Por Juan Carlos Garzon y Victoria Dittmar / InSight Crime
A medida que las organizaciones criminales mexicanas se consolidaron como las principales proveedoras de fentanilo ilícito para Estados Unidos, comenzaron a surgir focos de consumo interno a lo largo de corredores clave de tráfico.
Desde al menos 2016, el fentanilo ha sido detectado en mercados locales de drogas en ciudades fronterizas como Tijuana y Mexicali, en Baja California. Con el tiempo, también ha aparecido en otras ciudades a lo largo o cerca de la frontera, como Nogales y Hermosillo, en Sonora, y Ciudad Juárez, en Chihuahua.
Los datos oficiales siguen siendo limitados, lo que dificulta estimar el crecimiento del mercado. La encuesta nacional de consumo de drogas más reciente, publicada a finales de 2025, encontró que el 0,2% de la población reportó haber consumido fentanilo ilícito al menos una vez en su vida. Según la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), 919 personas reportaron haber consumido fentanilo al menos una vez mientras buscaban tratamiento en México en 2024. Ambos conjuntos de datos, sin embargo, tienen limitaciones metodológicas que probablemente subestiman el tamaño real del mercado (véase la sección de anexo del informe).
Aun así, el impacto en el terreno en el norte de México ha sido considerable. En las ciudades donde el fentanilo se asentó, se registró un aumento en las sobredosis letales y una mayor presión sobre los sistemas de salud.
“El fentanilo ‘pateó’ muy fuerte a la comunidad. Fue un proceso muy doloroso”, dijo Alfonso Chávez, quien trabaja en Prevencasa, una organización comunitaria con sede en Tijuana que ofrece servicios de salud a personas que consumen drogas.
Sin embargo, la incorporación del fentanilo a los mercados locales no ha seguido un patrón uniforme. Incluso en ciudades con condiciones similares, los distribuidores adaptaron la forma en que circulaba el fentanilo —y los formatos en los que se vendía— a las reglas criminales existentes y a los patrones de consumo locales. Esto dio lugar a distintos niveles de penetración del mercado entre ciudades y muestra que la expansión del fentanilo puede seguir diversas rutas. Comprender estas trayectorias puede ofrecer lecciones valiosas para otras regionesdonde podrían surgir mercados de opioides sintéticos.
Múltiples formas de introducción
A diferencia de Estados Unidos y Canadá, México no experimentó una gran ola de dependencia a los opioides impulsada por medicamentos recetados. Lo que sí existía eran focos históricos de consumo de heroína, que coexistían con mercados consolidados de metanfetamina, cocaína y marihuana. Fue en estos entornos donde el consumo de fentanilo comenzó a arraigarse.
El desarrollo del mercado local de fentanilo se asemejó a lo que fuentes a lo largo de la frontera norte de México describieron como una “tormenta perfecta”. Por el lado de la oferta, el negocio de la heroína en México comenzó a caer a mediados de la década de 2010, cuando el fentanilo empezó a reemplazar a la heroína en los mercados de Estados Unidos, lo que provocó una caída en los precios del opio y una reducción de la producción. Para los traficantes que ya movían fentanilo hacia Estados Unidos, expandirse al mercado interno representó una oportunidad para aumentar sus ganancias aprovechando las redes de distribución existentes.
Por el lado de la demanda, los consumidores de heroína enfrentaban un suministro cada vez más inestable. A medida que la heroína se volvió más débil e inconsistente, muchos usuarios tuvieron dificultades para manejar los síntomas de abstinencia y comenzaron a buscar un sustituto más potente. Al mismo tiempo, el desabasto de metadona a nivel nacional —un opioide de grado médico utilizado en terapias de desintoxicación gradual— entre 2019 y 2023 obligó a muchas clínicas de tratamiento a cerrar o reducir sus servicios, lo que empujó a los pacientes de nuevo hacia los mercados ilícitos de opioides.
En algunas ciudades, los usuarios se encontraron con el fentanilo sin saberlo. En Tijuana y Mexicali, la sustancia fue introducida inicialmente por los distribuidores como adulterante de heroína. En Mexicali se mezclaba con frecuencia con heroína de goma negra, mientras que en Tijuana a menudo se vendía como si fuera heroína blanca en polvo. Muchos consumidores no se dieron cuenta al principio de que estaban consumiendo fentanilo; simplemente notaban que el efecto llegaba más rápido, era más intenso o que podían tener sobredosis inesperadas.
Esta introducción ocurrió de manera silenciosa y evitó los métodos habituales de promoción en la calle. No hubo campañas de boca a boca, ventas abiertas ni marcas visibles. Los primeros consumidores fueron, en muchos casos, personas altamente vulnerables: usuarios de heroína de largo plazo que vivían en la calle sin servicios básicos, muchos deportados desde Estados Unidos y sin redes de apoyo. A medida que empezaron a circular cargamentos con distinta potencia en estas ciudades, el riesgo de sobredosis aumentó, según organizaciones locales consultadas por InSight Crime.
En otras ciudades, en cambio, el fentanilo se introdujo desde el inicio como una alternativa explícita a la heroína. En Nogales, los usuarios relataron que los distribuidores comenzaron a ofrecer fentanilo en pastillas conocidas como “M30”, que ya circulaban ampliamente a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. En periodos de escasez de heroína, estas pastillas se promovían como una opción más fuerte capaz de aliviar los síntomas de abstinencia.
“Llevaba ya una semana sin conseguir heroína y me sostenía con alcohol y Rivotril, pero no podía trabajar así, estaba mal, muy mal. Hasta que un compa [distribuidor] me dijo ‘tengo estas pastillas, pero es fentanilo, no te lo puedes inyectar porque te mueres’ y él mismo me enseñó a fumarlas”, comentó un usuario de Nogales.

Muestra de una pastilla M30 y heroína de goma negra posiblemente mezclada con fentanilo en una ciudad de la frontera norte de México. Crédito: InSight Crime, 2025.
De manera similar, en Hermosillo algunos distribuidores comercializaron el fentanilo como China White, una forma de heroína blanca en polvo. Con el tiempo, terminó consolidándose como un producto distinto, vendido ya sea en polvo o en pastillas a usuarios que buscaban efectos más potentes.
“Mi compa [distribuidor] me ofreció fentanilo en polvo. Al principio pensé que era China White [tipo de heroína], pero él me dijo que era ‘fenta’, que era mucho más potente que la china y eso era lo que yo buscaba, porque ya no me ponía la heroína”, dijo un consumidor de fentanilo en Hermosillo.
También existen mercados fronterizos donde la circulación de fentanilo ha sido extremadamente limitada. En Ciudad Juárez, pese a las grandes cantidades que se trafican a través del corredor Juárez–El Paso y a la histórica población consumidora de heroína, el mercado local sigue dominado por la heroína y la metanfetamina. Las restricciones impuestas por los grupos criminales hacen que esta sustancia aparezca solo de manera esporádica y circule discretamente a través de pequeñas redes.
Varios usuarios dijeron a InSight Crime que solo se habían encontrado con la sustancia en contadas ocasiones, en presentaciones que iban desde pastillas hasta heroína adulterada.
“En 2022 me ofrecieron una dosis más fuerte de heroína. Supuse que tenía fentanilo porque inmediatamente me doblé [le dió una sobredosis]. Pero desde entonces no me lo he vuelto a topar”, dijo a InSight Crime un consumidor de heroína en Ciudad Juárez.
¿Sigue expandiéndose el mercado de fentanilo en México?
Casi una década después de que el fentanilo comenzara a circular, hay poca evidencia de que el mercado local continúe expandiéndose de manera sistemática. Fuentes a lo largo de la frontera norte señalaron que el rápido crecimiento del mercado parece haberse desacelerado en comparación con sus primeros años, aunque esto no significa que el riesgo en las calles haya disminuido, ya que continúan registrándose picos de sobredosis.
En ciudades como Tijuana y Mexicali, el fentanilo se ha incorporado a las rutinas cotidianas de consumo. La tolerancia de los usuarios ha aumentado, las percepciones sobre la droga han evolucionado y, para algunos, se ha convertido en la opción preferida, especialmente entre quienes buscan efectos más fuertes para manejar los síntomas de abstinencia.
“Logramos estabilizar la crisis [de fentanilo] pero el mercado es muy impredecible entonces el riesgo sigue”, precisó Chávez.
Mientras tanto, en Nogales, Hermosillo y Ciudad Juárez, el fentanilo sigue confinado a nichos más pequeños o a formatos específicos, ya que los grupos criminales locales limitan estrictamente su venta.
El papel de las organizaciones criminales parece ser clave para determinar la trayectoria del mercado, influyendo en si continúa creciendo o si se mantiene contenido. En algunas zonas permiten su venta bajo condiciones controladas, mientras que en otras imponen restricciones explícitas o informales que limitan su expansión.
Otros factores también han contribuido a la estabilización. Varios testimonios indican que el consumo de fentanilo se concentra en grupos específicos de usuarios con hábitos más predecibles y, en algunos casos, mayor tolerancia. Muchos tienen experiencia previa con opioides, lo que limita la llegada de nuevos consumidores y mantiene el mercado enfocado en grupos crónicos más estables. También es posible que la población que consume fentanilo haya disminuido desde la introducción de la sustancia, tras varias olas de muertes por sobredosis.
Además, los estimulantes —en particular la metanfetamina— siguen siendo dominantes. En los centros residenciales de tratamiento que InSight Crime visitó a lo largo de la frontera norte, entre el 80% y el 90% de los pacientes ingresaban por consumo de metanfetamina, mientras que menos del 10% recibía tratamiento por consumo de opioides, incluyendo heroína y fentanilo. Esta preferencia histórica puede haber evitado una transición completa hacia el fentanilo, manteniendo a gran parte de la población dentro de mercados de drogas no opioides. Y aunque los grupos criminales parecen estar experimentando con la mezcla de fentanilo y estimulantes, esto todavía no parece haber generado un aumento en el número de usuarios.
El alto número de muertes y emergencias médicas en los primeros años también generó temor entre algunos grupos de consumidores. Experiencias directas o cercanas con sobredosis llevaron a algunos usuarios a abandonar el fentanilo o a cambiar por alternativas percibidas como menos riesgosas, como la metanfetamina. Las advertencias informales entre usuarios reforzaron esta cautela.
“Me interné porque ya tengo dos familiares que murieron por sobredosis de fentanilo y yo también llegué a ‘doblarme’ varias veces”, dijo a InSight Crime un paciente en un centro de tratamiento en Ciudad Juárez que llevaba seis meses sin consumir.
Además, las organizaciones comunitarias de reducción de daños han desempeñado un papel clave. En ciudades como Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez, la distribución de naloxona, las tiras de prueba para detectar fentanilo y la educación sobre consumo más seguro ha ayudado a reducir las sobredosis mortales y a manejar el consumo entre ciertos grupos de usuarios.
“Creo que hay menos sobredosis pero no es porque haya menos fentanilo en las calles. Mucha gente ya sabe consumir de manera más segura”, dijo un usuario de fentanilo en Tijuana que asiste a los servicios de Prevencasa.
*Angélica Ospina, Cecilia Farfán, Steven Dudley, Mike LaSusa y Bianca Acuña contribuyeron a esta investigación.
***
Este trabajo fue realizado por InSight Crime. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.


Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.