de desaparición forzada, de los cuales 464 personas siguen sin ser localizadas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas.
Las autoridades han anunciado que, como cada año, se implementará un operativo de seguridad con la participación de los tres órdenes de gobierno que brindarán seguridad en la franja turística del puerto, sobre todo en la zona carnavalera que se concentra en Olas Altas, Paseo Claussen y la Plazuela Machado, así como la avenida Del Mar los días de desfile.

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