Por Mely Arellano
Lo que quiero decir es que ser una mujer de más de 40 años en México es un desafío, porque a partir de esa edad no sólo aumentan tus posibilidades de quedarte sin empleo, sino que, aun si logras conservarlo, vas a ganar 30 por ciento menos que tus colegas varones.
Lo que quiero decir es que esa brecha de género entre los ingresos de una mujer de 40 y pico a 60 años, y los de un hombre de la misma edad, es atribuida a sesgos en contratación, promoción, acceso a posiciones de liderazgo, penalizaciones por maternidad o estigmas asociados a la edad; es decir, para conservar un empleo, y tener un sueldo equitativo y justo, las mujeres no debemos ser mujeres, ni madres y por supuesto jamás atrevernos a envejecer.
Lo que quiero decir es que si bien la esperanza de vida de las mujeres en México es mayor a la de los hombres, viviremos más pero con una calidad deteriorada, en buena parte por la falta del diagnóstico oportuno y la atención adecuada de síntomas y condiciones asociadas al climaterio, como diabetes, hipertensión y osteoporosis.
Lo que quiero decir es que si eres mujer y tienes más de 40 años, más vale saltarte el climaterio, o aguantar los bochornos, el insomnio, el cansancio por el insomnio, los dolores articulares, la niebla mental, los dolores de cabeza, los cambios de ánimo, la irritabilidad, la sudoración, la inflamación, los ciclos irregulares y su incomodidad, y sobre todo la depresión, nadie quiere mujeres deprimidas en su nómina, mucho menos si engordan de la nada, pues todo eso, por lo visto, atenta contra las políticas de cualquier empresa que se respete.
Lo que quiero decir es que si tienes síntomas asociados al climaterio te levantes a las 4am, para que te dé tiempo de dejar el desayuno hecho a tus hijos y tu marido, y llegues a las 6am a formarte a tu clínica del IMSS o del ISSSSTE para alcanzar ficha, te atiendan a las 11am y tu médico te diga que sí, lo que pasa con tu cuerpo es lamenopausiaquélevamoshaceresnormal, y te mande a casa con una caja de vitamina D, y te recomiende consumir muchas lentejas, frutos rojos, soya, hacer ejercicio de fuerza todos los días, pero en tu casa a nadie le gustan las lentejas y no puedes darte el lujo de cocinar aparte, y aunque compras los frutos rojos congelados porque son más baratos, no ves ningún cambio, y de hacer ejercicio ni hablamos porque regresas del trabajo a las 7pm, apenas a tiempo para ayudar con las tareas de los hijos y dar una barrida o cocinar para el día siguiente, así que te vas a dormir soñando con ser Jane Fonda en los 80s.
Lo que me enoja decir es que sólo 4 de 10 mujeres reciben el tratamiento adecuado para enfrentar los síntomas del climaterio, y que al menos 5 de 10 tienen que costearlo de su propio bolsillo, y no es para nada barato; tan sólo el reemplazo hormonal puede significar un gasto de aproximadamente $1,200 al mes.
Lo que me deprime es que 4 de cada 10 mujeres viven en una profunda y permanente tristeza, como consecuencia del bajón de estrógeno que sucede en el climaterio, pero a ojos ajenos no hay causa aparente, lo que suele devenir en incomprensión por parte de su pareja y su familia, y obliga a esas mujeres a enfrentar este difícil proceso en soledad.
Lo que me cuesta decir es lo rudo que se ha vuelto mirarme en el espejo, aceptar las canas, las manchas en la piel, la flacidez en el cuerpo, sentir que dentro de mí hay una mujer perseguida —como todas— por los estereotipos y la dictadura patriarcal para la que las mujeres de cierta edad simplemente no existimos.
Pero lo que realmente quiero decir es que estoy harta, harta de la violencia que nos atraviesa a las mujeres desde que nacemos, harta de que no haya datos oficiales sobre cómo vivimos la menopausia, cómo nos afecta en la vida diaria, en nuestras relaciones, en nuestra sexualidad, en nuestra mente y, por supuesto, en nuestro trabajo e incluso en nuestra estabilidad económica.
Lo que me da un poco de esperanza es que estamos hablando de ello, que se acaba de publicar un Estudio sobre los efectos de la transición a la menopausia en la participación económica de las mujeres, por la organización Sin Reglas y UNFPA México, y nos da luz no sólo sobre la problemática, sino que arroja soluciones para el gobierno y las empresas.
Lo que quiero decir, finalmente, es que con todo y nuestros síntomas, dolencias, tristezas, gordura y canas, las convoco a tomar los espacios: hablemos de ello en la oficina, en los chats de mamás, en los grupos de face, en las sobremesas familiares, en nuestras redes; vamos encontrándonos, porque somos muchas y ninguna debería atravesar esto sola.
** La ilustración de portada fue generada con NotebookLM y forma parte de un proceso de formación de la Red de Periodistas de a Pie y la DW Akademie, promovido por el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania.
Este trabajo fue realizado por Lado B, que forma parte la Comunidad de Medios. Para consultar el contenido original, dar clic aquí


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