Por Miguel Silerio / Fotografías: Favia Lucero / La Verdad Académica

Ciudad Juárez.— El alicoche norteño es un cactus de tallos gruesos y espinosos que puede alcanzar casi medio metro de altura. Sus espinas miden entre uno y seis centímetros y pueden tener puntas oscuras, blancas o amarillas. Pero lo que más destaca de su apariencia son sus flores de tonos naranjas, escarlata o carmesí, con pétalos de puntas redondeadas y anteras rosadas.

Su nombre científico es ‘Echinocereus coccineus’ y de las especies que habitan la Sierra de Juárez es la favorita de la doctora Coyolxauhqui Figueroa Batalla, investigadora de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) y coautora de la guía de campo ‘Flora Ilustrada de la Sierra de Juárez, Chihuahua, Parte I’, un libro que describe e ilustra decenas de especies botánicas de la región y que fue elaborado durante varios años con la participación de estudiantes.

“Cuando ella está en floración, la puedes ver a lo lejos, a muchos metros de distancia, porque todo el cerro es blanco. Entonces ves estas flores rojas, naranjas, increíbles, a la distancia. Así que sí, es mi favorita por mucho”, dice la doctora Figueroa Batalla.

La doctora Coyolxauhqui Figueroa Batalla, coordinadora de la licenciatura de Biología y coautora de la guía de campo ‘Flora Ilustrada de la Sierra de Juárez, Chihuahua, Parte I’

Sheila Esli De la Torre De la Torre y Omar Arturo López Ruiz, coautores de la investigación

La publicación, editada por la editorial de la UACJ, incluye la descripción e ilustración fotográfica de 159 especies de plantas de esta región montañosa ubicada al oeste del municipio. El trabajo fue encabezado por la doctora Figueroa, quién además coordina la Licenciatura en Biología, junto con Sheila Esli De la Torre De la Torre y Omar Arturo López Ruiz. Las especies documentadas están ordenadas alfabéticamente de acuerdo con su familia botánica y género.

El libro también describe a la Sierra de Juárez como un “macizo montañoso” con paisajes que van desde valles arenosos hasta elevaciones que terminan en pequeñas mesetas. La región está formada además por rocas de origen marino que datan del periodo Cretácico.

En el documento, que incluye información sobre el suelo, el agua y el clima de la zona, cada una de las especies aparece acompañada de varias fotografías y una ficha con información sobre sus hojas, flores, frutos y su aspecto general. Además, presenta una clave de color que permite identificar las plantas a partir del tono de sus flores, que van del blanco a los verdes, amarillos, naranjas, rojos y violetas.

Coyolxauhqui Figueroa Batalla, originaria de Taxco, Guerrero, es ingeniera agrónoma con especialidad en fitotecnia por la Universidad de Chapingo, maestra en botánica por el Colegio de Postgraduados y doctora en ciencias por la UNAM. Aunque originalmente no estudió biología, su trayectoría profesional la llevó a especializarse en el estudio de las plantas.

Especialista en orquídeas —un grupo de plantas que no se encuentra en Ciudad Juárez—, la investigadora orientó su trabajo en la región hacia estudios florísticos de zonas áridas, principalmente de cactáceas, analizando su floración y reproducción.

Llegó a la ciudad en 2018 para presentar un examen de oposición y fue contratada ese mismo año por la UACJ. Mientras se preparaba para la evaluación, relata, notó la escasez de información disponible sobre la flora local, algo que la llevó a investigar a fondo el tema.

Ese mismo año presentó ante la Secretaría de Educación Pública (SEP) el proyecto financiado Estudio Florístico de la Sierra de Juárez. El objetivo era explorar las especies de la región y generar conocimiento con un enfoque de ciencia ciudadana, que fuera comprensible para todas las personas.

A partir de esa iniciativa surgió la idea de elaborar una guía de campo como un instrumento diseñado para que cualquier persona pueda identificar las especies que habitan en la sierra.

Por ejemplo, explica, si una persona visita la Sierra de Juárez con el libro en su celular y encuentra una flor blanca, puede consultar la clave de color, buscar esa tonalidad y comparar la planta con las ilustraciones del documento para identificarla y conocer sus características.

“Se procuró no usar descripciones tan largas y tan formales y con un lenguaje tan especializado, porque se pretende que la gente las conozca”, explica.

La investigadora destaca que el libro puede funcionar como un recurso accesible para el aprendizaje de infancias, adolescencias y personas de cualquier edad, además de ayudar a conocer la riqueza de especies presentes en la región.

Un aspecto importante, dice, es que este conocimiento también permite identificar cuáles de ellas están en alguna categoría de riesgo. La doctora hace referencia a la NOM-059-SEMARNAT-2010, que enlista las especies de flora y fauna en peligro de extinción o amenazadas y establece criterios para su clasificación.

Contar con información científica sobre las especies que habitan la sierra, dice, puede contribuir a los esfuerzos de asociaciones y colectivos ambientalistas de Ciudad Juárez que buscan que esta zona sea declarada Área Natural Protegida. Indica que documentar científicamente las plantas, animales e insectos que habitan el lugar es fundamental para respaldar este tipo de iniciativas.

Un ‘biblioteca de plantas’ en colectividad

La publicación también surge del trabajo del Herbario de la UACJ, una colección científica de especiménes botánicos resguardada en el edificio T del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) y registrada ante la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO).

El herbario reúne plantas secas montadas sobre papel de algodón, etiquetadas con información científica como su nombre, familia, lugar de recolección, año y, en algunos casos, usos medicinales.

La doctora explica que esta colección funciona como un museo o una biblioteca de plantas y es una colección de servicio disponible para quien solicite visitarla. Además, es atendida por estudiantes de la licenciatura en Biología y conserva ejemplares de inicios del siglo pasado rescatados de la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar.

Detrás de la elaboración del libro estuvieron alrededor de 30 personas, en su mayoría estudiantes que realizaron su servicio social y participaron en distintas etapas del proyecto, incluidas cerca de 80 salidas de campo para identificar especies.

El proceso incluyó recolectar fragmentos de plantas con flores o frutos, prensarlos entre maderas y una reja, colocarlos en periódico y cartón para secarlos, y luego congelarlos para evitar plagas.

El proyecto comenzó en 2018 y, tras seis años de trabajo, el equipo realizó un primer corte para elaborar esta publicación. Actualmente ya cuentan con especímenes que serán incluidos en la una segunda parte, adelanta la doctora.

Entre los criterios para recolectar plantas se encuentra que estén sanas, que no tengan daños por insectos o plagas y que de preferencia se encuentren en fase reproductiva. También se toma en cuenta la apariencia del ejemplar, para lo cual la doctora dice que se debe contar con cierto “ojo artístico”, pues se debe considerar cómo se verá al momento de secarse y montarse.

El trabajo de campo también implicó retos importantes. Entre ellos, el clima extremoso de la región y el desgaste físico de recorrer la sierra en caminatas que podían superar las 12 horas, lo que en ocasiones les provocó deshidratación. Otro obstáculo fue la imposibilidad de acceder a algunas zonas que han sido privatizadas.

Figueroa cuenta que esta experiencia de investigación ha impactado a muchos de los estudiantes participantes, quienes continuaron sus estudios o iniciaron su trayectoria profesional en este campo.

Una de las coautoras, Sheila de la Torre, trabaja actualmente en el invernadero de la universidad, mientras que Omar López, que es estudiante de licenciatura, fundó el Club de Plantas de la carrera de Biología.

Una ‘ventanita’ hacia la vida del desierto

A Coyolxauhqui Figueroa le gustaría que quienes consulten el libro se sorprendan con la diversidad que existe en la región, en contraste con la idea popular de que la sierra es un espacio vacío, pelón, en donde prácticamente no hay nada.

“La expresión coloquial es ‘allí no hay nada; que la cementera destruya ese cerro, porque allí no hay nada’. Y no es verdad, de hecho tenemos una diversidad muy buena porque en realidad hay muchas familias distintas con poquitas especies (…) son plantas increíbles por esa adaptación fisiológica que tienen, bioquímica, morfológica que tienen a la Sierra de Juárez, a este clima. Este libro es una pequeña ventanita a una fuente de datos infinita. Es una ventanita para descubrir muchísimas cosas más”, dice.

Si bien el libro está diseñado para ser accesible para todas las personas, expresa que le gustaría que fueran estudiantes de biología quienes en primera instancia revisaran el documento y “se enamoraran de las plantas que viven aquí en Juárez, porque son unas plantas espectaculares”.

Entre los hallazgos de esta investigación, la académica destaca la relación encontrada entre algunos cactus y sus polinizadores específicos, como las abejas del género Diadasia, conocidas como abejas de los cactus, lo que evidencia procesos de coevolución entre plantas e insectos.

También han investigado cómo germinan las semillas en estos suelos áridos y cómo algunas desarrollan mecanismos que reducen su metabolismo para permanecer durante años en el suelo, o incluso en la planta, hasta que aparecen condiciones favorables para germinar.

“Estamos hablando de muchos micro-proyectos de ciencia básica en los que la información es infinita. Y entonces sabemos que nos hace falta un universo por conocer en un área de 13,000 hectáreas, aquí, cerquita de la ciudad (…) Ojalá un día lleguemos a ese punto en que de verdad como seres humanos nos maravillemos por estos organismos y que también aprendamos a respetarlos”.

Para la especialista, el desierto chihuahuense es uno de los más ricos del mundo en cuanto a biodiversidad, tanto por sus plantas como por otras formas de vida, todas ellas merecedoras del mismo respeto e importancia que cualquier otro organismo en otros ecosistemas.

“Cualquier organismo es igual de importante que tú o que yo, o que cualquier otro ser humano. Esa es mi postura: debemos aprender a convivir con lo que está aquí en la Tierra como especie, y en realidad esa categoría de si es especial o no, se la damos nosotros como humanidad. O sea, nosotros decimos si una especie es más importante que otra, pero en realidad para mí no es así. Yo creo que todas son importantes”.

Ciencia para la política pública

La investigadora considera que el conocimiento generado por este proyecto también puede ser útil para el diseño de políticas públicas. Documentar las especies y compararlas con la NOM-059, explica, permitiría identificar aquellas que se encuentran en condición vulnerable o amenazada, lo que podría justificar la conservación de determinados espacios.

Asimismo, el estudio puede contribuir al diseño urbano mediante el uso de plantas nativas en espacios públicos, en sustitución de especies exóticas que consumen más agua, generan alergias o presentan plagas.

“No necesito un árbol exótico y frondoso para que mi jardín se vea bonito, pero creo que quitar de la mente esas ideas preconcebidas es muy difícil. Pero lo estamos intentando y a ver si algún día podemos incidir en que se valore un poco más a las especies de la zona”.

La autora agradece a la UACJ por el apoyo para realizar el proyecto, así como a la SEP por el financiamiento inicial a través del Programa de Apoyo para el Desarrollo Profesional Docente para el Tipo Superior y Apoyo a Nuevos Profesores de Tiempo Completo, e invita a la población a acercarse al libro:

“Yo les diría que no tengan miedo de abrir el documento. Se llama Flora Ilustrada porque tiene cientos de fotografías maravillosas que, de entrada, vale la pena observar y vale la pena que las disfruten. Pero además el libro tiene un apoyo también, donde al final del texto tiene un glosario y cualquier persona puede leerlo y entender qué está viendo. Es un documento que cualquier persona podría revisar y disfrutar”.

A los colectivos ambientalistas que impulsan la protección del territorio les recomienda no desistir, seguir documentándose y diseñar estrategias que permitan alcanzar acuerdos, incluso con los propietarios de algunas áreas de la Sierra.

Sobre su experiencia personal en la Sierra de Juárez, concluye que ha aprendido “a valorar este espacio, a quererlo y a maravillarme con todo lo que he visto allí. Porque yo voy a buscar plantas y soy una botánica, pero también he visto fósiles, serpientes, aves, alguno que otro mamífero por ahí. En realidad, aunque yo me dedico a estudiar las plantas, la diversidad que hay ahí es increíble”.

Imagen de portada:Ilustración de la flora de la Sierra de Juárez creada con Inteligencia Artificial de Gemini por el equipo de La Verdad Juárez.

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*La Verdad Académica, es una sección con contenido patrocinado de La Verdad Juárez que busca acercar el conocimiento académico a nuestra comunidad.

Este trabajo fue realizado por La Verdad Juárez, que forma parte la Comunidad de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí