Mazatlán, Sinaloa.- A José Alejandro Cástulo Colín le preguntan si en algún momento tuvo miedo a morir en esos cuatro días que estuvo atrapado bajo tierra en la mina Santa Fe de El Rosario, y él de inmediato dice que no. Que a la muerte jamás le ha tenido algún temor.
“No, hasta eso nunca he tenido miedo en esa cuestión”.
Es el primer minero rescatado después de que una mina de jales se desbordara e inundara el interior de la mina ubicada en la localidad de Chele, sindicatura de Cacalotán, donde tres de sus compañeros siguen atrapados. Es originario de Angangueo, Michoacán y tiene 44 años de edad.
Dijo que el pasado miércoles 25 de marzo estaba trabajando en la máquina extractora de escombro cuando vio venir el lodo.
“La presa de jales la tenemos encima de la mina. Yo sabía que cualquier rato tenía que reventar. Entonces luego luego se me vino a la mente la presa. Me quedé ahí, cuando vi que le llegó otro montón de lodo a la máquina me subí a un contrapozo (estructura de cemento para subir a otro nivel), donde me resguardé a que pasara todo”.
Pero el lodo siguió subiendo. Llegó hasta el espacio donde se creyó a salvo.
“Se estaba metiendo donde estaba y yo lo que quería era subirme al otro tramo pero no podía. Y hasta aquí, lo que tenga que ser que sea”.
Se quedaba callado esperando escuchar voces dentro de la mina. Buscaba oír algún ruido de máquinas o alguna persona o a sus compañeros. Todo quedó a oscuras porque el lodo destruyó la red interna de electricidad. No tenía agua. No tenía alimento. Solo resignación y esperanza.
Perdió la noción del tiempo.
Entonces gritaba. Quería que alguien lo escuchara. Que alguien supiera que estaba vivo. “Como al siguiente día o a los dos días fue que me empezaron a oír y ya les dije más o menos por donde estaba, a qué altura… Estuve guardando la calma, paciente. Ora sí que me resignaba, si me encontraban o no, a lo que dios dijera”.
Intentó salir, pero no pudo porque el lodo le llegaba al estómago.
“Mi pensamiento era que ahí donde estaba comunicaba a la otra rampa. Yo quería brincar para poder salir a otro contrapozo. Saliendo a un nivel que se llama el 39, ya la hice. De ahí ya les grito”.
Pero no pudo.
“El accidente lo viví todo en carne propia. Andaba trabajando abajo y estaba rellenando un espacio que me pusieron a ahogar (así se le nombra), y cuando venía de regreso vi que empezó a bajar el lodo. Y ya no me salí de ese lugar”.
Y ahí se quedó a esperar hasta llegaron por él, la madrugada del lunes 30 de marzo. Cuatro días después. Pensando en sus hijas y esposa. Sin miedo a morir.

Comentarios
Antes de dejar un comentario pregúntate si beneficia a alguien y debes estar consciente en que al hacer uso de esta función te adíeles a nuestros términos y condiciones de uso.