Arià Paco, ganador del Premio Llibres Anagrama de Novela 2025 con la novela en catalán bajo el título Teoria del joc, y posteriormente traducida al español como Teoría del juego, ha conversado para Bibliófago y ESPEJO, contando que durante su formación doctoral en Filosofía —realizada en la Universidad de Arizona— lo llevó a cuestionar los límites del pensamiento académico y a encontrar en la novela una forma más amplia de exploración ética.
“Me di cuenta de que en el mundo académico las preguntas están hiperacotadas, hiperespecializadas”, señaló en entrevista durante la Feria Internacional de Libro de Guadalajara 2025.
“La literatura es algo que puede abarcarlo todo y además te hace pensar a través de la imaginación”. Incluso añadió que aprendió más sobre ética “con Crimen y castigo de Dostoievski que con cualquier tratado filosófico”.
Una novela sobre hombres que crecieron con el feminismo
El punto de partida de Teoría del juego fue, según relató el autor, la ausencia de ficciones centradas en hombres que han crecido escuchando hablar de feminismo y que intentan incorporar ese marco a su vida afectiva y sexual.
“Veía ficciones en las que las mujeres ahondaban en su deseo y en cómo vivían el sexo y el amor, y pensaba: yo quiero también ver cómo lo viven los hombres”, explicó. En particular, se interesó por hombres “que han oído hablar de feminismo toda su vida y que han decidido darle importancia, pero que siguen siendo hombres heterosexuales”.
La novela sigue a Ernest, su protagonista, desde la infancia hasta la adultez, explorando su despertar sexual, la culpa asociada al deseo y su aprendizaje emocional. Paco señaló que quería acompañarlo desde el inicio: “Desde que tiene diez años y de golpe empieza a desear y siente culpa”. Sobre ese momento inicial, describe el pensamiento del personaje: “Le salen pelos en el culo y piensa: esto es un castigo divino por pensar estas guarradas”.
Deseo y amor: dos fuerzas distintas
Uno de los ejes centrales de la novela es la distinción entre deseo y amor. Paco describió el deseo como “una fuerza de insatisfacción, un principio de cambio que siempre te está llevando hacia el futuro”.
También advirtió que “cuando un deseo es satisfecho de golpe muere y aparece otro”.
En contraste, señaló que el amor es “un principio de realidad”, una fuerza que “te hace aceptar lo que hay y abrazarlo en vez de estar constantemente insatisfecho”.
Aunque la historia recorre experiencias sexuales, el autor explicó que la novela “quiere ser una novela de amor”.
Culpa generacional y sospecha sobre el deseo
En la conversación se abordó la presencia constante de la culpa en el personaje. Paco distingue entre una culpa de raíz judeocristiana —“nos han dicho que el sexo es algo que hay que esconder, que es tabú”— y otra más generacional.
Esta segunda forma surge cuando el personaje “absorbe el lenguaje moral de su mundo” y percibe que “el deseo de los hombres tiene algo de repugnante socialmente, está bajo sospecha de entrada”. Esa tensión atraviesa el recorrido vital de Ernest y configura su conflicto interno.
Recepción y diálogo con lectoras y lectores
A ocho meses de su publicación, Paco compartió que la novela ha generado lecturas diversas. Sobre el protagonista, dijo que muchas personas coinciden en que “Ernest es un personaje irritante”, en parte porque “antes de dar un paso se cuestiona mil cosas” y porque “está en el sexo pensando en mil inseguridades”.
Al mismo tiempo, relató que varios lectores hombres le han expresado identificación con el personaje.
“Muchos hombres me han escrito diciendo que se han sentido representados y que lo buscaban y que lo necesitaban”, señaló.
En cuanto a las lectoras, mencionó que algunas esperaban encontrar un modelo más definido de nuevas masculinidades: “Querían las nuevas masculinidades y en este libro solo hay un hombre que intenta hacer las cosas mejor, pero no ha cambiado tanto”. Otras, en cambio, le han comentado que la novela les genera esperanza al ver personajes masculinos que reflexionan sobre feminismo.
Literatura frente a la crisis de representación
La conversación se amplió hacia el contexto cultural y político contemporáneo. Paco afirmó que percibe “una especie de crisis de representación” en ciertos sectores masculinos y que su interés es “poner a un hombre complejo en el centro de una novela y en el centro de la conversación literaria”.
Al preguntarle dónde coloca su esperanza, respondió: “La respuesta fácil es la literatura”, y desarrolló que leer implica “ponerte en la mente de alguien más”.
Añadió que “leer es un acto muy feminista” porque permite salir de una visión autocentrada y comprender otras conciencias.
El episodio concluye con la lectura de un fragmento de la obra, donde se interroga la vergüenza, el deseo y la herencia cultural en torno a la sexualidad.
“Nos toca vivir con la vergüenza, el tiempo que quede hasta el próximo polvo”, dijo.
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La conversación con Rulo Zetaka y Arià Paco se puede escuchar en el Sexto episodio del podcast Bibliófago: donde el festín de la palabra es el aperitivo, el plato fuerte y el postre. Disponible en el siguiente enlace:
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