Por Samantha Páez

 

Era un 2 de agosto de 2017 cuando se vio por última vez a Saraí Ávila Arellano, conocida como Saris. Esa noche un amigo la llevó a su casa después del gimnasio y presenció una pelea con su esposo, Rodolfo, quien luego contó a la familia que en el trayecto de Puebla a Tehuacán discutieron y Saraí se bajó del vehículo. Dijo no recordar el tramo exacto.

Han pasado más de ocho años y el paradero de Saraí es un misterio. Su hermana Atziri dice que hay una gran sospecha de que se trate de un feminicidio por las violencias previas que vivió Saris, sin embargo, la investigación no ha avanzado.

En Puebla no existe información oficial sobre en cuántas desapariciones de mujeres, adolescentes y niñas hubo violencias previas, pero una revisión hemerográfica hecha para esta investigación detectó 34 casos de 2020 a 2025. Se trataron, principalmente, de violencias de pareja y familiar, pero también hubo casos de violencia sexual y amenazas.

Pie de foto. Durante la marcha del 8 de marzo de 2025, un grupo de personas exigió la aparición de Saraí Ávila. Crédito: Samantha Páez.

Asimismo, María Luis Núñez, del colectivo Voz de los desaparecidos, dijo que han conocido por lo menos a cuatro mujeres desaparecidas que fueron objeto de agresiones anteriores por parte de sus parejas, entre ellas están Nicora Madelen García Ruisánchez y Ariana Corona Victoria.

Nicora desapareció en Atlixco a finales de 2019, su pareja fue sentenciado a 42 años de prisión por el delito de desaparición cometida por particulares. Había indicios de violencia familiar. Mientras que Ariana fue violentada a lo largo de su relación con Ángel de Jesú, cuando su familia perdió contacto con ella sospechó de él y pese a ya fue sentenciado por desaparición cometida por particulares, se ha negado a informar el paradero de Ariana.

Así queda de manifiesto que las violencias contra las mujeres forman una cadena, que de no detenerse culmina muchas veces en la desaparición o el feminicidio.

 

Desaparición para ocultar asesinato

Para Atziri su hermana Saris es la representación de una mujer comprometida y trabajadora: hacía eventos para recaudar fondos para refugios de animales, tenía una tienda de ropa y en su momento suplió a su esposo para dar algunas clases en una universidad privada, así fue como se conocieron.

Fue entre 2014 y 2015 que Saraí y Rodolfo se mudaron de Tehuacán a la ciudad de Puebla, de hecho, Atziri vivió un tiempo con ellos en la colonia Prados de Agua Azul. Fue así como se dio cuenta de que Saris prácticamente se hacía responsable de todo, del hogar, de los cuidados de su hijo, del trabajo y de apoyar a Rodolfo.

Pie de foto. Saraí Ávila desapareció en agosto de 2017. Cortesía de la familia Ávila.

El día que Saris desapareció, Atziri recibió una llamada  de su mamá diciendo que su hermana no le contestaba el teléfono, así que empezó a escribir a familiares y amistades preguntando por ella. Una prima le dijo que Saraí le había dicho que si se podían ver, pero luego dejó de contestarle y un amigo le dijo que la había recogido en el gimnasio para llevarla a su casa, ya que estuvo tres horas esperando a Rodolfo y nunca llegó por ella.

Ese amigo confirmó lo que Atziri sospechaba: en la relación de Saraí había violencia. Él vio como su hermana discutía con su esposo, Atziri ató cabos y notó que en varias fotografías que subía su hermana tenía moretones en los brazos.

De acuerdo con la revisión hemerográfica, de 2020 a 2025 hubo otras 34 mujeres, adolescentes y niñas que vivieron agresiones antes de desaparecer. Los tipos más comunes fueron violencia familiar y de pareja, con 13 casos, después violencia familiar y sexual, con tres; luego violencia sexual sola, con dos y amenazas, también con dos casos.

De la totalidad de violencias previas a la desaparición de mujeres, 12 ocurrieron en la ciudad de Puebla, tres en Tehuacán, tres en San Martín Texmelucan, dos en Amozoc, otros dos en Cuautlancingo, dos más en Huauchinango y dos en San Andrés Cholula.

El colectivo la Voz de los desaparecidos, a su vez, tiene conocimiento de otras dos mujeres desaparecidas en Teziutlán y Quecholac fueron objeto de violencias previas.

Según el Diagnóstico de mujeres desaparecidas Septiembre 2022, del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia (IMDHD), “el feminicidio, la trata de personas, el secuestro, el reclutamiento y utilización de las niñas y la violencia sexual, están cubiertos bajo la desaparición porque quien agrede busca seguir impune”.

El documento señala además que para 2021 ocho estados concentran el 56% de las desapariciones de mujeres en el país, entre ellos se encuentra Puebla.

Es en ese sentido que Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidio (OCNF), apuntó durante una entrevista que la desaparición de mujeres tiene que ser investigada como feminicidio. “Existen las mismas razones de género: estuvieron incomunicadas, con es suficiente para que el individuo no se vaya por homicidio”, sostuvo.

En ese sentido, Ana Laura Gamboa, del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG), de la Universidad Iberoamericana de Puebla, confirmó durante una entrevista que tan solo en 2025 detectaron cinco casos de feminicidios cometidos en Puebla, donde una de las causales es la incomunicación previa.

Para Gamboa la desaparición podría tener en algunas ocasiones la intención de dificultar el acceso a la justicia. “En términos como procesales o judiciales de la acreditación delictiva no se puede hacer, (sin que aparezca el cuerpo) pero definitivamente sí es algo frecuente, común, tan así que las asesinadas de Ciudad Juárez estaban ya apuntando para eso”, expresó la académica.

 

Infancias y juventudes, en riesgo

Otros de los datos que se encontraron en la revisión hemerográfica es que de las 34 mujeres desaparecidas que fueron objeto de violencia antes de desaparecer, 12 eran menores de edad, otra era una persona adulta mayor, una más migrante, otra tenía problemas de salud mental y una más tenía un contexto precarizado. Estas situaciones las colocarían en un grado aún mayor de vulnerabilidad.

En Puebla las mujeres jóvenes son las que tienen un riesgo mayor ser desaparecidas. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) de las 3 mil 784 desaparecidas, no localizadas y localizadas de 2020 a lo que va de 2026, el 51.1% está en el rango etario de 10 a 19 años, siendo un pico la edad de 15 a 19 años.

A nivel nacional la mayoría de las personas desaparecidas de 0 a 17 años son mujeres (55%), de acuerdo con el informe “La Infancia Cuenta en México 2022 Niñez y Desapariciones. Cómo la desaparición de personas afecta a niñas, niños y adolescentes en México”, de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

El IMDHD en su informe de 2022, apunta que en Puebla “se ha detectado que existe vinculación con la desaparición de mujeres y niñas, la trata y posterior feminicidio”. Esto podría deberse a que la entidad está entre los 16 estados del país donde los tratantes tlaxcaltecas han enganchado a mujeres y niñas para la explotación sexual, esto según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

En abril de 2023, por ejemplo, Ximena de 17 años desapareció en Zacatlán, en la parte norte de Puebla y días después fue rescatada de San Pablo del Monte, Tlaxcala. Durante el operativo la joven resultó herida de bala por parte de su captor, un hombre de 27 años relacionado con redes de trata, quien la retenía a través de la violencia física.

Aunque la desaparición de adolescentes y niñas por trata de personas podría ser muy común en la entidad, en la revisión hemerográfica se encontró que también existen casos de violencia sexual y familiar que alentaron la desaparición. Ejemplo de ello es el caso de Diana Guadalupe, de 14 años, a quien su padre reportó desaparecida, pero vecinos de Chignautla dijeron que la joven ha huido de su casa en ocasiones anteriores debido a que es víctima de violencia física y sexual por parte de sus familiares.

Algo similar ocurrió con Emily Nayely, de 17 años, quien después de ser localizada indicó que salió de su domicilio para evitar que su padre la siguiera agrediendo. Lo mismo pasó con Andrea Sinaí, de 13 años, en Acajete, quien huyó de la violencia de su madre.

En ese sentido el informe de la Redim expone que en el caso de desapariciones de infancias y adolescencias “también existen factores expulsores. En esos casos no podemos hablar de ausencia voluntaria sino más bien de huida como estrategia de sobrevivencia”.

Desafortunadamente, en el recuento hemerográfico hubo casos de niñas reportadas como desaparecidas en Puebla que fueron víctimas de agresiones y posterior feminicidio por sus propios familiares. Tal es el caso de Lluvia Yareni, de ocho años, en Huauchinango; Natalia Eileen, de tres años, en Puebla; y Neri, de siete años, en San Martín Texmelucan.

 

Autoridades no analizan el contexto

Otro tipo de violencia que se detectó antes de las desapariciones en dos ocasiones fue el acoso y hostigamiento sexual. En abril de 2024, Vianney Jiménez, de 28 años, desapareció en Teziutlán y días después fue encontrada asesinada, por los hechos fue detenido su jefe de trabajo, quien a decir de sus familiares la hostigaba.

También Carmen Ivone, estudiante de 17 años, desapareció en junio de 2023 en la ciudad de Puebla y su familia señaló que un hombre de 30 años llevaba tiempo acosándola.

Ante estas circunstancias Luz Estrada, del OCNF, recordó la importancia de que operen las unidades de análisis de contexto para desaparición y feminicidio. “Lo que pasa es cuando sí hacen un análisis de contexto, tú puedes saber quién la pudo haber puesto el riesgo, pero como no hacen los análisis de contexto la autoridad va pidiendo a las familias que tengan evidencia […] Entonces, se tienen que coordinar, si no se coordina y vemos que las acaban matando a las mujeres y no desactivando un escenario de algún delito”, dijo Estrada.

Por su parte Ana Laura Gamboa, del OVSG, sostuvo que la “fiscalía está obligada a indagar cuál es el contexto de violencia previa al asesinato, porque pudo haber sido simplemente un hecho aislado ese conflicto, pero la mayoría de las veces en realidad ya se reportaba por las familias que era una relación violeta de pareja”.

La especialista explicó que el protocolo homologado de búsqueda señala que las autoridades deben considerar los distintos ciclos de violencia que están expuestas las mujeres en todos los ámbitos, desde familiar hasta comunitario, indagar las violencias anteriores a la incomunicación y el asesinato con familiares y amistades para ampliar la línea de investigación en el caso desaparición y feminicidio.

“Entonces por eso estamos poniendo el énfasis, desde hace algunos años, en que la fiscalía realmente haga operable su unidad de análisis y contexto”, dijo Gamboa.

La abogada Ximena Ugarte, por su parte, comentó que es importante que las comisiones de búsqueda y fiscalías especializadas en desaparición tengan presupuesto y personal suficiente para la búsqueda con vida. Hasta ahora la “política nacional de desaparición es forense, es decir, suponiendo la muerte para identificar fosas y restos humanos”, dijo.

Lo ideal es que las comisiones locales cuenten con células de reacción inmediata y unidad de contexto para buscar patrones de búsqueda de mujeres en vida, sobre todo para conocer cómo se relaciona la desaparición con otros delitos, como la trata con fines de explotación sexual o laboral. También apuntó a la importancia de que exista colaboración con otras unidades o fiscalías especializadas para ubicar a las mujeres con vida.

El Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, en la solicitud de alerta de género por desaparición en Puebla, admitida por la Secretaría de Gobernación federal en agosto de 2022, expuso varias recomendaciones para abordar la problemática: reconocer el problema de la desaparición de mujeres; establecer mesas de trabajo con los colectivos de búsqueda; hacer un Plan estatal de búsqueda; la coordinación interinstitucional y aplicar los protocolos homologados de búsqueda y Alba.

Mientras todos estos puntos están pendientes, Atziri Ávila salió este 8 de marzo de 2026 a manifestarse para pedir ayuda en la búsqueda y localización de su hermana Saraí. Atziri declaró al medio Poblanerías: “parece que mi hermana por arte de magia se esfumó, no buscamos ningún tipo de culpable o alguien a quién señalar por su desaparición, simplemente queremos saber qué pasó con ella”.

* Este trabajo fue realizado bajo la coordinación y propuesta de la Comisión de Investigación de la Red Nacional de Periodistas (RNP).