Culiacán, Sin.- ¿Puede la lectura frenar el reclutamiento juvenil? Este fue el planteamiento que se le hizo a Imanol Caneyada, escritor y miembro del consejo editorial del Fondo de Cultura Económica, mientras entregaba ejemplares gratuitos de libros a jóvenes estudiantes de la Universidad Autónoma de Sinaloa, en Culiacán.

La pregunta surge ante el incremento acelerado de menores implicados en actividades delictivas. De septiembre de 2024 a la fecha, 115 adolescentes han sido detenidos en Sinaloa e internados en el Centro de Internamiento para Adolescentes del Estado. Antes de la guerra interna entre dos facciones del crimen organizado, había apenas cuatro menores privados de la libertad, de acuerdo con cifras obtenidas a través de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE).

En medio de este escenario, Caneyada plantea una idea que descoloca: el problema no empieza en el fusil, sino en la narrativa que lo vuelve deseable.

A mí la lectura me volvió un ser crítico y empático, así te das cuenta del tipo de mentiras que nos dicen y que enganchan a los jóvenes”, sostiene.

Para él, el desarrollo del pensamiento crítico y la capacidad de ponerse en el lugar del otro son herramientas que permiten tomar distancia de los discursos que prometen poder, dinero o heroísmo inmediato.

Para México, apunta, el gran problema no son solo las figuras como la de El Mencho o El Chapo Guzmán, sino la cantidad de adolescentes que compran el discurso de un sistema criminal que necesita mano de obra joven para sostenerse.

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El escrito Imanol Caneyada explicó que la lectura desarrolla la empatía y el pensamiento crítico.

Y en un estado donde, según la misma SSPE, de los 115 jóvenes detenidos, más de 100 enfrentan cargos por portación de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército, pareciera que ese discurso está funcionando.

El problema es que nosotros compramos esa narrativa terrible y perversa y nosotros somos los que ponemos los muertos y muchas veces esos muertos son chavitos de 15 o 16 años a los que les engañan diciendo que si entrar al narcotráfico van a ser héroes de corridos“.

En medio de la entrevista, el escritor recomendó leer al ensayista Oswaldo Zavala, autor de Los cárteles no existen, quien cuestiona la narrativa simplificada que presenta al narcotráfico como una lucha entre “buenos” y “malos”, mientras oculta las estructuras financieras que sostienen el negocio a escala internacional.

Para Caneyada, entender esas narrativas es clave, ya que, desde su punto de vista, desarrollar espíritu crítico y empatía te aleja de discursos que puedan engancharte hacia un camino de violencia.

La lectura, insiste, no es solo acumulación de conocimiento, sino una forma de comprender la otredad y desmontar relatos que glorifican la muerte, el poder a través de las armas y la toma de territorios.

El error de volver la lectura obligatoria

 

A pesar de que sostiene que la lectura podría ser uno de los caminos para evitar que los niños, niñas y adolescentes caigan en estas redes, reconoció que se ha fallado en la forma de promoverla. Actualmente, la juventud asocia la lectura exclusivamente con la escuela, la tarea y la obligación, lo cual vuelve a la actividad un acto impuesto y, muchas veces, aburrido.

Además, advierte una desigualdad territorial, ya que muchas de las librerías suelen concentrarse en zonas comerciales o privilegiadas, mientras que en las periferias las bibliotecas enfrentan abandono, acervos deteriorados y falta de mantenimiento.

En ese contexto, hablar de lectura como alternativa puede sonar distante si no existen condiciones reales de acceso.

Bibliotecas vivas, no silenciosas

 

En este sentido, Imanol Caneyada propone retomar las bibliotecas y convertirlas en espacios de expresión y divulgación, alejándolas de cómo se les conoce hoy en día: lugares rígidos y silenciosos. Señala que la biblioteca es el acto más democrático que hay para la lectura y que, por ello, su sentido debe ser comunitario e iluminado, abierto, con actividades culturales, donde niñas, niños y adolescentes puedan permanecer por gusto.

No basta con abrir bibliotecas, hay que transformar la idea de biblioteca. Tienen que ser lugares donde se permita el ruido, donde los chavitos y chavitas se puedan tirar al piso, donde puedan agarrar el libro, hojearlo, regresarlos, donde no haya el bibliotecario y la bibliotecaria regañona que esté cuidando y diciendo ‘cállense, silencio’. Este es el gran desafío, no es fácil, no es fácil. Nadie lo tiene fácil.”, concluyó.

 

 

 

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