Por Juan Carlos Garzon y Victoria Dittmar / InSight Crime
En varias regiones de México, los mercados locales de drogas no funcionan solo por la lógica de la oferta y la demanda. Lo que se vende, cómo se vende, a qué precio, dónde está disponible e incluso cómo se consume depende en gran medida de las decisiones de los grupos criminales locales.
Los mercados minoristas de drogas se han convertido en un foco de interés reciente para las organizaciones criminales mexicanas. Tradicionalmente, los grandes grupos de narcotráfico se concentraban en transportar drogas hacia Estados Unidos, mientras que la distribución local quedaba en manos de actores más pequeños y poco organizados. Sin embargo, a medida que las grandes organizaciones se fragmentaron en las últimas dos décadas, células más pequeñas consolidaron el control territorial y empezaron a enfocarse en economías criminales locales que podían dominar directamente.
Para los grupos que no cuentan con la capacidad de sostener operaciones transnacionales a gran escala, los mercados minoristas ofrecían no solo una fuente estable y predecible de ingresos, sino también un instrumento para afirmar control sobre los barrios, regular la violencia, limitar la intervención del Estado y mantener a raya a los rivales.
Cuando el fentanilo comenzó a filtrarse en los mercados locales del norte de México alrededor de 2016, este control criminal se hizo especialmente visible. En algunas ciudades, los grupos criminales promovieron activamente la integración de la droga y establecieron las condiciones bajo las cuales podía venderse y consumirse. En otras, la restringieron estrictamente para priorizar el tráfico seguro hacia mercados más rentables en Estados Unidos o para evitar mayor vigilancia asociada con el aumento de sobredosis.
En todos los casos, el fentanilo terminó llegando a los mercados locales. Sin embargo, las decisiones estratégicas de los grupos criminales determinaron directamente cómo los consumidores accedían a la droga, con importantes consecuencias para la salud pública y la seguridad.
InSight Crime examinó, en esta investigación, cinco ciudades del norte de México donde los grupos criminales han implementado distintos modelos de control sobre los mercados de fentanilo.
Mexicali, Baja California: monopolio criminal estructurado
Ubicada en la frontera desértica con la ciudad californiana de Calexico, Mexicali representa el modelo más regulado y estructurado de control criminal a lo largo de la frontera norte de México. La ciudad ha sido estratégicamente importante para el crimen organizado por los corredores de tráfico que conectan con el sur y el oeste de Estados Unidos, así como por sus sectores industrial y agrícola, que los grupos criminales han buscado explotar.
Durante los últimos cinco años, los Rusos —un grupo armado del Cartel de Sinaloa vinculado a la facción de Ismael “El Mayo” Zambada, conocido como la Mayiza— han consolidado su presencia en la ciudad y sus alrededores. En las zonas rurales, han protagonizado intensos enfrentamientos con facciones asociadas a otras redes del Cartel de Sinaloa, como los Chapitos. En la zona urbana, sin embargo, han establecido un control hegemónico sobre las economías criminales.
En el mercado de drogas, este control funciona como un monopolio: los Rusos regulan a todos los actores involucrados en la distribución. Para ello, han dividido la ciudad en territorios controlados por pandillas, cada una a cargo de uno o varios puntos de venta conocidos como “conectas”, que reciben drogas de distribuidores autorizados.
Las dosis se venden con gramajes estandarizados, empaquetadas con sellos distintivos y a precios uniformes en toda la ciudad. Este sistema evita mercados paralelos y garantiza que los distribuidores autorizados mantengan sus márgenes. También funciona como un mecanismo de vigilancia interna: cualquier paquete o precio inusual indica que alguien está operando fuera de las reglas.
Los Rusos también han impuesto normas estrictas para el fentanilo. Solo se vende cortado con heroína de goma negra. Las pastillas M30, que se trafican por Mexicali en grandes cantidades hacia Estados Unidos, ahora están prohibidas en el mercado local. Además, las pipas para fumar heroína con fentanilo solo pueden venderse mediante distribuidores acreditados, por lo que la mayoría de los usuarios termina inyectándose la droga.
El control también se extiende a la pureza de las drogas, que los Rusos ajustan según sus prioridades. Para 2023, la mayoría de los usuarios sabía que casi todas las dosis de heroína vendidas en el centro de la ciudad contenían fentanilo. Pero a principios de 2025, el grupo restringió temporalmente la venta de heroína con altas concentraciones de fentanilo. Las razones de este cambio no están claras, aunque algunas fuentes gubernamentales sugirieron que los Rusos buscaban reducir la vigilancia ante la constante tasa de sobredosis en el centro, que también es crucial para otras actividades ilícitas. Los usuarios notaron rápidamente el cambio, ya que sus dosis habituales dejaron de aliviar los síntomas de abstinencia, y el mercado se desplazó hacia las periferias de la ciudad.
“Es muy difícil conseguir exactamente la droga que quieres porque el crimen organizado tiene todo controlado”, dijo un antiguo usuario de drogas a InSight Crime en Mexicali, que pidió anonimato por razones de seguridad. “Si compras droga de donde no debes te puede costar la vida”.
Tijuana, Baja California: oligopolio criminal violento
Tijuana, la ciudad más grande de la frontera norte de México, ha sido durante años un territorio disputado por distintos actores criminales que buscan aprovechar sus múltiples economías ilícitas, así como el flujo considerable de tráfico hacia San Diego, California.
El mercado local de consumo de drogas ha sido históricamente amplio y, a menudo, ha seguido las tendencias observadas en California. Por eso, Tijuana fue uno de los primeros lugares en México donde se detectó el consumo de fentanilo.
Actualmente, el control del mercado local de drogas está repartido entre facciones vinculadas a los Chapitos y la Mayiza del Cartel de Sinaloa, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y remanentes del Cartel Arellano Félix (CAF).
Al igual que en Mexicali, estas facciones han impuesto reglas estrictas para la distribución. La venta de drogas se canaliza exclusivamente a través de conectas y pandillas autorizadas, y los paquetes se sellan con colores distintivos asociados a cada grupo criminal. Este sistema crea fronteras invisibles entre facciones, limita el movimiento de los consumidores e impide las compras a distribuidores no autorizados.
El impacto de estas reglas en el mercado de fentanilo es mixto. Por un lado, la competencia entre distintos actores hace que el mercado sea más abierto que en Mexicali, lo que permite que el fentanilo se venda en distintas formas según las preferencias de los usuarios. Aunque se comercializa principalmente como polvo blanco, también se ha identificado en polvos de colores, mezclado con heroína de goma negra o en pastillas M30.
Por otro lado, el mercado es extremadamente violento. Cruzar estas fronteras invisibles o moverse entre distintos barrios implica riesgos importantes tanto para distribuidores como para consumidores. Tijuana registra de forma constante una de las tasas de homicidio más altas del país. Autoridades locales que hablaron con InSight Crime estiman que alrededor del 70% de los homicidios están relacionados con la imposición de las reglas que rigen el mercado local de drogas.
Nogales: mercado clandestino bajo un duopolio criminal
La ciudad de Nogales, fronteriza con la ciudad homónima en Arizona, es un punto clave para el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y ha sido utilizada históricamente por facciones vinculadas al Cartel de Sinaloa, debido a su conexión directa por carretera con zonas de producción de drogas. En 2024, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (US Customs and Border Protection, CBP) reportó que Nogales fue uno de los cruces fronterizos más utilizados para el tráfico de fentanilo, al concentrar cerca de la mitad de las incautaciones registradas a lo largo de la frontera.
Dentro de la ciudad, las vías del tren corren de norte a sur y funcionan como una frontera natural entre dos facciones criminales. Del lado oeste dominan los Salazar —una organización con fuerte presencia en Sonora que en el pasado estuvo estrechamente vinculada al Cartel de Sinaloa—. Del lado este operan facciones que aún mantienen vínculos con el Cartel de Sinaloa, incluidos los Chapitos y grupos asociados con la Mayiza.
Ambos bandos supervisan distintos segmentos del mercado local de drogas. Los Salazar se enfocan principalmente en la metanfetamina, mientras que las redes del Cartel de Sinaloa priorizan la distribución de cocaína, marihuana, heroína y benzodiacepinas. Aunque en la ciudad no existe una estructura formal de pandillas, la venta de drogas está limitada a distribuidores autorizados por estos grupos criminales.
Ambas facciones restringen la venta local de fentanilo y, según diversas fuentes, incluso han llegado a matar o desaparecer a distribuidores que desafían estas reglas. Aun así, el fentanilo ha logrado entrar al mercado local a través de actores vinculados a redes internacionales de tráfico que utilizan el cruce de Nogales. Sin embargo, deben operar de forma clandestina y mantener redes cerradas con consumidores de confianza en barrios específicos. Por ello, el consumo de fentanilo ocurre principalmente en espacios privados, lejos de los puntos de venta donde se comercializan otras drogas.
“La primera vez que lo probé [el fentanilo] fue porque un amigo que hace clavos [espacios para esconder droga en vehículos que van a Estados Unidos] le habían pedido pasar una carga de fentanilo, pero no tenía autorización para venderlas en Nogales, por eso nos las daba solo a personas de su confianza”, comentó un usuario de fentanilo entrevistado por InSight Crime en Nogales.
Hermosillo, Sonora: distribución discreta en medio de una frágil tregua criminal
Aunque no se encuentra directamente en la frontera, la capital de Sonora, Hermosillo, ha sido históricamente un foco de consumo de opioides y también ha desarrollado un mercado de fentanilo.
Al igual que en Nogales, la ciudad ha estado durante años bajo la influencia de facciones vinculadas al Cartel de Sinaloa, y la distribución de drogas está en gran medida controlada por grupos asociados con los Salazar y los Chapitos.
En lugar de dividir la ciudad según el tipo de droga, estas facciones comercializan sustancias similares pero organizan sus operaciones a través de “plazas” distribuidas en distintos barrios.
El sistema de distribución sigue reglas estrictas: las dosis y los precios están estandarizados, y los paquetes se sellan para identificar a los vendedores autorizados. Como en Mexicali, la venta de pipas para fumar drogas también está controlada por el crimen organizado, por lo que el consumo ocurre principalmente mediante inyección.Durante décadas, ambas facciones mantuvieron una especie de pax narca que mantuvo la violencia relativamente baja en Hermosillo, un punto clave en la ruta que conecta los centros de producción de Sinaloa con la frontera de Nogales. Esta tregua informal incluía restricciones al consumo de ciertas drogas —como la heroína y el fentanilo— que podían atraer la atención de las autoridades (o “calentar la plaza”) por sus efectos en la salud pública. Como resultado, estas sustancias se distribuyeron durante años de forma discreta a través de redes cerradas que conectaban a consumidores con productores y distribuidores de Sinaloa.
En Hermosillo, el fentanilo ha aparecido en distintas formas según las preferencias de los usuarios. Algunos —especialmente quienes tienen experiencia de consumo en Estados Unidos— buscan pastillas M30. Otros, más acostumbrados a la heroína, prefieren heroína mezclada con fentanilo, mientras que quienes buscan un efecto más potente optan por el fentanilo en polvo. Sin embargo, la oferta es esporádica y el mercado opera con bajo perfil, lo que dificulta el acceso para quienes están fuera de estas redes.
A partir de la segunda mitad de 2024, la relación entre los Salazar y los Chapitos se fracturó. El conflicto resultante provocó un aumento en ejecuciones y desapariciones de distribuidores y consumidores, a medida que los grupos criminales buscaban reforzar su control y consolidar su presencia territorial, según fuentes consultadas por InSight Crime en la ciudad.
Esto también afectó el mercado de fentanilo y complejizó su distribución. Por ejemplo, en junio de 2025, algunos usuarios dijeron a InSight Crime que hubo una escasez temporal de fentanilo en la ciudad tras el asesinato de uno de los distribuidores.
Ciudad Juárez: prohibición criminal total
Ciudad Juárez, ubicada en la frontera con la ciudad texana de El Paso, representa el mercado de fentanilo más restrictivo entre las ciudades analizadas.
Estas dinámicas reflejan la estructura criminal de la ciudad. Históricamente, Ciudad Juárez ha estado dividida —y con frecuencia disputada— entre facciones vinculadas al antiguo Cartel de Juárez y grupos aliados con el Cartel de Sinaloa. Cada facción controla ciertas drogas y establece fronteras invisibles que delimitan sus territorios.
A diferencia de lo que ocurre en otras ciudades, mecanismos como la estandarización de dosis, los precios o los sellos distintivos en los empaques no son comunes. En cambio, las facciones se concentran principalmente en impedir la venta de sustancias que no autorizan.
Las células asociadas al Cartel de Juárez, como La Línea y La Empresa, junto con pandillas como el Barrio Azteca, han controlado durante años la distribución de heroína en las zonas norte y centro de la ciudad, abasteciéndose de las regiones montañosas de Chihuahua. Redes que antes estaban vinculadas al Cartel de Sinaloa —incluidos los Mexicles y Artistas Asesinos— se enfocan en la cocaína y, más recientemente, en la metanfetamina producida en Sinaloa, que venden principalmente en las zonas periféricas de la ciudad.
El fentanilo, sin embargo, ha sido estrictamente restringido.
“Los grupos criminales no están de acuerdo con que se distribuya fentanilo en la ciudad”, dijo el fiscal regional Carlos Salas a InSight Crime en septiembre de 2024.
Según otros testimonios, La Línea es el principal encargado de hacer cumplir esta prohibición. La venta de fentanilo —también producido en gran medida en Sinaloa— suele interpretarse como una señal de vínculos con redes del Cartel de Sinaloa. Las facciones rivales también han evitado incorporarlo a su repertorio, y algunos vendedores que hablaron con InSight Crime señalaron que esto se debe, en parte, al aumento de sobredosis observado en otras ciudades.
En la práctica, la presencia de fentanilo en Ciudad Juárez sigue siendo esporádica y su distribución se mantiene clandestina, pese a que la ciudad es un importante punto de tráfico para cargamentos destinados a Estados Unidos. Solo un número reducido de vendedores vinculados a redes internacionales de narcotráfico lo ofrece a nivel local, generalmente en pastillas M30 o mezclado con otras sustancias.
Varias personas consultadas por InSight Crime en la zona señalaron que, aunque es posible conseguir fentanilo, admitir su consumo o venta implica riesgos considerables debido a la vigilancia constante de actores criminales.
*Angélica Ospina, Steven Dudley, Mike LaSusa, Cecilia Farfán y Bianca Acuña contribuyeron al reporteo de esta investigación.
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Este trabajo fue realizado por InSight Crime. Para consultar el contenido original, dar clic aquí.






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