Culiacán, Sin.- La planta de Pacífico Mexinol, uno de los proyectos industriales más ambiciosos anunciados para Sinaloa en los últimos años, ya tiene fecha para su arranque formal. Este martes 17 de marzo de 2026, el gobernador Rubén Rocha Moya informó que el 23 de abril se colocará la primera piedra en Topolobampo para iniciar la construcción del complejo, con una inversión estimada en 3 mil 300 millones de dólares y una proyección oficial de 4 mil 500 empleos directos e indirectos.
El anuncio coloca al proyecto en una nueva etapa. Hasta hace unas semanas, Mexinol seguía siendo presentado por autoridades y empresa como una inversión en preparación; ahora, el gobierno estatal lo perfila como una de las piezas clave del polo de desarrollo de Topolobampo, junto con otros grandes proyectos energéticos e industriales. Desde finales de febrero, Rocha ya había adelantado que la obra arrancaría en abril y la vinculó directamente con la estrategia federal de Polos de Desarrollo para el Bienestar.
Durante una reunión en Mazatlán con el cónsul general de Estados Unidos en Hermosillo, Drew Hoster, el gobernador destacó a Mexinol como una de las inversiones extranjeras que buscan afianzarse en Sinaloa y subrayó el papel de Topolobampo como plataforma para atraer capital y actividad industrial.
Transition Industries (desarrolladora de Pacífico Mexinol) anunció la firma de un contrato de suministro de gas natural con CFE, paso que definió como el último gran hito comercial para poder entrar a construcción en el segundo trimestre de 2026. Según la empresa, ese acuerdo garantiza el abasto de alrededor de 160 millones de pies cúbicos diarios de gas natural y mantiene la meta de que la planta entre en operación entre finales de 2029 y principios de 2030.
De acuerdo con información de la propia compañía, Pacífico Mexinol busca convertirse en la planta individual de metanol de ultra bajas emisiones más grande del mundo, con producción diaria de 6 mil 130 toneladas métricas. Sus materiales públicos señalan una producción anual estimada de 1.8 millones de toneladas de metanol azul y 175 mil toneladas de combustible de carbono reciclado, además de 175 mil toneladas de combustibles renovables de origen no biológico; otras comunicaciones corporativas y reportes de prensa han manejado una cifra de 350 mil toneladas de metanol verde.
En enero, directivos de Mexinol se reunieron en Los Mochis con potenciales instituciones financieras internacionales y multilaterales, en una gira en la que también participaron autoridades estatales y municipales. En esa visita, el proyecto fue presentado como una inversión ancla para la región y se informó que, en su punto máximo de construcción, podría generar más de 6 mil empleos directos e indirectos, además de unos 450 empleos permanentes durante la etapa de operación.
La viabilidad comercial también empezó a tomar forma desde 2025. En noviembre de ese año, la empresa japonesa Mitsubishi Gas Chemical Company acordó comprar el 50 por ciento de la producción anual total del proyecto, equivalente a cerca de un millón de toneladas métricas, mediante un contrato de largo plazo, lo que reforzó el discurso oficial sobre la solidez financiera de Mexinol.
Pero el arranque de la obra no ocurre en un vacío. La Bahía de Ohuira y el corredor Topolobampo-Ahome se han convertido en un territorio de creciente disputa entre la narrativa del desarrollo industrial y las advertencias de comunidades y ambientalistas. En agosto de 2025, la geógrafa y ambientalista Claudia Campero dijo a ESPEJO que la bahía enfrenta una “serie de amenazas” por la concentración de megaproyectos, entre ellos la planta de amoniaco de GPO, la de metanol de Mexinol y el entonces proyectado gas natural licuado Vista Pacífico.
Hasta ahora, las denuncias ambientales que derivaron en acciones de autoridad se han concentrado en GPO, no en Mexinol. En agosto de 2025, ESPEJO informó que Profepa abrió una investigación por presuntas irregularidades ligadas a la planta de amoniaco y a construcciones en zona federal dentro de la Bahía de Ohuira. Ese antecedente, sin embargo, mantiene vivo el debate sobre los impactos acumulativos de la industrialización en una zona ecológica y pesquera altamente sensible.
Frente a esas críticas, Mexinol ha sostenido que no descargará aguas a la bahía y que usará aguas residuales municipales tratadas en lugar de agua de mar o agua dulce de fuentes naturales. La empresa también asegura que el sitio del proyecto se ubica en terrenos con uso agrícola previo y que su estrategia busca evitar afectaciones directas a Ohuira.
Así, la ceremonia prevista para el 23 de abril no solo marcará el inicio físico de una obra millonaria. También abrirá una nueva fase en la discusión pública sobre qué tipo de industrialización se está impulsando en el norte de Sinaloa, quiénes se beneficiarán de ella y qué costos ambientales y sociales podría arrastrar en una región que ya vive bajo presión por otros megaproyectos.
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