Culiacán, Sin.- Desde septiembre de 2024, mientras la violencia marcaba las calles, el arte urbano también buscaba hacerlo. Comenzó transformando muros y bardas en espacios públicos que, en algún punto de la guerra del narco, fueron escenarios de nota roja, buscando cambiar el ánimo de quienes transitan por esos lugares. Con ese contexto, surge la pregunta: ¿realmente puede el color y el arte convertirse en un camino para construir paz?
Según Dante Aguilera, artista gráfico del colectivo de arte gráfica popular Juan Panadero, el arte tiene la ventaja de entrar directamente por los sentidos y la emoción. Al llevarse a las calles, se coloca en contacto directo con la gente.
El arte urbano, dice, no solo transforma lo visual, sino también la forma en que las personas se relacionan con su entorno. Desde su perspectiva, el color, la participación y la apropiación del espacio público son elementos clave para reconstruir el tejido social.
“Cambia todo estéticamente. Un espacio con color siempre será más alentador que uno en blanco o gris y, por ende, afecta positivamente a quienes transitan por esos lugares”.
El artista defiende que, al sumar a la comunidad durante el proceso de la obra, se genera un sentido de pertenencia y se promueven distintas prácticas comunitarias que impactan de forma positiva en el espacio intervenido: cuidado, limpieza del área, protección, mantenimiento del mural y construcción de identidad.
“Para quienes participan en las intervenciones artísticas, se vuelven parte; se apropian de los espacios y los hacen propios. Y creo que justo eso es lo que hace falta: que la ciudadanía se apropie de la ciudad, de las calles, de las plazas públicas”.
En contextos tan lastimados como el de Culiacán, una ciudad envuelta en una disputa del crimen organizado, el arte urbano cumple distintos propósitos: dar una nueva imagen a un espacio mediante un mural o intervención artística que lo vuelva más habitable y visible, o bien, enviar un mensaje, político, de participación ciudadana o de denuncia, que active a quienes lo observan.
“Puede ir desde una finalidad meramente estética, como embellecer un espacio, hasta una intención más política o social: la difusión de un mensaje positivo para la ciudad. Pero no desde el positivismo que suelen promover las instituciones gubernamentales, sino desde mensajes que realmente alienten a la esperanza, a la paz y, sobre todo, a la acción”, dice.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.