Aunque el acuerdo anunciado esta semana por el Gobierno del Estado para comercializar la cosecha de maíz sinaloense da un respiro a los productores, la falta de rentabilidad y un modelo funcional agrícola sigue generando incertidumbre en el sector, advirtió la productora Altagracia González Gastélum. Alertó que, si no hay una recuperación este año, el panorama para 2026 podría complicarse aún más ante las dificultades para acceder a financiamiento.

“Es un aliciente, porque en años recientes hemos visto que los productores han batallado para vender su producto. Es una amenaza siempre latente de que los compradores no adquieran nuestra cosecha con el argumento de que importaron de más y no les interesa, por ese lado, es una seguridad. Pero es muy triste pensar que vamos a vender la cosecha, pero no nos lleva a ningún fin. No tenemos ningún resultado. ”. Señaló, en entrevista para ESPEJO.

 

La productora considera positivo que ya exista la intención de comprar el 70% de la cosecha, así como el compromiso presidencial que hizo Claudia Sheinbaum de frenar la entrada de maíz importado mientras Sinaloa vende su maíz. Esto reduce el riesgo de que los compradores rechacen el grano sinaloense por exceso de disponibilidad al momento de la venta.

Sin embargo, destaca que el problema principal del cultivo: su falta de rentabilidad, persiste. El aumento de costos de producción, bajos precios y deudas acumuladas desde los últimos dos ciclos agrícolas, tienen a una cantidad indeterminada de productores en el borde del colapso financiero.

A otros, este colapso ya les llegó, y han tenido que vender o ceder tierras, patrimonio y equipo, en una situación que ha sido corroborada con anterioridad por líderes agricultores del estado.

“Realmente no tenemos nosotros una expectativa más allá de la venta esta cosecha. Ni siquiera podemos tener una expectativa porque no hay agua tampoco en las presas que indique que vamos a poder establecer un ciclo productivo normal […] Estamos enfocados a muy corto plazo, pero, ¿qué va a pasar más allá del 5 de agosto que se vencen los avíos? Hay muchas cosas en las que nos tenemos que enfocar más allá de vender la cosecha si queremos permanecer en el negocio”, sigue Altagracia.

 

González Gastélum explicó que el esquema de comercialización se basa en la cotización del futuro del maíz en la Bolsa de Chicago, más una base de 65 dólares, lo que actualmente ubica el precio en un rango aproximado de entre 4 mil 300 y 4 mil 500 pesos por tonelada. Esto queda muy por debajo del costo de producción, que ronda los 5,500 pesos por tonelada.

Aunque se ha anunciado por parte de las autoridades que habrá un apoyo conjunto entre gobierno estatal y federal para complementar el precio de comercialización y aumentar el ingreso al productor, la experiencia con ciclos pasados muestra que estos apoyos suelen pagarse tarde y con largas complejidades burocráticas. A día de hoy, agricultores de Sinaloa siguen protestando por pagos pendientes desde el 2023.

Urge replantearse el modelo agrícola de Sinaloa

 

La productora considera que la raíz del problema radica en un desajuste estructural: se está produciendo más maíz del que el mercado demanda, mientras otros nichos de comercialización no han sido plenamente aprovechados.

“Tenemos que analizar no solo cómo vendemos, sino qué estamos produciendo. Nos fuimos al monocultivo del maíz cuando sabemos que hay terrenos que no tienen la vocación de este producto. Hemos desperdiciado agua, hemos afectado al medio ambiente. Pretendemos plantar maíz a toda costa y por encima de todo cuando a veces es por encima de nuestra propia rentabilidad”, dijo.

 

En ese contexto, hizo un llamado a replantear el modelo productivo en el estado, al considerar que el monocultivo de maíz ha generado resultados negativos durante años y ha limitado la capacidad de adaptación del sector.

“Como productores hemos perdido la visión de largo plazo. No podemos seguir haciendo las mismas cosas que llevan mucho tiempo dándonos resultados negativos. Tenemos que  poder establecer un abanico de cultivos que puedan dar mejores opciones de comercialización, más rentabilidad o por lo menos costos más bajos. Tenemos que hacer un cambio total de los negocios agrícolas por que, si no, no vamos a sobrevivir”, afirmó.

 

Advirtió que, de no realizar cambios de fondo, los pequeños productores podrían quedar desplazados por grandes corporaciones. Comenta que es una responsabilidad que va más allá de lo que las autoridades gubernamentales pueden hacer, y que corresponde principalmente a los agricultores generar un ordenamiento.

“La agricultura en Sinaloa no se va a acabar, los que nos vamos a acabar somos nosotros los pequeños negocios, pero los negocios grandes e internacionales no. Ellos van a hallar oportunidades: hay microclimas, hay infraestructura y buenos terrenos, entonces lo van a aprovechar. Los que vamos a desaparecer somos nosotros como productores si no tomamos decisiones acertadas“, explica.

 

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