Culiacán, Sin.- Desde el 09 de septiembre de 2024, con el estallido de una disputa armada entre dos facciones del crimen organizado, Culiacán se ha vuelto uno de los principales escenarios de hechos bélicos y notas rojas. Encontrar la paz colectiva se ha vuelto una tarea gubernamental y social de todos los días. En este contexto, ¿Cómo es posible construir la paz y sanar en una tierra como Culiacán?
Para Heydi Mares, historiadora y activista, construir paz en Culiacán implica primero desmontar los discursos que romantizan la ciudad y que evitan nombrar la herida que esta haciendo sangrar a la ciudad, la crisis de violencia.
Considera que existe una presión social, vista principalmente desde lo digital, por mostrarse resilientes, productivos y optimistas con frases como: “Culiacán no es solo narcotráfico”, “Culiacán es su gente trabajadora”, entre otras.
“Tenemos que cuidarnos sin pedir permiso al Estado”
Para la historiadora, al concentrarse únicamente en la “parte bonita de la cultura culichi”, se corre el riesgo de invisibilizar las estructuras que sostienen la desigualdad y permiten que la violencia se reproduzca.
“El estar nada más concentrándonos en las cosas bonitas de nuestra ciudad es no querer ver la problemática. Y mientras no la queramos ver, mientras nada más estemos entrando en lo bonito que tiene Culiacán, la violencia va a seguir avanzando”, dijo Mares.
Asimismo, sostiene que la paz no puede depender exclusivamente de las dependencias de gobierno, especialmente en un contexto donde ha habido movilizaciones ciudadanas en las que se ha expuesto el sentimiento de ausencia o insuficiencia de las autoridades, y estas, dice, no han conmovido a su destinatario. La alternativa, señala, está en fortalecer redes comunitarias de cuidado y acompañamiento.
“Tenemos que cuidarnos sin pedir permiso al Estado (…) El cuidado entre los colectivos, entre la sociedad civil, es una práctica rara. Necesitamos ir construyendo esas infraestructuras emocionales de escucha y de poder nombrar la violencia también, no maquillarla nada más.
Si bien los colectivos y la sociedad civil tienen proyectos sociales para toda la comunidad, a veces el hecho de que cada grupo y cada colectivo tenga su propio proyecto también evita que los espacios sean totalmente comunitarios.”
La construcción de paz también puede nacer de pequeñas expresiones que liberan las emociones: escribir, leer en voz alta, llorar en colectivo; acciones que ayudan a no somatizar lo que se vive. Acciones que, aunque parezcan pequeñas frente a un conflicto tan grande, contribuyen a reconstruir vínculos y comunidad.
Desde su perspectiva, la paz no es una meta a corto plazo ni existe una solución inmediata, sino se trata de un proceso que tomará tiempo. Puesto que no es solo una crisis del gobierno actual, es una crisis estructural que lleva décadas construyéndose y que, con omisiones del sistema y la sociedad, se ha ido permitiendo.
“Hay que entender que no nada más es una crisis de gobierno, es una crisis de Estado que nosotros venimos arrastrando desde hace muchísimas décadas y que ahorita tiene un poco más de intensidad porque hemos visto que ocurre en la mancha urbana.”
En sus palabras, la violencia no empezó recientemente. En las periferias y zonas rurales estas condiciones han sido parte de la cotidianidad desde hace varios años.
Esta entrevista forma parte del recuento realizado por ESPEJO sobre cómo es posible construir la paz en una ciudad marcada por la inseguridad, como Culiacán.

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